Dame veneno que quiero morir… coincidencias en novela negra

Todo el mundo sabe que la reina del crimen es Agatha Christie, y que una de las características básicas de su obra literaria es que el motivo de la muerte de los personajes de algunos de sus más afamados libros se debe al veneno.

Lo que quizás no sepas es que gracias a las detalladas descripciones que la Dama del Crimen reflejó en sus novelas sobre la sintomatología de la intoxicación por algunos venenos, se consiguió esclarecer no uno ni dos, sino tres casos por envenenamientos. En concreto, en su novela El misterio de Pale Horse la escritora deja una minuciosa reseña de la intoxicación por talio. Este pesticida y raticida que, posteriormente se retiró del mercado en general y pasó a utilizarse únicamente en la industria fue utilizado por tres asesinos (uno de ellos en serie) para cometer sus crímenes.

Sin embargo, gracias a las pormenorizadas notas que doña Agatha escribió acerca de los síntomas de envenenamiento por talio, (cosa que a mí me crea cierta inquietud…¿de verdad se daban tantos casos de venenillos en aquella época?¿Cómo pudo anotar tantos detalles de los síntomas?¿Había un registro previo? Mmmm), varios lectores pudieron detectar la intoxicación a tiempo y evitar al menos dos crímenes.

Quizá por mi afición a esta escritora y a sus venenillos, en el planteamiento del borrador de la que iba a ser mi primera novela, decidí utilizar uno de ellos. Estudié, busqué y revisé cuál de ellos me convenía más para el argumento, cuál era más fácil conseguir para el lugar y el momento en el que se desarrollaba la trama, cómo podía conseguirlo el asesino, qué respuesta física tendría para la víctima… Y entonces mi amigo Murphy entró en juego.

En cuestión de semanas, encontré ese veneno, el mismo veneno en varias novelas. ¿Casualidad, coincidencia? No lo sé. Dicen que nada sucede sin motivo. El caso es que el castillo de naipes que había construido alrededor del germen de mi novela se cayó de golpe y yo aparqué aquel borrador a la espera de un futuro mejor.

A lo largo del tiempo esta situación me ha ido ocurriendo de manera más o menos continuada (lo de encontrar coincidencias, no lo de aparcar borradores) y he pensado que quizá podría sacarle utilidad a estas casualidades escribiendo algunos post de novelas que ,aunque a priori son totalmente diferentes,  contienen algunas conexiones curiosas. Como estas que te traigo a continuación.

No me gustan los spoilers, así que tan solo te diré que el veneno juega su papel dentro de cada una de ellas y que la curiosa coincidencia es que es la misma sustancia en ambas.

Puerto Escondido de Maria Oruña
Oliver, un joven londinense con una peculiar situación familiar y una triste pérdida, hereda una casona colonial, Villa Marina, a pie de playa en el pueblecito costero de Suances, en Cantabria. En las obras de remodelación se descubre en el sótano el cadáver emparedado de un bebé, al que acompaña un objeto que resulta completamente anacrónico. Tras este descubrimiento comienzan a sucederse, de forma vertiginosa, diversos asesinatos en la zona (Suances, Santillana del Mar, Santander, Comillas), que, unidos a los insólitos resultados forenses de los cadáveres, ponen en jaque a la Sección de Investigación de la Guardia Civil y al propio Oliver, que inicia un denso viaje personal y una carrera a contrarreloj para descubrir al asesino
¿Quién con fuego? de Carlos Ollo Razquin
La aparición del cadáver de un anciano solitario en un pueblo apartado de la geografía navarra, da paso a una trama policial a caballo entre dos mundos distantes seis decenios. Un caso que recae en el inspector Villatuerta tras reincorporarse al servicio después de una larga baja laboral. Le acompañan en la investigación su hija, la agente Nerea, y el subinspector Javier Erro. Los tres se enfrentarán a un asesino cuya motivación se hunde en la época de la posguerra. Durante años huyó de la venganza, la aplacó con el trabajo extenuante de sol a sol. Pero la llamada de la sangre acabó por alcanzarlo. Del presente en Pamplona y el Valle de Ollo al pasado en las montañas de Navarra y Estados Unidos, adonde emigraron infinidad de pastores vascos buscando un futuro mejor. Un asesinato y demasiadas incógnitas. ¿Quién prendió el fuego de la venganza?

¿Las conocías? Es probable que tú también hayas topado con detalles que coinciden en varias novelas, ¿te acuerdas de alguna de ellas?

Lee, disfruta y cuéntame por favor.

