Qué tiene esta bola que a todo el mundo le mola

Ha llegado septiembre y, con él, la segunda oportunidad de encarrilar el año, como si de otro Enero se tratase. Nos organizamos para la vuelta al cole (que este año se las trae), nos proponemos nuevos objetivos (o los ajustamos para el último trimestre) y los afrontamos con un último empujón de ánimo. También suele ser el momento de revisar las metas que nos pusimos a principios de año y de ver el camino que hemos seguido hasta ahora para continuar por el mismo si vamos bien o rectificar en caso necesario.

Por supuesto, para llevar a cabo todo lo anterior hay que echar una legañada al futuro. Y ya que este 2020 está siendo como poco raro, yo me pregunto más que por mis objetivos individuales, por el sector y la novela negra en general. ¿Cuál será el futuro que nos espera?

La actualidad.


Lo bueno

Llevamos unos años en que el género negro vive un boom histórico. Junto con la moda de las novelas nórdicas, las últimas oleadas sociales de desigualdades, la crisis del ladrillo, la lacra de la violencia de género y las corruptelas en el poder han sido hasta ahora el caldo de cultivo ideal para el desarrollo y asentamiento de la novela negra.

Desde este punto, además, al género negro se le ha dado un matiz positivo ya que la denuncia social ficcionada, siendo como  es un reflejo en el que mirarse y al que acudir tanto para denunciar como para concienciar, está bien vista. De este modo, los acérrimos defensores del género aseguran que este es el único género con licencia para mostrar la realidad en toda su crudeza y con el valor añadido de la literatura comprometida.

Además de la denuncia social, la novela negra también resulta útil y provechosa de manera individual, ya que permite e incluso incita muchas veces a la ética personal. El reflejo de la sociedad y los males que la acechan anima al lector a plantearse dilemas morales sobre los límites éticos y la integridad propia de cada quien.

Lo menos bueno.

Son varios los conflictos con los que se encuentra ahora la novela negra a distintos grados. Algunos se llevan arrastrando desde hace tiempo, como la lucha y defensa del género como una literatura seria y asentada. El problema es que la novela negra ha tendido a ser un producto de consumo rápido y, como tal se ha entendido que tenía una corta esperanza de vida y que no era un producto de calidad. El paralelismo más claro es el de la comida. Frente a otros platos que están considerados nutritivos o delicatesen, la novela negra se asocia más al  fast food, y, como tal, tiene la misma fama controvertida.

El inconveniente principal a nivel editorial es que se ha desleído un poco debido a la a la mezcla de géneros. Anteriormente era impensable encontrar una historia romántica en una novela negra, pero en la actualidad es posible. De igual modo, puede estar contextualizada en ambientes novedosos o con trazas de otros géneros (ciencia ficción, etc). También es cierto que se ha dado un fenómeno curioso y es que siempre que aparece un crimen, ya se tiende a considera que la obra pertenece a la novela negra cuando no es así.

Agrupar bajo la misma etiqueta obras que en realidad no comparten el mismo género, comporta un par de problemas. Por una parte la sobresaturación ficticia de la novela negra y por otra, la sensación de desconfianza del lector ya que no puede fiarse de las sinopsis porque no se corresponde con lo que cree que va a encontrar entre las páginas de la novela.

El futuro


El panorama general es curioso porque nos encontramos con un mercado saturado en el que todas las historias están contadas y donde la literatura ha ido perdiendo puestos frente a otros productos de consumo más sencillo y que exigen menos esfuerzo intelectual como las series, películas, videojuegos, etc. El género sigue vivo, sí,  pero empieza a mutar. Los espectadores aumentan pero, ¿los lectores?

En mi opinión, también lo hacen aunque en menor medida. Y para afianzar esta realidad tenemos el elemento clave este 2020. El coronavirus. La situación que hemos vivido estos meses atrás ha favorecido un nuevo contexto en el que a pesar de enfrentarnos a algunos de los villanos que ya conocíamos, han surgido nuevos héroes y con ellos nuevas historias que contar.

La situación injusta e inaceptable de las residencias de ancianos, la falta de medios, la incongruencia política e incertidumbre social ha puesto de nuevo en evidencia la miseria humana y la falta de ética de quienes se supone que deben mirar por el bien común. Vuelve el mal social y político, y con él una novela negra con menos violencia física aunque con más crueldad psicológica porque la situación actual se parece más a una guerra fría en la que permanecemos desconfiados y aterrorizados. A la espera de ver cuál será el siguiente paso que decidirán realizar nuestros políticos sin tener en cuenta nuestra salud pero sí los intereses económicos.  

Todo esto sin olvidar la cara criminal clásica que se ha puesto de manifiesto también. La violencia en el entorno familiar, robos de material quirúrgico, hackers informáticos, crímenes de odio (ojeriza a la comunidad china, que es donde empezó todo), robos en casas por parte de ladrones haciéndose pasar por sanitarios, y un largo etcétera.

Qué tiene esta bola que a todo el mundo le mola


Y estas, después de tan sesudo análisis y sacar brillo a mi bola de cristal (momento telúrico on 🙂 ) son las conclusiones a las que he llegado sobre el futuro de mi género favorito. En mi opinión, como ves, aún queda novela negra para rato. Pero ¿tú qué opinas? Me encantaría saber tu opinión.

Y si te apetece profundizar sobre el género o eres un auténtico o auténtica malincuente, te espero en el Bullet Inn. ¡Hasta entonces!


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