El gorila de Sherlock Holmes

¿Nunca has oído hablar del gorila de Sherlock Holmes? Normal, no existe. Espera, espera, no te vayas que sí que hay una relación entre ellos; una de las características del famoso detective que en estos tiempos sirve para algo que echamos de menos, poder concentrarnos. Eso es, la observación minuciosa. Ven, pasa, que te lo muestro.

El experimento


Instrucciones: En el siguiente vídeo (pincha aquí), hay dos equipos. Unos van de blanco y otros de negro. La cuestión que te planteo es que cuentes los pases de balón que hay entre los miembros del equipo blanco. No te preocupes, hazlo con calma, te espero.

¿Has visto el gorila? ¿No? Tranquila, es normal. Te has concentrado en el color blanco, en las personas, en los pases que se hacen entre ellos y has discriminado el color negro de manera que ni siquiera te has dado cuenta de que el primate pasaba por medio del grupo con total tranquilidad. Ahora bien, puede que seas de las personas que sí has conseguido ver al gorila. Si es así, ¡enhorabuena!. Según Jason Watson, uno de los autores del estudio tienes mayor capacidad de concentración y para hacer varias cosas a la vez que los demás.

Es muy fácil que ya conocieras este vídeo del gorila. Fue muy compartido hace un tiempo. Lo que es posible que no sepas es que pertenece a un estudio realizado en 1999 por los investigadores Simons y Chabris. Cuando obtuvieron los resultados del mismo, denominaron la inadvertencia de la presencia del gorila ceguera por falta de atención. Nos pasa en el día a día, pero también sucede en el testimonio de los testigos oculares en los delitos y crímenes violentos, donde entra en juego un arma y ese elemento desbarata la atención. ¿Por qué? Porque en un momento de estrés elevado las acciones se recuerdan mejor que los detalles y somos capaces de enumerar qué pasó pero no al detalle porque nuestra atención está enfocada a la acción central y se dispersa en el entorno.

La atención selectiva


También se han hecho investigaciones en torno a la atención selectiva (Simons y Levin, 1998) en el que se demuestra este fenómeno por el que no somos capaces de distinguir algunos cambios importantes a nuestro alrededor si tenemos la atención enfocada en una acción concreta. Y cuando esto se aplica al mundo criminal, lamentablemente, también se confirma. Los investigadores mostraron dos vídeos de robos. En uno de ellos el arma estaba oculta, en otro, a la vista .De entre las personas que vieron el arma solo el 26% pudo identificar al ladrón y sin embargo, el 46% de aquellos que vieron el vídeo con la pistola oculta.

Pero no solo sucede con los testigos de un crimen, sino también con los investigadores del mismo, que pueden tener sesgado el punto de observación por mil factores. Por eso, desde hace ya bastantes años, la mejora de la observación es una de las áreas en las que se enfocan los estudios y las acciones de los distintos departamentos de seguridad y fuerzas del orden. Porque identificar bien una situación compleja es tan importante como saber qué hacer y cómo hacerlo.

Como ejemplo, un botón


Godsel es policía en Chicago. Allí suelen hacer rondas por los barrios para comprobar que todo va bien, que a nadie le falta atención o cuidado. Sobre todo en invierno. Hubo un año en el que su compañero y él llegaron a una casa y una joven salió al garaje con calcetines y sin chaqueta. No se mostraba demasiado comunicativa, pero afortunadamente también salió un hombre que les dio la información que solicitaban. Ella era la hermana pequeña de su novia. Les facilitó los datos que le pidieron: nombre, lugar de trabajo, etc. Pero Godsel no se quedó demasiado conforme. Había algo en todo aquello que chirriaba. Mucho. Invierno, la chica en calcetines y sin chaqueta, las respuestas demasiado rápidas y casi como si hubieran sido memorizadas… Decidió pedir a una oficial que pasara por allí pensando que podía ser algún tipo de acoso de género. Y se descubrió el pastel. El hombre había secuestrado a la chica y la había interrogado en profundidad antes de agredirla sexualmente.

La inteligencia visual


Poco después dio con un libro, la Inteligencia Visual, de Amy Herman, quien tiene una dilatada carrera en ponencias sobre percepción. Imparte su seminario “El arte de la percepción” entre diferentes profesionales como son el FBI, Google, el Departamento de Defensa de E.E.U.U, las Fuerzas Especiales, diferentes departamentos de policía de Nueva York, médicos, miembros de la banca, etc.

A todos ellos les indica la importancia de fijarse en los detalles. En lo que está y en lo que falta, en evitar prejuicios y suposiciones, pero desde un prisma innovador: el arte. Los cursos que imparte Herman están centrados en pinturas famosas, incluso lo lleva a cabo en museos. ¿Por qué? Porque los cuadros le ayudan a explicar los conceptos de manera mucho más sencilla y visual. ¿Cómo entendemos las descripciones de un mismo cuadro narradas por dos personas distintas y cómo lo trasladamos a un papel, por ejemplo?

Cada quien tiene sus sesgos y es importante tenerlos en cuenta para tener una idea certera de una situación complicada más aproximada a la realidad. De esta forma, el Jardín de las Delicias de El Bosco, El bar de Folies-Bergere de Manet o Tiempo Paralizado de Magritt, son campos en los que trabajar para Herman.

Y si te preguntas por los resultados, sí, funciona. Los profesionales, después de haber recibido el seminario e incluso tan solo después de haber leído el libro, ya manejan una forma diferente de mirar. Observan los detalles inusuales, tratan de descubrir qué falta en la ecuación del escenario en el que se encuentran, miran con cuidado, con tranquilidad, e intentan dejar de lado sus prejuicios.

Así que si, como yo, de mayor quieres ser como Sherlock Holmes, te invito a que, en este retiro obligatorio, te des una vueltita (virtual) por algún museo. Y para que puedas indagar un poquito más en el tema, te dejo aquí la charla TED de Amy Herman, creo que te resultará interesante.

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