 

¿Por qué recomiendas un libro? Ese difícil arte

Cada lunes, desde el grupo de Facebook “Más allá de la lectura” Alicia, Inma, Laila, Pilar y yo misma, te hablamos de una novela que nos ha gustado especialmente y te pedimos que tú también nos aconsejes una lectura. Recomendar un libro. Ajá. Y eso me lleva a la siguiente reflexión: ¿Qué debe tener una lectura para que la adoremos  y consiga que la recomendemos? Como de costumbre, he puesto la centrifugadora en marcha y he llegado a la conclusión de que es cuestión de que el escritor consiga que el lector se involucre en la lectura de alguna forma.

Bien porque la “intrahistoria” llega al corazón del lector e impacta de lleno o bien porque tenga unos personajes empáticos y memorables… Pero esto me lleva a la siguiente cuestión ¿Qué pasa con la novela negra, thriller o criminal? ¿Cómo consiguen los autores que nos involucremos dentro de la historia? Porque a priori, no es sencillo empatizar con la retorcida mente de un psicópata… Al menos para mí.

Creo que la respuesta, cómo no, la tiene mi adorada Ágatha. En su obra pone de manifiesto una característica básica para que el lector no pueda despegarse de sus páginas y cree un vínculo emocional con la novela.  Durante la lectura proporciona la motivación adecuada para intentar resolver los enigmas y asesinatos que ella plantea. Invita a participar en la resolución de los casos y provee al lector de cierta autonomía para desarrollar sus capacidades y equipararse al detective o inspector sin dejar de lado ese puntito de duda tan necesario para que lector e investigador lleguen al mismo punto casi al tiempo.

Códigos (más o menos secretos), referencias metaliterarias, pistas (claras y tibias) y agunos giros argumentales. Estas tácticas se vienen utilizando desde los tiempos de Agatha Christie, como te comento, y también siguen vigentes en la actualidad Como para muestra bien vale un botón te voy a dar unos ejemplos que quizá te sirvan para elegir tus futuras lecturas. ¿Me acompañas?

Códigos

¿Recuerdas la serie “Perdidos”? Si la viste, es probable que hasta puedas recitar de memoria la serie de números que capítulo a capítulo se iban repitiendo sin cesar. También Dan Brown ha utilizado este recurso con muy buen resultado en el Código Da Vinci. La idea es que el lector se pregunte por el significado de ese código (pueden ser cifras o mensajes) y comience a elaborar teorías. Es pura psicología. Nuestro cerebro, en ese punto, siente el entusiasmo y genera las endorfinas necesarias para mantenerse involucrado en la resolución del misterio.

Un hombre recibe una carta que le urge a pensar en un número, cualquiera. Cuando abre el pequeño sobre que acompaña al texto, siguiendo las instrucciones que figuran en la propia carta, se da cuenta de que el número allí escrito es exactamente en el que había pensado. David Gurney, un policía que después de 25 años de servicio se ha retirado al norte del Estado de Nueva York con su esposa, se verá involucrado en el caso cuando un conocido, el que ha recibido la carta, le pide ayuda para encontrar a su autor con urgencia. Pero lo que en principio parecía poco más que un chantaje se ha acabado convirtiendo en un caso de asesinato que además guarda relación con otros sucedidos en el pasado. Gurney deberá desentrañar el misterio de cómo este criminal parece capaz de leer la mente de sus víctimas en primer lugar, para poder llegar a establecer el patrón que le permita atraparlo

Nota: el primer libro de la saga es el mejor, (los dos siguientes, para mi gusto se desinflan un poco), pero esta historia merece la pena.

Referencias

Una lectura cuajada de referencias literarias adecuadas, hacen que el lector se sienta cómplice. Es decisión del autor si los detalles son lugares comunes o si afina un poquito más en sus alusiones y puebla su texto de menciones un poco más complicadas. En cualquier caso, esas referencias literarias favorecen la empatía del lector con la historia, el libro y el escritor porque le hacen sentirse recompensado al haber identificado o captado esos guiños. En la historia de la literatura hay multitud de ejemplos, y la novela negra no es una excepción. Lo difícil es encontrar las alusiones adecuadas en espacio y lugar. No es lo mismo, las referencias con el entorno físico y temporal de La Dalia Negra que el de la novela que reseñé la semana pasada, por ejemplo:

*Madrid: frontera

Soy Madrid: frontera (y me dirijo a ti, lector):

Sabes que hay gente a la que le han quitado la voz y ya solo les queda el llanto o el silencio. Tú mismo, en algún momento, has apretado los puños ante la injusticia y cargas sobre la espalda más peso del que se puede soportar.

