Novela policiaca: cada Cuerpo es un mundo

Ya dije por aquí hace unas semanas, que estoy de acuerdo con la máxima de Marcelo Luján, quien afirma que en el país del género negro, la novela policíaca es una provincia más.  De hecho, probablemente sea la provincia más conocida y más internacional ya que ha sido la que con sus cuerpos de seguridad, más popularidad le ha proporcionado al género negro a nivel mundial, tanto en las versiones de investigadores policíacos como privados.

Pero aquí, a nivel nacional,  donde la figura del detective tiene vetada la participación en la resolución de crímenes, el investigador policial es el rey del subgénero.

Por eso hay quien opina que  este subgénero patrio obecece a patrones más o menos parecidos, que repite estructuras y las novelas difieren muy poquito unas de otras. Bueno, pues dedico con todo cariño este post para esos “ateos” del género. Porque con independencia de los argumentos, puntos de vista de los personajes o recursos literarios narrativos, también hay algo que diferencia los policiales.

Los Cuerpos.

Que dicho así, oiga tiene su puntillo sugerente ¿verdad?  Los cuerpos… En fin. Lo que quiero decir, es que frente al procedimiento más o menos común de una investigación, a mí también me parece curioso colarme entre las filas de los investigadores de las distintas instituciones policiales para poder vislumbrar sus quisicosas.  Las relaciones entre las diferentes corporaciones, ( no siempre el trato entre los cuerpos es cordiales, ni las competencias están convenientemente diferenciadas, y eso se presta a que las novelas tengan algunos matices la mar de interesantes desde mi punto de vista).

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Que se pare el mundo que yo me bajo.

Lo he intentado, de verdad que sí. Me he sentado delante del ordenador varias veces, e incluso he intentado escribir el artículo semanal a mano. Pero no he podido.

Hay momentos en los que el cuerpo te pide salsa.   (ejem, no), en los que te exige que pares, que te detengas ( ya se que es un chiste malo pero al menos no he perdido el humor, menos mal). Mis cervicales en estos instantes me están ayudando a adaptar el currículum vitae para un posible puesto entre las filas de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona, por si quieren ampliar la plantilla (léase: que no puedo ni mover el cuello, vaya) y la verdad es que están resultando unos días un poco difíciles.

Así que ponerme al ordenador más de dos minutos y medio es casi una gesta heróica. Por eso la publicación de la semana pasada fue un par de días más tarde de lo habitual. Y por eso esta semana no hay artículo.

Pero estoy haciendo todo lo posible para retomar el ritmo habitual.

Mañana tengo cita con el crujehuesos y sigo con una estricta dieta de dopaje bajo prescripción facultativa (lo cual si te soy sincera me empieza a preocupar porque mi habitual visión “negra” del entorno se está transformando en un rosa piruleta inquietante gracias a la medicación que no sé yo… ).

Así las cosas solo me resta desearos una feliz semana y que hagáis justo lo contrario de lo que voceaba Lola Flores (aquello del si me queréis irse): Por favor,  si me queréis,  volved la semana que viene. Prometo un artículo la mar de interesante.

Cruzo los dedos para que entonces me encuentre en plenas facultades.

Mientras tanto, ya sabes…

Lee, disfruta y si quieres, cuéntame.

Tres novelas negras gráficas imprescindibles

—¡Bob Esponja, mamá! Se parece a Bob Esponja. No es…¡Pero se parece! Me voy a comer un ojo y luego los brazos y las piernas. Son patatas fritas, ¿verdad?

A mi hijo no le gusta  gustaba la tortilla. Ni francesa, ni de patatas, ni de ningún otro tipo. Pero le encanta Bob Esponja. Así, que echándole un poco de ingenio, conseguí perpetrar una cena en la que una tortilla francesa tenía cierto parecido a su amigo, el de los dibujos animados. No se la terminó, pero al menos conseguí que la comiera. ¿Por qué te cuento esto?¿Qué relación tiene con las novelas negras? Pues porque la identificación es muy importante. Muchas veces relacionamos géneros literarios con imágenes o sensaciones fijas y estas nos acercan o alejan de su lectura tan solo por razones emotivas. Como me ha pasado con las novelas gráficas y los cómics.

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Novela negra para niños, en serio.

Novela negra para niños. Cuando hablo de este tema, hay quien no se cuestiona que dentro de este género existen multitud de subgéneros (intriga, misterio, etc)y se echa las manos a la cabeza cuestionando mi cordura, pero seamos serios. En nuestra generación hemos consumido crueldad desde bien niños. Los cuentos de nuestra infancia no fueron precisamente unos ejemplos de delicadeza, blandura y buenas costumbres. Recordemos a  Hansel y Gretel, quienes fueron abandonados a su suerte en el bosque por sus propios progenitores, Caperucita quien a pesar de su corta edad se enfrentaba al terrible asesinato de su abuelita o a Blancanieves, a quien su madrastra trató de envenenar.

 

Además, la cosa no mejoró con el paso de los años porque con el evidente progreso de los cuentos infantiles a los dibujos animados, nos topamos de frente con otra paletada de violencia y crueldad. Dragones y mazmorras se consideró la serie animada más violenta mostrada en televisión y Heidi, ese alma supuestamente cándida, estuvo a puntito de despeñar a Clara monte abajo en su silla de ruedas, por no mencionar ese columpio suicida del que si la chiquilla se llega a caer se acaba la serie en el segundo capítulo. Y qué me dices de Marco, pobrecico mío, embarcado en una travesía épica, cruzando el océano en busca de su madre con la única compañía de su mono Amedio. Hoy, por bastante menos actúan raudos y veloces los Servicios Sociales. Así que no, no creo que sea una locura que nuestros niños se inicien en novelas de misterios. Nosotros lo hicimos y no hemos salido tan mal ¿No?

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¿Por qué recomiendas un libro? Ese difícil arte

Cada lunes, desde el grupo de Facebook “Más allá de la lectura” Alicia, Inma, Laila, Pilar y yo misma, te hablamos de una novela que nos ha gustado especialmente y te pedimos que tú también nos aconsejes una lectura. Recomendar un libro. Ajá. Y eso me lleva a la siguiente reflexión: ¿Qué debe tener una lectura para que la adoremos  y consiga que la recomendemos? Como de costumbre, he puesto la centrifugadora en marcha y he llegado a la conclusión de que es cuestión de que el escritor consiga que el lector se involucre en la lectura de alguna forma.

Bien porque la “intrahistoria” llega al corazón del lector e impacta de lleno o bien porque tenga unos personajes empáticos y memorables… Pero esto me lleva a la siguiente cuestión ¿Qué pasa con la novela negra, thriller o criminal? ¿Cómo consiguen los autores que nos involucremos dentro de la historia? Porque a priori, no es sencillo empatizar con la retorcida mente de un psicópata… Al menos para mí.

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