Y tú, ¿de quién eres? Proyecto DNA Doe

Me fascinan los entresijos del ADN en el mundo criminal, lo puedes comprobar aquí. Pero más allá del asunto científico que tanto nos han mostrado en series como CSI, me interesa el entorno que estas instrucciones genéticas suponen para lo negrocriminal. En los nuevos campos que abren las investigaciones, en los fallos que pueden surgir, en las aplicaciones que pueden tener… En esos proyectos que van apareciendo y en los que hace unos años nadie hubiera reparado.

¿Has rellenado alguna vez tu árbol genealógico? Apuesto a que sí. Incluso es posible que te hayan hecho dibujarlo en el colegio. Puede que hasta hayas cuscuseado por la red en algunas webs relacionadas con el tema. Yo lo he hecho. Es natural. Queremos saber quienes somos, de donde venimos. Y en eso coincidimos pertenezcamos al punto del globo al que pertenezcamos.

Sin embargo, esa referencia al lugar en el que hemos nacido delimita una serie de opciones a la hora de buscar nuestros ancestros. Por ejemplo, en Estados Unidos sí que existen bancos genéticos públicos de ADN, cosa que aquí, si los hay, yo no los he encontrado. Tan solo hay algunas menciones a bancos genéticos a raíz del asunto de la Memoria Histórica o por temas de salud. Pero en Sebastopol, California (y no, no es broma) se ha creado una organización sin ánimo de lucro llamada Doe Project y capitaneada por dos mujeres: Margaret Press y Colleen Fitzpatrick cuyo objetivo es poner nombre a esos casos sin resolver en los que las víctimas no están identificadas.

¿Y por qué se centran en las victimas y no en localizar a los sospechosos o culpables según las pistas genéticas? Por la controversia ética que esto supone a nivel de privacidad y derechos personales. Además, para eso ya está el famoso CODIS, una base de datos específica para asuntos criminales.

Así, Fitzpatrick, doctorada en física nuclear y Press, programadora informática, decidieron crear su proyecto teniendo en cuenta las limitaciones éticas. Y crearon el DNA Doe, aunque no fue nada fácil. Y tampoco barato. Cada prueba para extraer sangre o una parte de hueso de un cuerpo no identificado, producir un archivo digital de ADN y posteriormente un algoritmo compatible con una base de datos genética cuesta alrededor de mil quinientos dólares. Pero estas dos mujeres no se rindieron porque creyeron que si podían lograr su objetivo, podrían ayudar a las familias de las víctimas y ponerle nombre a los “sin nombre”.

Esta premisa, la ayuda, hizo que hubiera muchas personas dispuestas a contribuir y financiar la identificación de restos y víctimas. Y si te preguntas si lo han conseguido, sí, lo han hecho en muchos casos. Los más conocidos son tres: una mujer encontrada en una zanja en 1981, un hombre que se registró en un motel con un alias y después se suicidó y un tercer caso en el que el suicidio de un hombre reveló que este había estado viviendo con una identidad robada. Pero hay muchos más. Si te interesa, puedes consultarlos aquí

El caso de la chica de la chaqueta de ante


Hace más de 35 años que un cuerpo de mujer se descubrió en una zanja. Había muerto asesinada. La estrangularon y golpearon en la cabeza para después dejarla abandonada. La policía mostró la chaqueta de ante que llevaba puesta a los medios con la esperanza de que alguien pudiera reconocerla, pero no fue así. Tampoco los resultados del CODIS desvelaron la identidad de la joven ni los retratos que se distribuyeron. Hasta que entró en juego el ADN de la víctima y el DNA Doe, que comparó el material genético en sus bases de datos y logró encontrar una coincidencia. La chica se llamaba Marcia King. Nunca se denunció su desaparición.

El caso de la identidad robada


En 2002 un hombre se disparó en el baño de su apartamento. Tardaron más de siete días en encontrarlo y para ese entonces, la descomposición había degradado sus huellas y pistas genéticas. El suicida no dejó ninguna nota aunque sí tenía un buen pellizco en su cuenta bancaria. De ahí que un juez de sucesiones contratase a un investigador privado para encontrar a los herederos legales de la víctima. En principio un trabajo fácil. Sin embargo, el detective se encontró con que el hombre no era quien decía ser sino que había robado la identidad a un niño de 8 años que falleció en un accidente automovilístico. Raro. Muy raro. ¿Por qué alguien con tantos ahorros se suicida? Sin tener demasiado en cuenta el diagnóstico de cáncer de colon que le habían dado a la víctima, la opinión pública comenzó a disparar las hipótesis que llegaron a sostener que el hombre era el asesino del zodiaco por su parecido con este. Pero a día de hoy no se ha demostrado. Lo que si se ha podido establecer gracias al proyecto de Fitzpatrick y Press es que el hombre se llamaba Robert Ivan Nichols. Un veterano de guerra que abandonó a su familia en los años 60 y que tomó la identidad de un niño a partir de entonces.

El caso Stevik


2001, un motel. Un hombre se registra como Lyle Stevik y posteriormente, la camarera lo encuentra con un cinturón al cuello, muerto. Cuando cotejan sus datos en recepción, descubren que eran falsos. Se facilitó un boceto en bases de datos de personas desaparecidas pero no hubo ninguna coincidencia, así que se convirtió en un caso frío. Hasta 2006. Poco a poco se fue convirtiendo en un caso mediático, con presencia en redes sociales y una comunidad de voluntarios trabajando incesantemente en crear teorías e hipótesis que aplaquen su curiosidad. A alguien se le ocurrió pedir ayuda a DNA Doe para resolver este caso, que necesitó un proyecto de crowdfunding “DoeFundMe” para pagar los costos que surgieron alrededor de la investigación. Después de secuenciar la muestra y cotejarla en GEDMatch (otra base de datos genéticos), encontraron una coincidencia. Lo habían identificado. Pero la familia pidió que no se diese a conocer su verdadero nombre, que respetasen su privacidad. Y así ha sido aunque no todos los voluntarios y usuarios de las plataformas sociales lo hayan encajado bien.

DNA Doe


El equipo de DNA Doe es voluntario, extenso y variado; entre sus filas se encuentran científicos y aficionados que se dejan las pestañas en las pantallas de sus ordenadores en busca de respuestas. También debido al trabajo de estas dos mujeres la genealogía genética se ha acuñado como un término a tener en cuenta en las investigaciones criminales.

De manera paralela, Fitzpatrick ha creado una empresa, IdentiFinders, donde trabaja con la policía y también de manera privada en la búsqueda de familiares, identificaciones históricas, detección de fraudes familiares, búsqueda de herederos, etc.

Así que ya ves, hay una nueva profesión en ciernes y un nuevo apoyo para la criminología: los genealogistas genéticos. Ahora bien, está por verse quién y cómo delimitan tanto las competencias académicas de estos futuros profesionales y sobre todo los límites éticos al trabajar con agencias gubernamentales y la policía.

¿Conocías el tema? ¿Qué te ha parecido? Espero tus opiniones y respuestas en los comentarios. Y si te ha gustado, te agradezco que compartas el artículo y que te suscribas al Bullet Inn, la newsletter mensual en la que charlamos sobre el entorno negrocriminal. ¿Te animas?


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