¿Inspiración, homenaje o plagio? Una buena pregunta.

Hoy vengo guerrera. Un poco. Se me han sublevado las pecas. Que una cosa es la inspiración, otra el homenaje y otra muy diferente el plagio. Dicen que ya todo está escrito, que las historias se suceden una y otra vez y que lo que las hace diferente es el punto de vista del escritor. Puede ser. Pero no dejan de sorprenderme algunas cositas que voy encontrándome por el camino en algunas lecturas.

Hay novelas que resuenan, que te recuerdan a algún otro libro, a alguna película, e incluso a algún relato, pero la diferencia es la forma de presentarlo.  Hay quien lo hace de manera sutil o incluso rindiendo un pequeño homenaje, y quien le echa cara al asunto. Y en el género negro, por lo visto, esto no es una excepción. A las pruebas me remito.

Una novela que recuerda a otro texto. Inspiración.


Como ya dije por aquí, La sirena roja de Noelia Lorenzo Pino es uno de los últimos libros que he leído en género negro. El caso es que, durante la lectura de la novela (que por cierto me sorprendió gratamente y cuya lectura te recomiendo), no podía dejar de pensar en  Tatuaje, un relato de Roald Dahl.

No he tenido oportunidad de preguntar a la autora si conoce el texto o si pudo ser un desencadenante de la historia que posteriormente desarrolló en la novela, pero creo que en este caso, es sencillamente una casualidad porque a pesar de que en cierto modo me recuerda al relato, en ningún caso se hace referencia al texto en particular aunque coincidan en el ambiente inquietante y el tema de los tatuajes.

Por si quieres seguir la pista a ambos textos te dejo a continuación la sinopsis editorial de la novela y el link del relato.

La sirena roja

La agente de la Ertzaintza Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua se enfrentan a lo que podría ser el caso más importante de sus carreras. La aparición de dos cadáveres desollados, con un siniestro vínculo entre ellos, les llevará hasta Lorena, una prestigiosa tatuadora donostiarra que aún se recupera de una relación que acabó con una orden de alejamiento por amenazas y agresión.Una investigación contra reloj para evitar nuevas víctimas del que podría ser un asesino en serie les conducirá a través de un entramado de prejuicios religiosos y oscuros secretos. El caso les absorberá hasta el punto de olvidarse incluso de sus propias vidas.Sumérgete en esta historia trepidante y descubre lo que sucede cuando la sangre y la tinta van más allá del arte?Con el estilo ágil y visual que le caracteriza, Noelia Lorenzo Pino nos sorprende con esta novela donde la crudeza y la atmósfera gris contrastan con la cercanía de sus personajes.

El tatuaje de Roald Dahl

 

Un libro que duplica algunos elementos básicos ( y reconocibles) de una película o novela. Homenaje.


Quien más quien menos habrá encontrado algún punto en común entre una novela y alguna película. Como decía antes, cierta retroalimentación es normal. Por ejemplo en la novela Basada en hechos reales, (cuya adaptación está ahora en el cine) la autora no oculta cierto paralelismo entre su novela y Misery, la novela de Stephen King que también se llevó a la pantalla grande, sino que lo muestra de manera explícita.

Esta forma de reconocimiento  me parece justa y válida. Pero también he leído novelas en las que algunos de los elementos del argumento eran un calco de una conocida película y, si no recuerdo mal, no existía ningún tipo de declaración al respecto por parte del autor. Es el caso de Melodía en Alabama, cuyo personaje Solomon (hombre de color con cierto retraso intelectual) y su relación con una niña, me resultó un calco del que había visto en la película La mano que mece la cuna. Dentro de la novela también hay guiños a otras películas, pero son más sutiles (o al menos a mí me lo parecieron).

Te dejo un link y la sinopsis de ambos libros por si te interesa indagar en el tema.

Basada en hechos reales.

Delphine es una escritora que ha pasado del éxito apabullante que la puso bajo todos los focos al vértigo íntimo de la página en blanco. Y es entonces cuando se cruza en su camino L., una mujer sofisticada y seductora, que trabaja como negra literaria redactando memorias de famosos. Comparten gustos e intiman. L. insiste a su nueva amiga en que debe abandonar el proyecto novelesco sobre la telerrealidad que tiene entre manos y volver a utilizar su propia vida como material literario. Y mientras Delphine recibe unas amenazantes cartas anónimas que la acusan de haberse aprovechado de las historias de su familia para triunfar como escritora, L., con sus crecientes intromisiones, se va adueñando de su vida hasta bordear la vampirización…

Dividida en tres partes encabezadas por citas de Misery y La mitad oscura de Stephen King, Basada en hechos reales es a un tiempo un poderoso thriller psicológico y una sagaz reflexión sobre el papel del escritor en el siglo XXI. Una obra prodigiosa que se mueve entre la realidad y la ficción, entre lo vivido y lo imaginado; un deslumbrante juego de espejos que propone una vuelta de tuerca a un gran tema literario –el doble– y mantiene en vilo al lector hasta la última página.

Melodía en Alabama

Víctor Rey, un escritor en crisis, se muda a Alabama, en los Estados Unidos, la patria de su madre. Allí alquila una casa aislada, esperando hallar la inspiración perdida…Sin embargo, pronto empiezan a ocurrir extraños sucesos que sumergirán a Víctor en una antigua historia de crimen, política y violencia, en la que descubrirá que nada es lo que parece.

 

Dos novelas y demasiadas coincidencias. ¿Plagio?


