Escenarios escalofriantes para lectores (post patrocinado por Murphy)

En estos tiempos de coronavirus creo que es más importante que nunca mantener un poco de humor. Así que he estado pensando en esas veces en las que a Murphy le da por hacer de las suyas en la versión lectora. Espero que te diviertas con estos escenarios escalofriantes, seguro que te ves reflejada en más de uno.

Y volvemos a empezar

¿Hay algo más frustrante que intentar retomar una lectura y no saber en qué punto la habías dejado? Bueno, si que hay cosas más frustrantes, pero no me digas que esta no es una de esas cosas por las que tuerces el morro. Porque yo, sí. Se me sublevan las pecas, los rizos tiemblan de espanto… Vamos, un escenario negro de lo más escalofriante. Y, depende del modo en que leas, encima sabes que vas a encontrarte con eso sí o sí.

Porque si en un libro físico el drama es perder el marcapáginas, en un audiolibro el horror es tener que pausar la lectura porque no queda el lugar marcado (al menos en mi experiencia), con lo que el asunto se vuelve bastante complicado y engorroso si quieres cierta rapidez.

 

Te devuelven un libro con las esquinas DOBLADAS

¡Ahhhhh! Horror. A mí me gusta que los libros estén desgastados, los uso, los leo, los manoseo, subrayo, anoto en los márgenes… Pero solo en los que no van a salir de mi biblioteca. Me parece que todas esas marcas son como nuestras arrugas, le dan solera, experiencia, los vuelve un referente, como nuestros ancianos. Pero ya digo, esto solo lo hago con MIS libros, los que nunca salen de casa. Todos los demás están cuidados, mimados, limpios de apuntes y por supuesto de dobleces en las esquinas. Que para eso existen los marcapáginas. Y los hay a montones, como estos. Y si no, se fabrican o reutilizas un trocito de folio o… Qué se yo, pero un libro que te han prestado no se devuelve con cicatrices. O al menos yo, no.

 

¿Dónde está el CARGADOR? ¿Y los datos?

¿Os había avisado de que esta publicación viene patrocinada por Murphy, verdad? Bueno, pues esta es una de esas situaciones en que el simpático compañero lo tenemos al ladito. Estás leyendo tan ricamente, con probabilidad en el último tercio del libro cuando la cosa se agiliza, la intriga comienza a desenredarse y la acción toma las riendas de la historia. Estás tan centrada en la lectura que ni siquiera te das cuenta de que la batería del ebook está bajo mínimos. Tan baja que en el mejor momento el dispositivo se apaga. ¡Mierder! Bueno, pues voy a por el cargador y listos. ¿Listos? Va a ser que no.

Otra es la de los datos. Léase, estás en el autobús, en la sala de espera del médico, en el metro y no te has llevado el Kindle. Bueno, no pasa nada porque tengo móvil. Ay, alma de pollo, pero ¿cuántos datos te quedan? Te acuerdas de los cientos de miles de videos de gatitos que has ido visitando, y de las horas perdidas en el agujero del tiempo que es internet justo ahora.

Te viniste arriba en la biblioteca

¿No te ha pasado nunca? Cada vez que voy a la biblioteca a por un solo libro es inevitable que salga con los brazos cargados con el total máximo permitido. Vale, que tampoco tres libros es que sean tantos, pero si a eso le sumas todos los que tengo en el Kindle, más alguno de investigación general que suelo ir leyendo poco a poco… Pues eso, que muchas veces tengo que volver a la biblioteca sin haber leído alguno de ellos. Y me da una rabia infinita. Que sí, que puedo ampliar el plazo de lectura, pero siempre pienso en las lectoras que vienen detrás y que pueden estar esperando a que yo devuelva el libro para empezar a leer un libro que les apetece muchísimo. Así que los devuelvo siempre y, generalmente me apunto mentalmente el título o autor (craso error porque luego se me olvida). Por eso para mí cuando salgo de la biblioteca con las manos llenas, es un escenario escalofriante. Vamos, sudores fríos porque sé lo que es prácticamente seguro que va a pasar.

 

Tres, dos, uno… Boom

Otro escenario escalofriante y que da miedo es cuando TU libro favorito se desintegra en tus manos sin que puedas hacer nada por él. Lo has leído tantas veces que tiene el lomo deshecho, las páginas llenas de apuntes como si fuera piel tatuada. Aunque lo tratas con mimo, lo abres con ternura y pasas cada hoja con un cuidado infinito, es inevitable. En algún momento se romperá en mil pedazos. Y tu corazón también. Ya, ya sé que la solución es más o menos sencilla. Comprar un nuevo ejemplar, pero yo no quiero otro. Y si eres como yo, lo entenderás. Ese libro ha compartido conmigo lo mejor y lo peor, ha sido mi amigo, mi pilar para consultas, mi compañero de aventuras… Y el nuevo comienza de cero. Pasas las páginas cerca de la nariz. Lo olfateas y lo dejas sobre la mesa. Lo miras con cierta desconfianza porque, aunque conoces su interior, es como si hubiera pasado por una clínica de cirugía plástica. Cuesta reconocerlo.