Seguro que has contemplado la desesperación ante ti, pero te niegan lo que has visto con tus propios ojos y te dicen que eso de lo que hablas no ha existido nunca. Probablemente creas que a ti también te están dejando sin voz y te preguntas si no acabarás como los demás,condenado al llanto o al silencio. Bien. Debes saber que yo he venido a poner las cosas en su sitio para ajustar cuentas con el pasado. Que llego de la mano de un escritor que de repente toma conciencia de su enorme responsabilidad y te agarra de las solapas y te grita: ¡Despierta!

Que vengo a hablarte de la verdad, aunque mis páginas quemen.

Yo soy eso, el punto de inflexión. Y vengo a decirte que jamás debes perder la esperanza.

Nota: no es una lectura fácil, por su estructura y el poso duro de la historia, pero si le das una oportunidad no te dejará indiferente.

 

Pistas

Si hay algo que caracteriza a las novelas criminales y thrillers es la utilización de pistas para resolver los casos criminales, misterios, etc. Suelen estar diseminadas en la novela como migas de pan que el lector va recogiendo durante la lectura. Es un desafío que el escritor lanza al lector (como un guante en pleno s. XIX)  que este último recoge con agrado. Las hay de distinto tipo: claras y concretas (aquellas que se reconocen en cuanto se leen por primera vez), algunas más tibias ( aquellas ocultas en la meteorología o sucesos repetitivos en el entorno que dan pie a pensar que algo va a pasar) y las pistas sorpresa (los giros argumentales que suelen ser inesperados pero que dan una nueva visión e indicios nuevos para la resolución del misterio o del caso). De cualquier modo, la recompensa es resolver el misterio o el caso un instante antes que el investigador o el detective. El momento “ahá” en el que el lector encuentra y entiende es un instante mágico que transforma su relación con la novela y la traslada a un plano más profundo.  Ejemplos de pistas en novela criminal, los hay a cientos, pero me gusta recomendar esta lectura porque me recuerda el modus operandi de mi querida Agatha Christie (muestra las pistas de forma clara y sutil pero el lector las interpreta mucho más tarde, por lo que el efecto resulta más impactante) y porque en breve tendremos la segunda entrega de la saga.

*Aracne y la muerte viene a cenar

Charles Carter, expiloto de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial y antiguo agente del MI5, trabaja ahora como detective de Scotland Yard. Sin embargo, su antiguo superior en el Servicio de Inteligencia británico requerirá su ayuda para investigar el robo de unos documentos vitales para la seguridad del Estado. Sin darse cuenta, Carter caerá en las redes de “Aracne”, una intrincada tela de araña de cuyos hilos nadie puede escapar.

En “La muerte viene a cenar”, el ahora inspector Carter se hace cargo de la investigación del asesinato de Thomas Allerton, un famoso escritor de novela policíaca cuya muerte satisface los intereses de varias personas, pero que nadie parece haber cometido. Kate West, una atrevida joven a la que le pierde su afición por la novela policíaca y la resolución de crímenes, se verá envuelta en la investigación y, junto a Charles Carter, participará en ella como un juego del que el inspector del Yard no sabe cómo sacarla… ni si lo desea.

Nota: si te gustan las novelas negras clásicas, también te gustará su serie de la Srta. Starling.

Dime, ¿qué crees tú que debe tener una novela para que llegue a la categoría de “recomendaciones”? ¿Me aconsejas alguna lectura? Tienes los comentarios a tu entera disposición

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8 de marzo: de víctimas a verdugos. Rompiendo estereotipos de ficción.

La violencia.


Sea o no ocho de marzo, el debate acerca de qué es y qué no es la novela negra siempre está abierto y es un rifirrafe bastante polémico, de esos que levanta ampollas allá por donde pasa. Aunque si hay algo que une a todas las voces y en lo que no hay duda es en que en la novela negra reside la violencia. Puede ser activa, directa, pasiva o indirecta, eso es cierto. Pero en todas ellas existe esta premisa. Y también hay algo innegable. Que la violencia no se ve ni se expresa igual en hombres y mujeres. Ni en la realidad ni en la ficción, donde la figura de la mujer comienza a cambiar. De víctima a verdugo.

Realidad vs. Ficción


 

Cantidad

Si la novela negra es —en muchos casos—un reflejo más o menos objetivo de la realidad, cabe preguntarse si la menor incidencia de mujeres criminales en las novelas negras se corresponde con las tasas de criminalidad femenina en el mundo real. Atendiendo a los resultados de las investigaciones, según te comenté aquí, parece ser así puesto que según la International Journal of Forensic Mental Health y su estudio de los perfiles homicidas femeninos, las mujeres matan con menor frecuencia de que los hombres debido a las diferencias neurobiológicas cerebrales de los distintos sexos.