Como soy de natural curiosa, me gusta refitolear e investigar. Por eso todas las reflexiones anteriores me llevaron a darme una vueltecita por la red, y me encontré con este caso. Data de hace unos cuantos años, y no he encontrado más noticias al respecto, así que no sé cómo habrá terminado el asunto, pero desde luego no pintaba nada bien.

Dos autores, dos novelas (que comparten título) y dos portadas sospechosamente parecidas. Los entendidos sostienen que ambas desarrollan temática similar y varios párrafos en los que las diferencias son mínimas… Para poder argumentar en relación al tema, tendría que haberlas leído pero no lo he hecho, así que no puedo sino mostrar lo que se ha dicho.

En cualquier caso, no es el primer incidente en literatura aunque sí el primero que conozco del género negro. ¿Será inspiración, homenaje o directamente plagio? ¿Qué opinas de esta triada? ¿Conoces algún caso? Si es así me encantaría que lo compartieras en los comentarios. Mientras tanto, ya sabes…

Lee. Disfruta…y cuéntame.

El género negro: las series cozy

Durante un tiempo he estado viviendo de espaldas a una parte muy importante del género negro. Las series. Sin embargo, la vida, que es bastante lista (y puñetera, por qué no decirlo) me ha encarrilado de nuevo y en las tres semanas que he estado en casa con las cervicales descacharradas, y en las que no he podido leer apenas, he hecho las paces (solo un poco) con la caja tonta, mi enemiga por excelencia. He empezado a ponerme al día con algunas series.

He disfrutado bastante, no lo voy a negar. Y me he dado cuenta además (sí, lo sé, no soy ninguna lumbrera) de que aunque nada ha cambiado bajo el sol, gracias a algunas plataformas sí que se ha diversificado el panorama negrocriminal y existen tantos tipos de series como subgéneros negros. O casi.

Hoy, para empezar, y como estoy un pelín rememeber when, haré un repaso de las series de ayer, hoy y siempre que pueden gustarte si lo tuyo es el cozy, o el subgénero más amable del panorama criminal, como te comenté por aquí.

Se ha escrito un crimen


Imprescindible. ¿Quién no conoce a Jessica Fletcher? ¿Y quién no se echaría a temblar si la ve en una reunión, un concierto o incluso en una boda? Porque la aparición de esta mujer era el equivalente a la palabra asesinato (señores de la RAE, apunten por favor, un sinónimo más para el diccionario). Doce temporadas de una serie mítica cuya melodía de cabecera fue un referente en mi adolescencia.

Desde una perspectiva no policíaca, y al estilo de Miss Marple, Jessica Fletcher, escritora ya madura con unas dotes detectivescas impresionantes (y una prole sorprendente de sobrinos a los que visitaba con relativa frecuencia) era capaz de resolver de manera satisfactoria los crímenes más complicados a los que se enfrentaba la policía con escaso éxito.

La estructura de los capítulos era siempre la misma. Episodios auto – conclusivos en los que la protagonista ponía de manifiesto sus extraordinarias dotes de observación y deducción. Generalmente el capítulo terminaba con la confesión del criminal y no dejaba ningún cabo suelto, al estilo de los libros de la Gran Dama del Crimen. Un momento nostalgia modo on esencial, ya digo.

Diagnóstico asesinato


También esta fue una de las series de referencia en mi época adolescente. Me encantaban los casos del Dr. Sloan y sobre todo, su buen humor. Durante ocho temporadas, el médico que resolvía misterios y crímenes junto a su hijo, detective de homicidios, y ocasionalmente trabajaba para la policía como consultor fueron un gran entretenimiento para mi.

Como curiosidad, te cuento que Lee Goldberg, el guionista de la serie, también lo fue de Monk, y es además un afamado autor de best sellers con su saga de Ian Ludlow. También ha sido premiado y nominado en dos ocasiones para los premios Edgar y Shamus. Algo tendría de bueno la serie entonces, ¿no?

 

Los casos del padre Chesterton


Esta serie ha sido uno de los descubrimientos de las últimas semanas. Haciendo zapping me topé con ella por casualidad y me ha acompañado durante la modorra del mediodía. No sé si por la medicación que me dejaba totalmente aturdida o porque no terminé de empatizar con esta época (la serie está ambientada en los años cincuenta), no aguantaba más de dos capítulos seguidos.

Sin embargo, tengo que reconocer que están bien estructurados, y el elenco es agradable. La serie está basada en los relatos de G.K Chesterton y el protagonista principal está inspirado en un clérigo real (el padre John O´Connor), amigo del escritor. El padre Brown sigue la línea de los personajes de los que te he hablado hasta ahora: tiene un puntito cotilla entrometido, con cierta longevidad (es curioso, ninguno de los hasta ahora señalados es joven, a diferencia de las series actuales) y sus armas son la escucha, la lógica y la razón.

Si no conoces los célebres relatos de este padre del género negro (y deberías), puedes encontrarlos aquí.

Cozy made in Spain


Por último, aunque hay muchos más ejemplos de series al estilo cozy, creo que hay dos series españolas e interesantes para este espacio negrocriminal. Los misterios de Laura y El Caso.

Los misterios de Laura


Este es uno de los grandes éxitos de la parrilla negrocriminal que han sido exportados a varios países. Si no recuerdo mal a Rusia, Paises Bajos, Italia y Estados Unidos (con distinta suerte, eso sí). El personaje principal es Laura Lebrel, una policía muy intuitiva. Madre de gemelos y separada, lleva una vida personal bastante caótica con bastantes trazos de verosimilitud, por lo que la empatía del sector femenino la tiene ganada.

