Con raya en medio (IV)

Los abogados son una fuente inagotable de inspiración para cualquier relato o novela criminal. ¿Quién no recuerda Las dos caras de la verdad o Matar a un ruiseñor, por ejemplo? Son personajes que dan mucho juego porque bailan casi siempre con la más fea: la conciencia. Tanto la propia como la de la sociedad.

Me he preguntado miles de veces cómo dormirá el abogado defensor de un asesino, o si tendrá alguna fórmula para no ser tan concienzudo en su trabajo cuando sabe positivamente que su cliente es un criminal y no hay dudas de su implicación en un crimen, por ejemplo.

Pero he querido ir un paso más allá dentro de la ficción, claro está. ¿En qué situación un abogado renunciaría a la defensa de su cliente? Entiendo que no sería por mala conciencia, ya que es un oficio en el que se presupone que te encontrarás más de una vez con situaciones desagradables o totalmente contrarias a tus principios y valores (o no, vaya usted a saber, que hay personas para todo en esta vida).

Así, imaginé una situación comprometida en la que la defensa de un acusado fuera realmente difícil. No porque las pruebas le incriminasen desde un inicio sino por una especial habilidad del sospechoso. Y he creído que el mejor escenario posible para esta historia es una relación ya rota en la que uno de sus miembros continúe enganchado a la persona con la que compartió su vida durante un tiempo y que ahora, disfruta de su tiempo con otra pareja.

Probablemente haya algún abogado en la sala (ejem, ejem), así que solicito su benevolencia si considera que he metido la pata y les agradezco de antemano cualquier sugerencia para mejorar en un futuro.

No me extiendo más. Aquí te dejo con el audiorelato de esta semana que lleva por título Con raya en medio. Como siempre, me encantará conocer tus opiniones sobre él, así que te espero en los comentarios.

 

Lee. Disfruta. Cuéntame.

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