 

Estereotipos

También influye que el estereotipo de persona violenta se presenta en la figura de un hombre casi con exclusividad. Los motivos están al alcance de la mano. Lo vemos a diario en las noticias y en nuestras vidas. Piensa en la violencia como una respuesta viable a las emociones negativas, ¿a quién le está permitida y a quién le resulta aceptable ese tipo de manifestación en la sociedad? ¿A quién no? Efectivamente. Una pelea física desencadenada por una situación previa de insultos es —salvando algunas excepciones—bastante inusual entre el género femenino. Entre otras cosas porque está mal visto. No es el papel que debe jugar una mujer en la sociedad. En cambio, aunque tampoco esté bien visto en el caso de un hombre, sí que se entiende como una reacción más o menos normalizada. Piensa en un partido de fútbol infantil. Insultos y peleas por parte de los padres. Hay infinidad de noticias que lo reflejan.

El caso de que una de estas noticias estuviera  protagonizada por una mujer sería inusual. Y probablemente los interrogantes que suscitaría esta acción serían diametralmente opuestos al incidente masculino. Pasa lo mismo en actos delictivos más graves. En un asesinato. Ante una asesina que desmonta las expectativas de bondad, sumisión y sacrificio asociadas a la imagen femenina, los interrogantes giran en torno a la esencia del papel de la mujer a la par de la búsqueda de sus motivos criminales: ¿era una mala madre?¿mala esposa?¿tenía una sexualidad desviada?

Por otra parte, los estudios también parecen diferenciar el origen de la respuesta criminal. Mientras que en el caso masculino el abanico es muy amplio (venganza, avaricia, celos o psicopatías), se presupone que en la mayoría de los casos la violencia femenina surge como respuesta a una situación límite (abusos, miedos o psicopatías). Y esto es también lo que reflejan las novelas. Aunque hay que prestar atención también a ese pequeño porcentaje que muestra que, si bien es cierto que la violencia de la mujer es en su mayor parte reactiva, no siempre es así.

Tipología

Aunque en la vida real se haya desmontado ya el mito de la mujer envenenadora (hay mayor incidencia por asesinatos con arma blanca) y también el de la asesina vengadora (los crímenes suceden en mayor número por asuntos económicos que por venganza), la literatura continúa ahondando en estos arquetipos que ya han logrado escapar de la victimización y que tan buen resultado novelístico dan. A continuación te traigo unas recomendaciones que no puedes pasar por alto y en las que encontrarás motivaciones criminales y asesinas de todo tipo. 

Las malas de la película:

Cinco Asesinas y criminales “de libro”.


No me gustan nada los spoilers, por eso no daré el título de la novela (tendrás que pinchar en el enlace) sino que te cuento qué tipo de criminal encontrarás en ella. Aunque con la temática del post, ya sabes qué vas a descubrir en las páginas de las novelas recomendadas: asesinas.

Esta novela hace uno de los mejores retratos de una mente perturbada. Desarrolla el perfil psicológico de una mujer obsesiva, bipolar, que pasa de la ternura a la crueldad extrema en un instante. Un retrato espeluznante del arquetipo de la enfermera malvada que tiene su reflejo en la película del mismo nombre. Poco a poco la verás evolucionar en la forma que impone sus deseos mediante la tortura al escritor que comparte protagonismo con ella. Los castigos son cada vez más duros y aunque la película y el libro tienen sus diferencias, es una historia escalofriante a la par que subyugadora. Si no la has visto, te la recomiendo (la protagonista ganó un Oscar por su interpretación de esta psicópata). Si no has leído la novela, debes hacerlo. Y si quieres investigar más sobre esta asesina en serie cuyo pasado oculta una faceta de ángel de la muerte, pincha justo aquí.

En esta segunda recomendación, es indiscutible la maestría del autor para mostrarnos dentro del mismo personaje una transformación continua de víctima a verdugo. La protagonista es una mujer joven y atractiva que ha sido secuestrada y se encuentra en unas condiciones inhumanas. Sin embargo, poco a poco descubrirás junto a la brigada policial, que las cosas no son lo que parecen. Y no te dejará indiferente ese poso que esta novela dejará en tí y que es la carta de presentación de Lamaitre: cuestionarnos los límites entre lo moral e inmoral, entre la justicia y la injusticia. Una advertencia; no es apta para estómagos sensibles.