Reviste de humor la cotidianeidad y enfrenta los casos al estilo más clásico con un cierre de episodio a la manera en que lo hacía Agatha Christie, donde como broche final, el detective reunía a todos los sospechosos en el mismo lugar con el fin de descubrir quién era el culpable.

 

El caso


En mi opinión, una serie muy entretenida que tuvo mala suerte ya que tan solo se rodó una temporada (trece episodios).Creo que, además de lo acertado de la ambientación y el atrezzo (años sesenta en Madrid), la serie contaba con algunas peculiaridades que hicieron las delicias de sus seguidores, entre los que me encuentro (si, debo confesar que no pude resistirme a la tentación y me hice el famoso carnet de la serie). Para empezar, no era una teleserie policiaca per se, sino que los crímenes o misterios que se intentaban resolver, eran llevados (y generalmente resueltos)  por una pareja de periodistas (si bien uno de ellos era un ex – policía) cuyos caracteres no podían ser, a priori, más opuestos.

Otro de los puntos fuertes de la serie era que en bastantes casos ( no recuerdo si en todos) la base del capítulo era un suceso real que se comentaba con posterioridad. Los personajes estaban tratados con la suficiente profundidad para ser creíbles en la mayoría de los casos y los crímenes a resolver, aunque se trataban de manera bastante amable, resultaban interesantes por aquello de que fueron sucesos reales acaecidos justo aquí. En cualquier caso, aunque la serie tuviera sus puntos débiles (que también los tenía), a mi me hacía estar pegadita al sillón cada semana.

Con esto, doy por terminado el breve repaso de las series más características del estilo cozy, aunque quedan en el tintero muchas más como los casos del padre Dowling o  Jake y el Gordo por ejemplo. Pero algunos de ellos los dejaré para la siguiente entrega de las series negrocriminales: las policíacas.

¿Y tú, conoces alguna serie cozy recomendable? ¡Te espero en los comentarios! Mientras tanto, ya sabes…

Lee. Disfruta. Cuéntame.

Novela policiaca: cada Cuerpo es un mundo

Ya dije por aquí hace unas semanas, que estoy de acuerdo con la máxima de Marcelo Luján, quien afirma que en el país del género negro, la novela policíaca es una provincia más.  De hecho, probablemente sea la provincia más conocida y más internacional ya que ha sido la que con sus cuerpos de seguridad, más popularidad le ha proporcionado al género negro a nivel mundial, tanto en las versiones de investigadores policíacos como privados.

Pero aquí, a nivel nacional,  donde la figura del detective tiene vetada la participación en la resolución de crímenes, el investigador policial es el rey del subgénero.

Por eso hay quien opina que  este subgénero patrio obecece a patrones más o menos parecidos, que repite estructuras y las novelas difieren muy poquito unas de otras. Bueno, pues dedico con todo cariño este post para esos “ateos” del género. Porque con independencia de los argumentos, puntos de vista de los personajes o recursos literarios narrativos, también hay algo que diferencia los policiales.

Los Cuerpos.

Que dicho así, oiga tiene su puntillo sugerente ¿verdad?  Los cuerpos… En fin. Lo que quiero decir, es que frente al procedimiento más o menos común de una investigación, a mí también me parece curioso colarme entre las filas de los investigadores de las distintas instituciones policiales para poder vislumbrar sus quisicosas.  Las relaciones entre las diferentes corporaciones, ( no siempre el trato entre los cuerpos es cordiales, ni las competencias están convenientemente diferenciadas, y eso se presta a que las novelas tengan algunos matices la mar de interesantes desde mi punto de vista).

En general, la resolución de los homicidios en España se lleva a cabo (según la Ley de Enjuiciamiento Criminal) por La Guardia Civil (Unidades de Seguridad Ciudadana y Unidades de Policía Judicial), y por la Unidad de Policía Judicial del Cuerpo Nacional aunque en algunos casos atendiendo a competencias territoriales y legales (fueros propios por ejemplo) hay otras unidades que también cuentan con un departamento de homicidios.

De modo, que para la resolución de un crimen existe la posibilidad de que se vean envueltas diferentes unidades según el territorio en el que se haya cometido el asesinato, por ejemplo.

Por eso,  a continuación, para ampliar horizontes, te dejo unas breves recomendaciones de novelas policiacas según el cuerpo de seguridad que investiga el crimen. ¡Bon Apetit!

Guardia Civil

La saga Bevilaqua y Chamorro.

¿Quién no conoce a esta pareja de guardia civiles que ya han llegado hasta la pantalla grande con “La niebla y la doncella”?

Pero hay muchos más ejemplos como la saga de Valentina Redondo (que debo confesar que no me enganchó demasiado)

O  mi reciente descubrimiento:

El baile de los penitentes

Semana Santa. En el pequeño pueblo riojano de Calahorra, las historias de seis personajes completamente dispares entre sí terminarán confluyendo. Dos hechos grotescos, también dispares, lo alientan: el asesinato de Nuria Isabel, una niña de catorce años de etnia gitana, así como la celebración en Jueves y Viernes Santo de Los Borregos, un sorprendente juego de apuestas al que acuden desde antiguo y sin excepción todos los varones del lugar. La teniente de la Guardia Civil Lucía Utrera, apodada La Grande por su corpulencia, deberá esclarecer el crimen con muy pocos medios, menores indicios y la localidad tomada al asalto por los periodistas. En apenas setenta y dos horas, el destino de estos personajes, y el de la propia Calahorra, se verá alterado de modo irreparable.