 

¿En serie? En serio

Por eso no me gustan mucho las “logías”. Trilogías, heptalogías, etc. Que sí, están muy bien siempre y cuando lleven un ritmo de publicación más o menos frecuente y permitan seguir la historia con cierta regularidad. Y no me refiero a las series o sagas, no, eso va por otro camino. Mi desesperación se encamina a esas historias completas que se publican por entregas. Léase Juego de Tronos, por ejemplo, en la que el autor nos tiene sobre ascuas desde ni se sabe cuando. Es más, la serie ha adelantado a la novela (con el beneplácito del autor y la crítica del público, también es verdad). Pero a lo que iba, ¿no te parece uno de los peores escenarios quedarte con un Cliffhanger en el tercer libro de una heptalogía por ejemplo? Y que no sepas cuando vas a poder disfrutar de él. O aún peor, te falta el último libro por leer, lo buscas, lo encuentras y descubres que… ¡está descatalogado! ¡Nooooooo! Es posible que si inviertes un tiempo bastante importante en buscarlo por la red de bibiotecas o por internet puedas encontrarlo pero, ay, amiga, nunca se sabe. Esta situación está en uno de los círculos del infierno de Dante, estoy segura, casi al lado de los grupos de extraescolares del colegio.

 

En vacaciones

Las vacaciones dan mucho de sí para el Murphy lector que todas llevamos dentro. Puede que te hayas dejado el ebook en casa, que el cargador no haya llegado a la maleta, o que con la cantidad de interrupciones que has tenido que aguantar para preparar todo, no te hayas acordado a cargar en el ebook el libro que tantas ganas tenías de leer cuando tuvieses un poquito de tranquilidad. Pero no acaba ahí la cosa. También sucede que en vacaciones, la imagen de una lectora es mucho más idílica que en la realidad. A la orilla de la playa o de la piscina, pocas nos libramos del efecto chapuzón y generalmente el libro termina con la forma de una teja, arrugado por la humedad, o bien llenito de arena. Así que hay que tener cuidadito con el ejemplar que llevas y cómo lo llevas. Me han comentado que ahora hay unos libros electrónicos que aguantan como una hora en el agua, cosa que me deja con un sinfín de dudas, ¿una hora dentro del agua?¿leyendo?pero si se te van a poner los dedos como garbanzos a remojo y no te lo va a reconocer la pantalla… En fin. Algo solucionará, desde luego pero no sé si me convence mucho. Prefiero mi estrategia de lectura a retaguardia, a la sombra y en un lugar más tranquilo que las orillas.

 

Spoilers, lencería y campos de minas

Por una vez, el error no es tuyo. El escenario que se presenta con toda su oscuridad y peligro no lo has generado tú sino… Una editorial o un Blogger con muy mala idea o demasiado entusiasmo. Vale, la industria editorial quiere convencerte de que el libro que tienes entre las manos en la librería es el que quieres leer, pero ¿a qué costa? Porque hay sinopsis que no dejan nada a la imaginación. Por favor, señores, que esto es como una buena escena de seducción. Se intuye, se dan unas pistas para que la lectora se interese, se insinúa, se sugiere pero no se muestra. Queremos disfrutar del espacio, del contexto, de la lencería antes de la escena de cama ¿no? Pues parece que no lo terminan de entender. Igual que algunos blogs. Investigar sobre un libro para saber si te puede gustar o si te decides a leerlo puede ser un campo plagado de minas. Hay quien por entusiasmo desvela más de la cuenta, y quien lo hace porque es su modo de reseñar. Personalmente, encontrarme con este tipo de reseñas me pone las pecas en pie de guerra. No entiendo porqué tengo que fastidiarle la lectura a nadie desvelando más de la cuenta. No. No va conmigo. Por eso mis reseñas son diferentes, a mi estilo, puedes ver la última por aquí.

 

Un metro, necesito un metro

Y en el último punto, pero no por eso menos importante, la sección de logística. ¿Qué sucede cuando compras ese libro al que le tenías tantas ganas, lo llevas a casa en volandas, lo sacas de su envoltorio, lo miras con arrobo, pasas sus páginas delante de la nariz (si, me encanta el olor de los libros, qué le voy a hacer), lo vuelves a mirar con ternura, lo acercas a la estantería, al sitio que habías preparado para esta novela tan especial, al lado de sus congéneres y ¡Oh, no, Leoncio qué horror! No puede ser. La estantería ha encogido. Bueno, no, es el libro al que no le he tomado la medida y no entra. Es demasiado alto. Reestructura de estantería. Un libro en posición horizontal y el resto verticales, o se apila sobre los que están en vertical pero son bajitos (esta opción no me gusta nada pero reconozco que es muy socorrida), o… Sudores fríos, ya te digo.

 

¿Cuántos de estos escenarios escalofriantes has vivido? ¿Tienes algún otro? Me encantará leerte en los comentarios. Espero haber conseguido sacarte una sonrisa. Si es así, y te ha gustado el artículo, puedes compartirlo para que consigamos un día más positivo para todxs. Y si te apetece, te invito a suscribirte al Bullet Inn, la newsletter mensual en la que charlaremos sobre el género negro y te enviaré red-comendaciones en un descargable. Te espero.


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