Tercera recomendación, y ahora me vas a permitir que barra un poquito para casa con esta novela, porque lo merece ya que muestra algo bastante inusual. Una serial killer patria. Una mujer cuyas motivaciones mutan de un asesinato a otro. Lo que comenzó siendo una necesidad como una respuesta a los intolerables abusos, va creando una situación insostenible que requiere de tanto en tanto, vuelva a asesinar por necesidad. La autora hace un trabajo muy interesante con la psique de esta protagonista dotándola de pinceladas que la humanizan en sus preocupaciones y sus reacciones. Mucho más allá de la clásica envenenadora o de la mujer melindrosa, Susana Rodríguez Lezáun nos descubre aquí la mente calculadora y fría de una asesina sin remordimientos.

En cuarto lugar te presento una novela cuyo principal punto fuerte es que desarrolla la relación de una asesina y sus cómplices. Todas mujeres. En este caso, la autora nos muestra el día a día de cuatro mujeres, cuyas vidas cambian a raíz del asesinato que comete una de ellas. Es una novela en la que, como te comentaba en la segunda recomendación, vas a encontrarte deseando que la asesina y sus cómplices se salgan con la suya pese a lo escalofriante y descarnado del asunto. Es una novela negra escrita al estilo clásico, concisa y sin florituras. Con las palabras y descripciones necesarias. Y además, refleja en profundidad, detalles de una sociedad y una cultura de la que solo tenemos conocimientos superficiales.

Esta sexta novela fue un gran descubrimiento del año pasado. Al estilo de P. Highsmith, Laila Slimani profundiza en la psicología femenina con mucha agudeza. En concreto busca la motivación que ha podido llevar a una niñera cariñosa y dócil para llegar a ser una asesina. El retrato es totalmente verosímil y terrorífico. La transformación de un cuento de Disney en una película de terror es palpable y angustiosa. Cómo una persona de confianza se torna en alguien peligroso. Mucho. Desde las primeras páginas la culpabilidad e incomodidad te sacuden sin perdón. Una novela que duele y se atraganta porque refleja a la perfección la realidad del universo femenino.

 

Pst, pst: no se vayan todavía, aún hay más.

¿Qué sería de la novela negra sin nombrar a los clásicos? Me atrevo a decir que las tragedias griegas son imprescindibles para entender la novela negra e incluso para darle un giro de tuerca. Todo está allí. Busca una motivación cualquiera para cometer un crimen y encontrarás que los griegos ya nos lo contaron.  Quizá el modus operandi resulte algo anticuado o recurra a la magia, no te diré que no, pero, a la vista de los resultados, hay que reconocer su efectividad. Salvando el hecho de que la historia se escribió en el año 431 a.C. hay que conceder que la protagonista tiene un buen calado psicológico. Sus acciones responden a un despecho, a la traición por parte de su marido quien la ha repudiado sin importarle que esté completamente enamorada de él o que ella sea la madre de sus hijos. El, ajeno a todas estas cuestiones, pretende casarse con otra princesa y la protagonista, en venganza, entra en acción. Simula que no le importa y envía a sus hijos con regalos para la feliz pareja. Pero esos presentes ocultan un conjuro mortal. Al más puro estilo de “Juego de Tronos” aquí no queda vivo —casi— ni el apuntador. Una buena noticia: por ser un clásico de la literatura, puedes conseguirlo gratis aquí.

¿Me sugieres alguna otra novela? ¿Conocías estas? ¡Cuéntame, por favor, me encantará saberlo! Y si te ha parecido un artículo interesante me haría mucha ilusión que lo compartieras.

Lee. Disfruta. Cuéntame.

Menos sangre que un limaco. Esos personajes sin arco dramático.

Los humanos somos una especie emocional. Criaturas que experimentan y responden a la emoción de forma visceral. Es lo que nos conecta, lo que genera empatía y nos lleva a reaccionar tanto de forma positiva como negativa frente a los demás. Por eso los personajes principales de las novelas y películas son suelen ser proactivos. Actúan y sufren conflictos —internos y externos— que les llevan a transformarse. Al menos eso es lo que espero encontrar en un protagonista al leer un libro o ver una película.

 

¿Tú también? Supongo que sí. Porque no nos engañemos, nos gusta ver sufrir a los personajes, aunque también queremos ver como superan sus obstáculos. Vivimos con ellos una especie de catarsis, de terapia improvisada que nos prepara psicológicamente para enfrentarnos a nuestras propias dudas, miedos, defectos y remordimientos.