Este libro de cuatrocientas páginas que se lee en un suspiro, aúna en una misma novela un crimen dentro de un entorno rural, giros y sorpresas bien fundadas, el reflejo de las costumbres y una de las mejores profundizaciones en la psique criminal que he leído en tiempos.

 

Policia Nacional

¿Quién con fuego?

La aparición del cadáver de un anciano solitario en un pueblo apartado de la geografía navarra, da paso a una trama policial a caballo entre dos mundos distantes seis decenios. Un caso que recae en el inspector Villatuerta tras reincorporarse al servicio después de una larga baja laboral. Le acompañan en la investigación su hija, la agente Nerea, y el subinspector Javier Erro. Los tres se enfrentarán a un asesino cuya motivación se hunde en la época de la posguerra. Durante años huyó de la venganza, la aplacó con el trabajo extenuante de sol a sol. Pero la llamada de la sangre acabó por alcanzarlo. Del presente en Pamplona y el Valle de Ollo al pasado en las montañas de Navarra y Estados Unidos, adonde emigraron infinidad de pastores vascos buscando un futuro mejor. Un asesinato y demasiadas incógnitas. ¿Quién prendió el fuego de la venganza?

Es la primera novela de la serie del Inspector Villatuerta. Y el punto fuerte del libro además de los dos hilos temporales que la tejen es que el dúo protagonista  de investigadores son padre e hija. Carlos Ollo escribe bien, argumenta e hila la historia de manera verosímil y nos trae retazos de un pasado no tan lejano en el que los inmigrantes fuimos nosotros. Una recomendación, no le prestéis demasiada atención a la portada. El interior es infinítamente mejor. Por cierto, ya tengo en mis manos el segundo volumen, A la luz del vino, y le tengo muuuchas ganas. Te contaré mis impresiones, pero a tenor de la primera novela, estoy convencida de que la voy a disfrutar mucho.

La saga del inspector David Vázquez. Sin retorno.

Hace tiempo que Irene Ochoa se siente atrapada en un callejón sin salida cuyos muros se estrechan a medida que los abusos por parte de Marcos, su marido, se convierten en una rutina. No tiene más armas que su instinto de supervivencia. No hay otra opción: la vida de Marcos o la suya. La oportunidad se presenta un miércoles, cuando él llega más borracho de lo normal y, tras un par de tragos, se queda profundamente dormido. Horas más tarde, los bomberos y la policía investigan las causas del incendio que se ha cobrado la vida de Marcos. Todo ha salido según lo planeado, pero hay algo que Irene no puede controlar. Aquella misma noche en la que apenas empieza a saborear la libertad conoce al hombre que podría arrebatársela: el inspector David Vázquez, el encargado del caso. Empieza así una relación marcada por la pasión, el anhelo y el peligro.
Mientras Pamplona sigue conmocionada por el accidente, el inspector Vázquez deberá resolver uno de los casos más escabrosos de su carrera: varios peregrinos del camino de Santiago han aparecido muertos en Roncesvalles, a solo unos kilómetros, y todo apunta a que ha sido obra de un asesino en serie.

Leí Sin retorno y me gustó su estilo, pero con Deudas del frío  Susana Rodriguez Lezáun me convenció del todo. Tiene un estilo equilibrado y el punto fuerte de estas novelas es el reflejo de los movimientos sociales actuales que sacuden nuestras ciudades (y no tanto nuestras conciencias). Otro de los puntales de sus novelas es poner al lector en un brete moral…Y hasta ahí puedo leer. Susana, la próxima comisaria de Pamplona Negra,  acaba de presentar además la última novela de la saga que se titula Te veré esta noche y a la que espero poder hincarle el diente muy pronto. Aunque son novelas autoconclusivas, te recomiendo que las leas en orden para que no te pierdas la caracterización de los personajes. .

 

Ejército

Aunque es más fácil encontrar ejemplos de investigadores de los anteriores cuerpos de seguridad, también los hay en el ejército, como lo muestra Gerardo Pérez en su quinta novela. El punto fuerte de este libro es, a mi parecer, el desarrollo del arco dramático del personaje principal, aunque también los escenarios, las argucias políticas y la defensa de los ideales son temas de interés en la novela. Te dejo su sinopsis a continuación.

Amanecer en el ocaso

Rodrigo  Cifuentes, un teniente retirado del ejército que realiza labores como investigador y que vive atormentado por los recuerdos de una fallida relación sentimental, recibe el encargo de buscar discretamente a la hija del Secretario de Estado de Defensa, desaparecida en extrañas circunstancias. La vinculación del padre con una empresa dedicada a la venta de armamento y el idilio de la joven con un líder político marcan en un inicio la investigación sobre lo ocurrido. Sin embargo, todo da un vuelco repentino cuando el ex militar descubre que la muchacha ha cruzado el Estrecho de Gibraltar y se ha adentrado en Marruecos, rumbo al Sáhara Occidental, siguiendo la estela de un dirigente de la causa saharaui. Cifuentes decide ir tras sus pasos hasta encontrarla, pero termina viéndose involucrado en la cruzada de un reducido e inexperto grupo de rebeldes que reivindican la independencia de su territorio del reino alauita, condicionando tanto el carácter secreto de la misión como las relaciones entre España y el país africano.

