Cómo calzar una mesa con una novela negra

calzar una mesa novela negra

Amo los libros. Adoro leer. Sobre todo novelas negras, ya lo sabes. Pero con el paso de los años, reconozco que me he hecho más selectiva. Sigo leyendo todo lo que cae en mis manos de este género pero a veces, cuando un libro no reúne ciertas condiciones me entran ganas de cerrarlo y olvidarme de su título. O de calzar una mesa con él. La semana pasada lo comenté con unas amigas y aunque coincidíamos en algunos motivos para mandar un libro a la segunda página del buscador de Google, se me ocurrió preguntar en el grupo de lectores negrocriminales o crimnolectores y estos fueron los diez motivos más repetidos para “darle matarile” a una lectura.

Hacer un David Copperfield

Lo que suele conocerse en el ámbito literario como Deux ex machina. Es decir, sacarse de la manga (o de la chistera en este caso) algo que solucione el embolado en el que se ha metido el autor a lo largo de la novela y del que no sabe cómo salir. Una situación que no viene a cuento, un personaje nuevo o del que apenas se han dado pistas, un asesino forzado…

Que te veo venir

Una buena novela negrocriminal necesita unas bases, entre ellas ritmo, emoción y cierta intriga. Si la historia carece de alguno de estos pilares, apaga y vámonos porque caes en el más profundo de los aburrimientos. Pocas cosas hay más tediosas que saber perfectamente qué va a pasar a continuación. Y lo mismo con los clichés, tópicos desgastados y personajes manidos. Como lectores necesitamos que nos sorprendan y que nos intriguen para mantenernos pegaditos a las páginas.

Vaya chapa

Otro de los motivos por los que los lectores negrocriminales abandonan una lectura es el exceso de relleno. Las razones pueden ser variadas: descripciones eternas, explicaciones forzadas por parte del autor que parece darnos una masterclass de información extra, o que el escritor se recree en la vida de personajes, ambientes o escenas que no aportan nada a la trama de la novela.

Hablemos de… “eso”

De la misma forma que hoy en día apenas hay novela sin un crimen (y no por eso son de género negro), parece que el asunto romántico erótico festivo se ha puesto de moda y a pesar de las normas que dejó escritas Van Dine para la novela negra, ahora es fácil encontrar entre las páginas de una novela negrocriminal escenas subidas de tono. Vale. Hasta ahí bien. Los crimnolectores aceptan barco como animal acuático. Pero lo que les hace soltar un libro es que las escenas de sexo no vengan al caso o estén escritas con vocabulario soez. Que una cosa es que entre las características del género negro no se encuentren las florituras y otra es que todo tenga que tener piel de esparto.

Precipitación no solo es la lluvia

Cada cosa a su tiempo y en su lugar. Pues eso. Después de tropecientas páginas y de llevarte de la mano por situaciones, lugares y giros de argumento, la historia termina de manera rápida, de forma abrupta y apresurada. Eso molesta bastante aunque se cierren todos los hilos porque el crimnolector quiere un final adecuado, una buena sensación de que todo lo que ha pasado tiene su desenlace y quiere degustarlo. Que se acentúe el tempo, vale, sobre todo en trhillers pero nada de un pim pam pum, por favor.

Por exceso

Además de las explicaciones eternas y las masterclass de autor, también resultan incómodos en este género los excesos de casquería a los que algunos escritores tienen verdadero apego. Que sí, que está muy bien tener un lenguaje visual, un impacto que provoque una imagen en el lector, pero sin demasiados detalles, por favor, que hay veces que sueltas un libro con el estómago revuelto.

Tampoco hace de la lectura una aventura maravillosa un exceso de personajes. Sobre todo si no hay un croquis sobre el que hacerse una pequeña idea. Solo hay que pensar en Juego de Tronos, por ejemplo, donde con tanto personaje, saga familiar y demás, es fácil perder el hilo.

En cuanto a errores por exceso, hay un par que son característicos de autores noveles de novela negra y que consiguen que los lectores aparquen la lectura y se dediquen a otros menesteres. Si las pistas son demasiado evidentes o las incógnitas no lo son tanto porque el escritor deja todo tan mascado que no existe opción para que el lector imagine nada, la cosa va mal. Muy mal.

El ritmo ideal de lectura es la velocidad de crucero. Pero no siempre se consigue y eso es un motivo decisivo para dejar apartada una lectura según me han confesado bastantes lectores de negrocriminal. El paso rápido del pasado al presente o cambios rápidos de fechas, lugares o puntos de vista de personajes desorienta tanto que es muy posible que el lector deje el libro como materia prima para manualidades de papel maché.

O por defecto

Mis compañeros de lecturas se quejan cuando sienten que a la novela le falta algo. Según me comentan, lo más molesto es la falta de argumento o que este sea pobre e incluso muy predecible. Eso consigue que hasta el más concienzudo lector se plantee dejar la novela para calzar una mesa con ella. Tampoco gustan las faltas de coherencia o de profundidad tanto en personajes (tanto que resulte imposible empatizar con ellos; por ejemplo, las Mary Sue ) como en trama.

Se te ve el plumero

Otra de las razones que molestan al personal tanto como para dejar la lectura es que una novela no se haya concebido como tal. O mejor dicho, que no se haya escrito el manuscrito pensando en que el resultado final fuera un libro sino una película o serie. Y, claro, entre sus páginas, se ven las costuras. No se desarrolla lo suficiente una escena sino que se crean impactos visuales, etc. Los compañeros lectores dicen que “al César lo que es del César”.

El raccord literario

Recuerdo una sección en el programa La Noche De, que estaba dedicada a este asunto y era una de las que más me gustaba ver. Me encantan los gazapos. Los busco tanto en las lecturas beta que hago, como en las series y películas que veo. Y las novelas negras no van a ser menos. Es divertido encontrar alguno de vez en cuando en las novelas, pero cuando se repiten o son muy evidentes, ya no hacen tanta gracia. Y parece que no soy la única. Los crimnolectores hablan de los gazapos enormes como motivos para dejar de lado la lectura. Que sí, que está bien que se hayan colado algunos errores de raccord, pero que un personaje tenga el pelo corto en el capítulo 2 y en el 5 en el mismo espacio temporal se haga una coleta, por ejemplo, pues no. O que según vaya pasando la historia sea rubio o moreno, pues tampoco.

A repetir 10 veces

Pero si hay algo que subleva al personal son las malas correcciones de una novela. Sobre todo en caso de editoriales. Editoriales importantes, conocidas y con solera. Entre los crimnolectores se considera una gran falta de respeto (y yo también lo creo así) ofrecer un producto que no está en las condiciones óptimas. Y es triste, pero es cierto. Nada más desesperante que encontrar una novela llena de faltas gramaticales o errores ortotipográficos.

Además es una pena porque, en realidad, en el caso de que el libro lleve una editorial detrás, la culpa no es del autor, pero es él quien sufre la mala fama por estos errores. Por eso, en muchas ocasiones he enviado mails a las editoriales mostrándoles lo que he detectado, porque creo que es su responsabilidad. En cambio, en las novelas negras de autores autopublicados, contacto con los escritores directamente para que puedan subsanar el error si así lo quieren.

Estas son las razones más poderosas para olvidar un libro en el cajón de los trastos según los crimnolectores a los que he preguntado, y a los que agradezco desde aquí su participación, pero ¿tú tienes algún otro motivo? Cuenta, cuenta, me encantará escucharte.

Y si te apetece que hablemos de estos y otros temas con el tema negrocriminal de fondo, te invito a formar parte de la comunidad de malincuentes suscribiendote al Bullet Inn. ¡Te espero!

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