 

Ese cambio en el personaje es lo que en literatura se denomina el arco dramático. Es el responsable de que empaticemos con la historia y el protagonista, y como te decía, lo que esperamos encontrar en las novelas la gran mayoría de lectores.  Pero a veces esa magia sencillamente no ocurre. De hecho en estas últimas semanas me ha sucedido en dos ocasiones. Con un libro y también con un thriller: Toda una vida de Robert Seethaler y Tres anuncios en las afueras de Martin McDonagh. En ambas ocasiones el personaje principal me ha noqueado porque no tiene un desarrollo emocional y psicológico de transformación. Y sin embargo, ambos productos tienen una repercusión tremenda (no hay más que ver la lista de “oscarizables” para el cuatro de marzo o las entusiastas reseñas del libro).

 

Así las cosas, puse la centrifugadora en marcha. ¿Por qué unos personajes que no mutan, que no se transforman gustan tanto? Puede que cada ejemplo responda a una de las dos caras de la misma moneda.

 

La cara: Toda una vida


Esta no es una novela negra, ya sabes que leo de todo porque no solo de noir vive el hombre, como te dije aquí. Este “Toda una vida” fue la lectura propuesta para el club deborahdor de este mes. Aunque no pude acudir a la reunión por un asunto inesperado de confluencia planetaria, lo leí. Y como a Katixa, cuando volví la última página del libro se me quedó cara de interrogante.

Sábado. Confluencia planetaria. Evento deportivo – futbolero, reunión gastro – familiar y evento religioso – funerario. Todo en el espacio de unas horas. ¿Llegar al club de lectura? Misión imposible.

 

La novela tiene sus cosas buenas, no te diré que no. Es una lectura ágil y sencilla (son unas ciento cincuenta páginas) y su vocabulario es natural. La novela hace un repaso de la vida en Alemania durante el siglo XX a través de los ojos de Andreas Egger. Y ahí llega el problema. ¿Por qué? Porque su protagonista tiene menos sangre que un limaco. Le suceden mil calamidades y, probablemente por eso, como lectora sientes cierta empatía, pero es un personaje pasivo casi en su totalidad. A excepción de cinco momentos contados durante toda la novela, durante el resto del libro, Egger es únicamente el receptor de cuanto sucede. Un espectador casi indiferente, además.

 

Entonces, ¿qué razones existen para que esta novela se haya traducido a más de treinta idiomas, se haya llevado tantos premios (nominada al Man Booker Internaciona Prize y libro del año 2014 en Alemania) y cuente con la aceptación del público? ¿Estaré equivocada en mis percepciones? ¿Será que me he insensibilizado ante los nuevos recursos narrativos? ¿Se me está endureciendo tanto la piel? ¿O es que están cambiando los gustos de los lectores y ahora no es relevante que el personaje sufra una transformación personal? Aún sin resolver esta duda, llegó otro ejemplo para abundar todavía más en mi perplejidad.

 

 

La cruz: Tres anuncios en las afueras.


Un thriller apasionante, me dijeron. «¡Alla voy!», pensé. Pero terminó la película y, nuevamente, me quedé con cara de interrogante. Reconozco los méritos argumentativos de la cinta y la estupenda interpretación de Frances McDormand y Woody Harrelson en particular (a Sam Rockwell no soy capaz de verlo en otro registro diferente al de la Milla Verde, no hay papel que no me lo recuerde), pero el problema es que la acción pivota alrededor de la protagonista. Un personaje sin recorrido.

Mildred Hayes es fuerte, inteligente, una madre destrozada por el asesinato de su hija. Una mujer que puede mostrarse cruel o tierno como demuestra la escena del insecto casi al inicio de la película. Una protagonista de la que esperaba un crecimiento personal, una transformación. Y de nuevo no fue así. Aunque en este caso el error de apreciación fue mío. Lo descubrí días después, cuando las imágenes de la película volvieron a mi mente con efecto boomerang. Reconocí cuál era el papel real de la protagonista—del que no había sido consciente hasta ese momento—dentro de la historia. Mildred es importante y no por ser la protagonista—que también—, sino porque es el detonador y catalizador (con la ayuda de la carta del sheriff) del cambio de los demás personajes. Ella incita, actúa y acepta las reacciones que provocan sus acciones. Pero Mildred es la misma persona al inicio y al final de la película.

 

Ahí si le reconozco el mérito al inexistente arco dramático de la protagonista, porque ella es uno de los motivos principales del cambio de uno de los personajes. Para más señas el cambio es positivo, of course, que a la Academia estas cosas le gustan mucho. Aunque, en mi opinión, esa evolución del personaje sea algo forzada y superficial. Por eso me atrevo a adivinar que la réplica dorada del tío Oscar va a tener un lugar destacado en las estanterías de Frances McDormand.