 

Policía Foral

No hay mucho que decir aquí. Dolores Redondo con su Trilogía del Baztán ha creado un personaje y ha dibujado este cuerpo policial con tanta resonancia que es difícil encontrar otro ejemplo con los Forales porque parece que todo remite a esta saga.  Como curiosidad, te diré que, además de la adaptación al cine y al cómic, en Elizondo, el lugar donde transcurre la mayor parte de la novela, también puedes realizar un recorrido por los lugares que sirvieron de inspiración a la escritora. Si no la conoces aún (cosa que dudo) aquí te dejo el enlace y la sinopsis de la primera novela, que fue sin duda, la que más me gustó de la saga.

El guardián invisible.

«Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal.»
En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en unas circunstancias que lo ponen en relación con un asesinato ocurrido en los alrededores un mes atrás. La inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una investigación que la llevará de vuelta a Elizondo, una pequeña población de donde es originaria y de la que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal.

 

Ertzaintza

El silencio de la Ciudad Blanca

Eva Saenz de Urturri tiene entre sus páginas a uno de los investigadores más populares del género: Kraken. De momento solo están publicadas las dos primeras entregas, pero parece que a la tercera le falta poco. De los dos libros que he leído, para mi gusto el mejor es el primero porque es el que menos se entretiene en el turisteo ( no me gusta demasiado que se haga un recorrido detallado y turístico por las ciudades aunque sí me gustan las referencias, manías personales). Me gustaron especialmente el buen desarrollo de los dos hilos argumentales del pasado y el presente, las referencias al arte y el manejo de la intriga. Y por supuesto ese comienzo en el que Kraken nos desvela que le acaban de descerrajar un disparo, hace que te enganches a la historia sin remedio. Por cierto, también tiene recorrido por la ciudad para descubrir los enclaves cruciales de la trama y en breve, parece que habrá serie de televisión.

Una ciudad aterrorizada por el regreso de unos asesinatos rituales. Un policía que esconde una tragedia. Un thriller hipnótico cuyas claves descansan en unos misteriosos restos arqueológicos. ¿Qué harías si fueses el investigador del caso del asesino en serie que está aterrorizando la tranquila ciudad de Vitoria con sus dobles crímenes rituales y encontrases pruebas de que tu propio gemelo, un arqueólogo mediático, fuese el autor de los asesinatos?
Veinte años después, cuando Tasio, el brillante arqueólogo condenado por los asesinatos está a punto de salir de prisión en su primer permiso, los crímenes se reanudan de nuevo: una pareja de veinte años aparece muerta ydesnuda por la picadura de abejas en la garganta en la emblemática Catedral Vieja de Vitoria. Poco después, otra pareja de veinticinco años es asesinada en la Casa del Cordón, un edificio medieval.
El joven inspector Unai López de Ayala —alias Kraken—, experto en perfiles criminales, está obsesionado con prevenir los crímenes antes de que ocurran, una tragedia personal aún fresca no le permite encarar el caso como uno más. Sus métodos poco ortodoxos enervan a su jefa, Alba, la subcomisaria con la que mantiene una relación laboral difícil de día, y una intensa atracción y fascinación de madrugada, cada vez que ambos coinciden haciendo running por las solitarias calles de Vitoria.
Una novela negra absorbente que se mueve entre la mitología y las leyendas de Álava, la arqueología, los secretos de familia y la psicología criminal.

La sirena roja

Dejo para rematar el artículo, el descubrimiento más actual. La última novela negra que he leído por el momento. Hace un par de semanas, Noelia Lorenzo Pino hizo en Deborahlibros la presentación de la tercera novela de la saga, Corazones negros, a la que afortunadamente pude acudir y, aunque recalcó que la novela era autoconclusiva, los lectores recomendaron leer la saga de Chassereau – Macua en orden para entender bien la relación y profundidad de los personajes. Así que ni corta ni perezosa me fui a la biblioteca en busca de La sirena roja  y reconozco que leí  prácticamente en dos días las cuatrocientas hojas de la novela. No podía soltarla. Sus puntos fuertes son un estilo fresco, desenfadado, visual y cercano junto con una estructura interesante (aunque no es novedosa la utiliza muy bien). También los personajes están muy bien pincelados en cuanto a actitud y verosimilitud y la temática (mejor dicho su entorno) es original. Ahora estoy esperando la llamada de la biblioteca para leer  La chica olvidada y poder devorar Corazones Negros, que me está mirando con ojos golositos desde la estantería.

La agente de la Ertzaintza Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua se enfrentan a lo que podría ser el caso más importante de sus carreras. La aparición de dos cadáveres desollados, con un siniestro vínculo entre ellos, les llevará hasta Lorena, una prestigiosa tatuadora donostiarra que aún se recupera de una relación que acabó con una orden de alejamiento por amenazas y agresión.Una investigación contra reloj para evitar nuevas víctimas del que podría ser un asesino en serie les conducirá a través de un entramado de prejuicios religiosos y oscuros secretos. El caso les absorberá hasta el punto de olvidarse incluso de sus propias vidas.Sumérgete en esta historia trepidante y descubre lo que sucede cuando la sangre y la tinta van más allá del arte?Con el estilo ágil y visual que le caracteriza, Noelia Lorenzo Pino nos sorprende con esta novela donde la crudeza y la atmósfera gris contrastan con la cercanía de sus personajes.

Por supuesto, hay muchas más novelas y sagas de estos y otros cuerpos de seguridad que componen los libros más populares del género así que,  por favor, si conoces algún título recomendable, ¿me lo cuentas en los comentarios? ¡Sería fantástico!