 

¿Y tú, has leído a Seethaler?¿Y la película, la has visto? Me encantaría conocer tu opinión respecto a los protagonistas de ambas. ¿Tienes algún otro ejemplo de personajes que te hayan dejado fría? Me gustaría conocer tus impresiones, por favor.¿Te animas y me las cuentas?

Lee. Disfruta. Cuéntame.

Cupido y National Geographic: amor noir

¿Imaginas qué sucedería si Cupido, el mofletudo angelote, visitara las páginas centrales de la famosa publicación? Conociendo el “modus operandi” de National Geographic, yo me hago una ligera idea…

Esto es un búfalo
Así te lo muestra National Geographic

 

 

 

¿Te acuerdas de la época dorada de la revista? Todos hacíamos chistes a cuenta de cómo sus fotografías nos enseñaban la “realidad” del mundo. Siempre de un modo mucho más directo y en muchas ocasiones, incluso cruel.

Con Cupido, el amor y la novela negra pasa algo parecido. Ese sentimiento que todos anhelamos y que en muchos casos rige nuestra existencia se muestra con toda su crudeza en el género noir mal a pesar de S.S.Van Dine y su regla número tres.

Y es que en la actualidad, el amor pese a quien le pese, es uno más de los hilos que trenzan el argumento de las novelas negras. Y no solo en su fase romántica sino en toda su extensa tipología. Tiene su lógica, si lo piensas detenidamente, porque el amor — junto con la venganza y el dinero—, es uno de los tres grandes motivos en los que se engloban las razones principales para cometer un crimen.

Así las cosas, hoy, con motivo de la festividad del regordete angelito te muestro el decálogo más oscuro del amor y las novelas en las que puedes encontrarlo.

Ojo, advertencia. Odio los spoilers, por lo que no voy a destrozar el argumento de ninguna de estas novelas al contarte qué tipo de relación amorosa puedes encontrar entre sus páginas.

Es más, para averiguar qué personajes viven una situación como la que te relato, te recomiendo que las leas. Después, si te apetece, las comentamos.

Amor tóxico


Dicen que el amor siempre pesa más de un lado de la balanza. Se habla de que en las relaciones siempre hay uno que ama y otro que se deja querer. Pero cuando este equilibrio supera los límites naturales, cuando una de las personas ejerce un control excesivo o trata de dominar de forma enfermiza a la otra parte, el sentimiento agradable se torna asfixiante y puede llegar a hacernos tomar decisiones muy graves. Dentro de esta categoría podríamos incluir el amor obsesivo, los abusos psicológicos y físicos, la violencia de género… Por desgracia hay infinidad de ejemplos en nuestra sociedad. Y esto también se refleja en la novela negra, cuya naturaleza es inherente a la denuncia social. Encontrarás algunos ejemplos de este amor tóxico en:

El pantanoso.


Este tipo de relación es la que se construye sobre una mentira o un engaño. ¿Has visto algún episodio de Catfish? Es un programa que trata de desmontar esos perfiles falsos sobre los que algunas personas construyen su identidad en redes sociales. Y la verdad es que esta situación es más habitual de lo que crees. Vivimos maquillando nuestra realidad para hacerla más perfecta, más interesante, más atractiva de cara a la galería. El postureo es algo aceptado en la sociedad. Con estos mimbres, no es de extrañar que existan relaciones cimentadas en los terrenos pantanosos de la semi – verdad o directamente de la mentira.

Una novela que pone de manifiesto este tipo de relación es:

  • Deudas del frío (Susana Rodríguez Lezáun).

El amor trágico.


Si te pido que me digas un ejemplo de este tipo de amor es muy probable que tu respuesta sea “Romeo y Julieta”. Buen ejemplo. Generalmente el amor trágico implica una odisea para los amantes. Un cúmulo de contrariedades que desembocan sin remedio en un destino fatal para uno de los amantes o para ambos en algunos casos.

La novela que mejor retrata este tipo de amor es en mi opinión:

  • El cartero siempre llama dos veces. de James M. Cain

El de oficina.