Mientras tanto, ya sabes…

Lee. Disfruta. Cuéntame.

Yo, de mayor, quiero ser Sherlock Holmes: El método.

“Con tanta novela se te van a derretir los sesos como al Quijote.” Quién no haya escuchado algo parecido en su vida, que levante la mano. Ehmmm, bueno, igual no te lo han dicho así, pero seguro que en alguna ocasión alguien ha puesto en tela de juicio tus ávidas motivaciones lectoras. Pues ha llegado el momento de dejarles a todos calladitos porque te traigo algo especial. ¿Qué tal si pudieras aplicar el método inductivo – deductivo de Holmes en tu día a día?

Emular a nuestros personajes favoritos. ¿Por qué no? Hay muchos protagonistas interesantes en el panorama literario, pero para mí, ninguno como Sherlock. Y atendiendo a las réplicas de este personaje en multitud de series y novelas (House, Monk, El cabo Holmes, etc) creo que acierto si digo que no soy la única que le profesa admiración. Pero, ¿por qué resulta un personaje tan atractivo y fascinante pese a sus adicciones y modos poco afables?  Y es más, ¿podríamos ser capaces de emularlo en la vida real? No solo para descubrir quién se terminó el fuet, sino para realizar deducciones fiables en nuestro día a día que nos ayuden a tomar mejores decisiones; más racionales y alineadas con nuestros objetivos.

Pues eso es lo que te traigo hoy. Si. Y parece que funciona. Bueno, es cierto que aún tendrás que bregar con un pequeño sambenito, es posible que cargues con la etiqueta de persona algo excéntrica, pero para mí eso es peccata minuta. ¿No crees? Los beneficios son mayores.

Según Maria Konnikova y su libro “Cómo pensar como Sherlock Holmes”, es posible entrenar a tu cerebro para activar las capacidades de observación y deducción tan características del personaje. Tan solo hay que basarse en aumentar tres elementos: la percepción, el pensamiento crítico y las conexiones entre las ideas. ¿Sencillo? Puede,  pero no fácil.

Un ejemplo es el mejor modo de verlo claro. Hace unas semanas me llegó un vídeo escalofriante. Unos adolescentes intentaban utilizar un teléfono analógico antiguo, de los de rueda, y no atinaban. Eso me dio que pensar un par de cosillas. Punto número uno: qué mayor soy (argh) que dilatada experiencia vital tengo (ejem) y punto número dos: yo sé usar el teléfono súper analógico pero ¿por qué?¿Cómo me enfrentaría al desafío de hacerlo funcionar si fuera un objeto novedoso para mí? Nuestro amigo Holmes nos da la respuesta.

Observación


En primer lugar, tenemos que volver a la infancia por un momento. El motivo es que esa etapa de la vida supone un aumento de curiosidad, algo necesario para desarrollar la observación. Pero no vale fijarse a lo loco en cualquier cosa, no. Debe ser una atención centrada para discernir los pequeños detalles que generalmente  pasan desapercibidos. Entrenar esta acción implica mirarlo todo con ojos de niño, sentir curiosidad y enfocarnos únicamente en aquello que estamos observando.  Pero ojo, también son importantes otros requisitos como reducir la velocidad, buscar las discordancias, recopilar la información relevante y cierto escepticismo.

Tiene su lógica. Para poder hacer una buena observación tienes que hacerlo con tranquilidad, no se puede percibir algo con la atención trabajando a la velocidad de la luz. Es imposible. Por otra parte, tendemos a buscar hipótesis que reafirmen nuestras creencias, pero el método Holmes indica justo lo contrario. Tienes que buscar las incongruencias, porque son las que te darán la clave del asunto, y además, debes procurar aceptar la información de manera apropiada (suele llegar sesgada por cientos de filtros como experiencias anteriores, prejuicios, etc). Por eso es preciso el escepticismo del que te hablaba hace unas líneas, un poco de reflexión que ponga en jaque la credulidad natural de nuestra mente.

En el caso de nuestro teléfono, los adolescentes se acercan a él con curiosidad, incluso con recelo porque no saben qué pueden encontrar. Lo miran, lo remiran, y finalmente se atreven incluso a tocarlo.

Pensamiento crítico: creatividad e imaginación.


Si tuvieras que enfrentarte a un elemento o problema desconocido hasta el momento, ¿qué harías? Poner a trabajar la mente. Intentar conocer el asunto con la mayor profundidad posible, analizar toda esa información y razonar con lógica de manera crítica, ¿verdad?

Volviendo a nuestro extraño aparato de telefonía, piensa por un momento ¿Por qué sabes cómo se utiliza un teléfono antiguo? Porque comprendes el objeto y su funcionalidad (has visto cómo lo utilizan tus padres, etc). De toda la primera fase de observación, nuestros entusiastas muchachos han conseguido extraer una serie de ideas (hay que oírlos, que no tienen desperdicio) con las que elaborarán unas cuantas hipótesis.

¿Recuerdas aquel concurso de la televisión en el que la consigna era “esto sirve para”… y los concursantes enumeraban diferentes utilidades (diferentes a las habituales) de un objeto? Pues esto es algo parecido. Cualquier idea es válida. Es la conocida “lluvia de ideas”. No importa lo extrañas o locas que parezcan. Aunque creas que es un despropósito. Regístrala. Piensa que la solución provechosa a un asunto se encuentra cambiando la forma de proceder. Este es un momento creativo. Hay que innovar, acepta todas las ideas. Posteriormente  relacionarás todo lo que has sacado en claro con tus conocimientos y eso te permitirá establecer un filtro adecuado.

Establece conexiones y guarda la distancia adecuada.


¿Recuerdas el sambenito que te comentaba al principio? Si. Lo de cargar con la etiqueta de “persona excéntrica”. Bien. Pues ese apellido es gracias a esta última fase. Establecer conexiones que para otras personas son imperceptibles se consigue de manera un tanto peculiar ya que supone pensar de manera diferente. ¿Cómo? Estableciendo relaciones y conexiones mentales entre recuerdos y experiencias para solidificarlos en nuestra memoria y poder extraerlos en el momento preciso.

Un punto importante para poder tener unas vastas conexiones es ampliar los conocimientos a todo tipo de campos. La diversidad es básica, al igual que la codificación de la información que juzguemos importante (mediante mapas mentales por ejemplo). Eso nos ayudará también a no pensar de manera lineal. El quid de la cuestión reside en combinar nuestros recuerdos y experiencias, sin que eso limite nuestras deducciones a lo conocido, para obtener una nueva idea, más creativa y alineada con el problema que intentamos resolver.

Y el mejor método para lograr unos buenos resultados es mantener la objetividad, cosa difícil en tanto el asunto sea cercano. Por eso la propuesta es guardar distancia realizando una actividad totalmente diferente al problema que tratamos de solucionar o ver el problema desde otro punto de vista, como si fuera el asunto de otra persona,  desde fuera.

En el vídeo del teléfono, este momento está muy claro. Su referencia son los móviles de última generación, por eso tratan inútilmente de llamar. Las conexiones de sus recuerdos y experiencias les animan a marcar el número y descolgar después. Sin embargo, esa referencia es también su sesgo ya que les resulta una acción limitante en la que caen una y otra vez. Si consiguen superar esa forma de actuar y se abren a nuevas opciones, es posible, pero solo posible, que logren establecer contacto…

Si quieres ver el vídeo completo, pincha aquí.

Ring, ring. ¿Aló? ¿Te ha parecido curioso?¿Te animas a utilizar el método Holmes en tu día a día? Cuéntamelo por favor.  Y además te pido una cosilla, si consideras que el artículo es interesante, me harías un gran favor compartiéndolo. Muchas gracias.

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Lo que es, es; y lo que no es, no es. Parménides de Elea y los mitos de la novela negra.

Hoy voy a desmontar diez mitos de la novela negra. Aún a riesgo de que los puristas del género se me suban por las paredes, creo que hay algo que es conveniente distinguir. Novela negra no es lo mismo que novela negra. Y no, no me he dado un golpe en la cabeza ni tengo intención de volverte del revés con farragosas peroratas intelectuales. Nada de eso. Es mucho más sencillo. Verás.

Novela negra como género es un concepto totalmente diferente al término que acuñó allá por los años treinta el trío Hardboiled (Hammet, MacDonald y Chandler). Pero tendemos a confundirlo de la misma manera que solemos identificar a la novela negra con el subgénero policíaco a pesar de que en esta disciplina los subgéneros son múltiples y variados.

Por eso, hace unas semanas, cuando Ana Bolox defendía por aquí  que ella no escribe novela negra, se me rebelaron las pecas. ¡Eso no es así! Lo siento, Ana. Nein, nein. Ya sabes que no soy muy amiga de encarnizadas polémicas, pero frente a la apreciación (errónea en mi opinión a pesar de que luego lo matizó) de mi querida Ana, creo que es interesante aclarar unas cosillas y desmontar, ¿por qué no? algún que otro mito sobre el género negro que suele dar lugar a despistes y discusiones que, según mi criterio, son un sinsentido.

“La novela negra..


Se mueve en ambientes urbanos, nunca rurales.


El origen de esta afirmación responde a otra época en la que los entornos rurales se relacionaban con un tipo de vida menos peligrosa, más bucólica e inocente. En contraposición con la ciudad, el entorno rural se entendía como un lugar seguro en el que sus habitantes eran gentes sencillas y pacificas. Los ambientes rurales eran espacios tranquilos en los que nunca podían ocurrir sucesos tan violentos como en la urbe.

Si bien es cierto que aún se hace difícil entender algunos tipos de narraciones (como las de grupos criminales específicos o amenazas mundiales) dentro de un entorno campestre, si que puedes encontrar estupendas ambientaciones rurales que dan el marco preciso a novelas negras tan buenas como Quien con fuego (Carlos Ollo) o El caso de la mano perdida (Fernando Roye).

Debe mostrar violencia física.


Maticemos. Una novela negra sin violencia es como un coche sin frenos. Carne de catástrofe. Esa historia no va a funcionar. La violencia es una característica  inseparable de la novela negra. Pero eso sí, ha cambiado. Donde antiguamente debía aparecer una pelea, un navajazo o un disparo, hoy en día puede haber mucho más. Si. Hablo de violencia psicológica, no solo física. Y también esta se refleja en la novela negra como por ejemplo en La caricia de Tánatos (Maria José Moreno) o en Lo que no se ve (Ana Cepeda) o Detrás de la Pistola (Cristina Grela).

Es cruda y en ella no tiene cabida el amor.


Mal que le pese a S.S Van Dine como ya comenté por aquí, hoy en día la novela negra también tiene su corazoncito y explora las diferentes formas de “amor” que hay en la sociedad. Desde el amor tóxico, hasta el romántico pasando por el condenable, el trágico, el pantanoso…

Atendiendo a todas estas opciones, verás que es fácil encontrar novelas negras en las que uno de sus hilos argumentales responda a una historia de amor como en la Trilogía de la ciudad blanca o la Serie Cestero de Ibon Martín.