“Donde tengas la olla…” Si. Es un refrán que has escuchado hasta la saciedad, pero que no por ello es efectivo. El hombre es el único ser que tropieza “x” veces (elevado a la enésima potencia además) con la misma piedra. Sabes que las relaciones en el trabajo no son buenas, que no te convienen, que si no salen bien (y eso es lo más probable) vivas un infierno ocho horas diarias cinco días a la semana durante todo el año laboral. Pero tú que llevas la tozudez por bandera, crees que a ti no te va a ocurrir, que tu relación es tan poderosa que salvará cualquier obstáculo…Puede ser. En cualquier caso, este tipo de relación es complicada y lleva aparejado cierto secretismo al comienzo, lo que dota al asunto de una magia engañosa que suele desaparecer a pasos agigantados. Aunque mientras dura la fase de enamoramiento…Todo va bien.

Podrás encontrar una relación de oficina en:

El amor bouquet


O lo que viene siendo el típico “picaflor”. Es decir, aquella persona que evita un vínculo estable con una sola persona y prefiere mantener escarceos amorosos con varios amantes.  Es lo que se conoce comúnmente como ir de flor en flor. Suele estar asociado a la juventud o bien a personas con algún tipo de alergia —en distintos grados—al compromiso.

Un buen ejemplo de este tipo de amor bouquet:

El Narciso


El mito de Narciso habla de un joven que se enamora de su propio reflejo. Ególatra y egoísta, el Narciso es un tipo sin posibilidad de amar a alguien que no sea él mismo. Los entendidos dicen que las personas narcisistas poseen una aguda inteligencia y rodean sus actos de excesiva grandiosidad; características que, en realidad, encubren problemas de baja autoestima. Este excesivo amor propio le depara unos sentimientos de satisfacción tan necesarios para su propio bienestar que incluso llegan a ser dependientes de esos actos desproporcionados y ostentosos. A su vez, las consecuencias de esta actitud de excesiva autoestima suelen desembocar en episodios de reacciones violentas con altibajos muy marcados en su temperamento.

Encontrarás un modelo de Narciso en:

El infiel.


Pocas explicaciones necesita este tipo de amor del que hay cientos de ejemplos en todas las novelas, pertenezcan estas al género negro o no.

Puedes leer una muestra de este amor tan ingrato en:

El triangular


Un amor a tres bandas. Un triángulo que suele ser escaleno o isósceles, muy pocas veces es equilátero porque en general establece relaciones desiguales. Acostumbran a tener un final abrupto ya que, a pesar de que el envoltorio con el que se presenta  este tipo de unión es muy atractivo y deseable, en última instancia suelen comportar sentimientos de ansiedad y competencia dentro de la relación.

Un buen ejemplo de triángulo amoroso en novela negra es:

  • La Dalia Negra de James Ellroy

El condenable


Desde el comienzo de los tiempos, junto al amor romántico —admitido y aprobado por la sociedad—, convive un tipo de relación conocida como “condenable”. Aquella que no está socialmente aceptada.  A lo largo de la Historia muchos idilios “especiales” — relaciones entre personas del mismo sexo, relaciones multirraciales, aquellas que sus miembros tienen una gran diferencia de edad e incluso relaciones entre miembros de la misma familia— han pasado por esta situación de rechazo social con diferente resultado en la actualidad.

Puedes encontrar algún ejemplo de este tipo de amor en:

Amor, amor.


Amor. El equilibrio entre intimidad, pasión y compromiso es la piedra angular de lo que conocemos como amor romántico. Ese cosquilleo en el estómago que te hace vivir con intensidad cada momento con la persona elegida. Este es un amor que no suele dejarse ver demasiado en la novela negra —como señalaba anteriormente es una característica condenada por los autores clásicos del género—, pero como las meigas gallegas: haberlos haylos.

Hay una preciosa historia de amor en:

  • Las flores no sangran (Alexis Ravelo).

Bonus track:


Amor filial.

¿Qué sería de un listado de relaciones de amor sin el más incondicional de todos ellos? El amor de los padres por sus hijos. Puro instinto. Este amor es irracional, absoluto e ilimitado y proporciona las herramientas necesarias para que seas capaz de proteger a tus retoños ante cualquier situación o elemento amenazador.

Un ejemplo de lo que los padres son capaces de hacer por sus hijos es:

  • Subsuelo de Marcelo Luján

¿Te ha gustado? ¿Te preguntas cómo es posible que haya “rescatado” de mi memoria detalles de tantas novelas? Te contaré mi secreto. No se debe a ningún acto sobrenatural, tan solo a tener registradas mis lecturas en la Guía Definitiva. Fácil ¿verdad? Y tú también puedes descargártela aquí.

¿Me recomiendas una novela negra en la que el amor juegue algún tipo de papel? Por favor cuéntamelo. Tienes los comentarios a tu disposición. Y si te ha gustado el artículo, puedes compartirlo, me harás muy feliz.

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