Es racional, lo fantástico no está admitido.


Este es un principio admitido desde los orígenes de la novela negra y que ha funcionado sin fisuras hasta hace poco tiempo. De hecho la parte más purista sigue manteniendo este argumento como un puntal básico para entender el género. Pero atendiendo a la realidad, no podemos ignorar que con la globalización y la evolución de todos los géneros, también la novela negra está expuesta a maridajes anteriormente impensables. Como ejemplo puedes leer la Trilogía del Baztán (Dolores Redondo), donde el crimen convive con criaturas mitológicas y sobrenaturales como el Basajaun.

Desvela la resolución del crimen en las últimas páginas de la novela.


Esta es una afirmación que tiene su fundamento en el movimiento británico  Whodunit de los años 20-50 según el cual durante la novela se van concediendo pistas al lector para que pueda llegar a deducir la identidad del criminal (generalmente un asesino). Años después, sin embargo, surgieron otras tendencias como el Howdunit o el Whydunit, que se enfocaban en el modus operandi y en el motivo que tuvo el criminal para cometer el delito. En estos últimos casos, el interés no se centra en el asesino sino en las preguntas que rodean al crimen. Puedes encontrar un par de buenos ejemplos en Canción Dulce (Leila Slimani) o en Memento Mori (César Pérez Gellida).

Responde a una estructura concreta.


Con esto no me estoy refiriendo al consabido inicio, nudo y desenlace (que también), sino también al patrón genérico de asesino, sospechosos, víctima, pistas falsas, etc. La novela negra ha cambiado y con ella, las estructuras formales y de estilo también lo han hecho. Ahora el narrador ya no es siempre omnisciente ni el hilo temporal obedece exclusivamente al orden cronológico. Tampoco los diálogos tienen que seguir de forma impasible las reglas ni el lugar en el que transcurre la acción se aviene a la realidad pese a ser un espacio ficticio. Como consecuencia, las novelas negras que surgen del dinamitado de las reglas clásicas, suelen ser de lectura algo más trabajosa, pero igualmente son muy interesantes y como ejemplo puedes leer el último premio Hammet: Madrid: frontera (David Llorente).

Si hay un crimen, es novela negra.


Pues va a ser que no. Por mucho que las editoriales se empeñen en tildar de género negro algunas novelas únicamente porque entre sus páginas hay un crimen, no siempre es así. Para que una historia pueda considerarse dentro del género debe cumplir muchas más características ( y aquí es donde suele comenzar el conflicto). Sin querer entrar en consideraciones polémicas, me gustaría preguntarte ¿Consideras una novela negra a Crimen y Castigo, Los pilares de la tierra o El país bajo mi piel? En todas ellas hay crímenes, pero no por eso corresponden al género noir. Delinear el mapa de la novela negra es muy complicado y no seré yo quien establezca sus límites, pero como ya dije por aquí, en mi opinión no cabe que por motivos económicos o editoriales se introduzcan dentro del mismo grupo novelas que no comparten género.

Los motivos del criminal son amor, venganza o dinero.


También en esto han evolucionado los antagonistas de las novelas. Tradicionalmente, las motivaciones del criminal se podían englobar en estas tres categorías, pero hoy en día, a pesar de que estos tres impulsos continúan siendo válidos, no son las únicas razones por las que actúa el asesino. Y con esto no me refiero a que las causas de un asesinato estriben en los problemas psicológicos del criminal, sino a otro tipo de fundamentos, como por ejemplo la necesidad de trascender mediante el asesinato. Un ejemplo claro de esto es la primera parte de la Trilogía Versos Canciones y trocitos de carne (César Pérez Gellida).

Debe ser como una lija, tiene que molestar.


Si bien es cierto que una de las bases del género es reflejar la sociedad con intención de denuncia, hay que reconocer que dentro de la novela negra existe un subgénero llamado cozy en el que el sexo y la violencia se rebajan a la mínima expresión. En estas novelas, como puedes suponer, la denuncia social tampoco es una de las máximas, por lo que resultan lecturas de esparcimiento amable, sin más pretensión que entretener (y no es poco). Dentro de estas novelas negras se encuadran las tradicionales como La Piedra Lunar (Wilkie Collins) de la que hablé hace unos días aquí,  la serie de Miss Marple (Agatha Christie), y en nuestra época, las que escribe Ana Bolox. Tanto las de la señorita Starling como las de Carter &West. 

Es policial y conlleva una investigación.


Si bien es cierto que por costumbre se tiende a asociar la novela negra con el género policiaco, no deberíamos olvidar un pequeño matiz. Como afirmaba Marcelo Luján en sus talleres de la última edición de Pamplona Negra, en el país del género negro el policial es una provincia más. Es decir, un subgénero. Probablemente el más famoso y el que más recorrido le ha dado a estas novelas, pero no el único. Si necesitas un ejemplo, puedes leer los dos últimos premios Hammet: Subsuelo (Marcelo Luján) y Madrid: frontera (David Llorente). Con ellos se pone de manifiesto que la novela negra está en pleno proceso de cambio y que, además, es mucho más que una investigación policial.

 

Por todos estos motivos (en especial el número nueve), me atrevo a afirmar sin lugar a dudas que Ana Bolox sí escribe novela negra. ¿Estás de acuerdo? Me encantaría conocer tu opinión. Si te apetece puedes dármela en los comentarios.

 

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