Yo, de mayor, quiero ser Sherlock Holmes: El método.

“Con tanta novela se te van a derretir los sesos como al Quijote.” Quién no haya escuchado algo parecido en su vida, que levante la mano. Ehmmm, bueno, igual no te lo han dicho así, pero seguro que en alguna ocasión alguien ha puesto en tela de juicio tus ávidas motivaciones lectoras. Pues ha llegado el momento de dejarles a todos calladitos porque te traigo algo especial. ¿Qué tal si pudieras aplicar el método inductivo – deductivo de Holmes en tu día a día?

Emular a nuestros personajes favoritos. ¿Por qué no? Hay muchos protagonistas interesantes en el panorama literario, pero para mí, ninguno como Sherlock. Y atendiendo a las réplicas de este personaje en multitud de series y novelas (House, Monk, El cabo Holmes, etc) creo que acierto si digo que no soy la única que le profesa admiración. Pero, ¿por qué resulta un personaje tan atractivo y fascinante pese a sus adicciones y modos poco afables?  Y es más, ¿podríamos ser capaces de emularlo en la vida real? No solo para descubrir quién se terminó el fuet, sino para realizar deducciones fiables en nuestro día a día que nos ayuden a tomar mejores decisiones; más racionales y alineadas con nuestros objetivos.

Pues eso es lo que te traigo hoy. Si. Y parece que funciona. Bueno, es cierto que aún tendrás que bregar con un pequeño sambenito, es posible que cargues con la etiqueta de persona algo excéntrica, pero para mí eso es peccata minuta. ¿No crees? Los beneficios son mayores.

Según Maria Konnikova y su libro “Cómo pensar como Sherlock Holmes”, es posible entrenar a tu cerebro para activar las capacidades de observación y deducción tan características del personaje. Tan solo hay que basarse en aumentar tres elementos: la percepción, el pensamiento crítico y las conexiones entre las ideas. ¿Sencillo? Puede,  pero no fácil.

Un ejemplo es el mejor modo de verlo claro. Hace unas semanas me llegó un vídeo escalofriante. Unos adolescentes intentaban utilizar un teléfono analógico antiguo, de los de rueda, y no atinaban. Eso me dio que pensar un par de cosillas. Punto número uno: qué mayor soy (argh) que dilatada experiencia vital tengo (ejem) y punto número dos: yo sé usar el teléfono súper analógico pero ¿por qué?¿Cómo me enfrentaría al desafío de hacerlo funcionar si fuera un objeto novedoso para mí? Nuestro amigo Holmes nos da la respuesta.

Observación


En primer lugar, tenemos que volver a la infancia por un momento. El motivo es que esa etapa de la vida supone un aumento de curiosidad, algo necesario para desarrollar la observación. Pero no vale fijarse a lo loco en cualquier cosa, no. Debe ser una atención centrada para discernir los pequeños detalles que generalmente  pasan desapercibidos. Entrenar esta acción implica mirarlo todo con ojos de niño, sentir curiosidad y enfocarnos únicamente en aquello que estamos observando.  Pero ojo, también son importantes otros requisitos como reducir la velocidad, buscar las discordancias, recopilar la información relevante y cierto escepticismo.

Tiene su lógica. Para poder hacer una buena observación tienes que hacerlo con tranquilidad, no se puede percibir algo con la atención trabajando a la velocidad de la luz. Es imposible. Por otra parte, tendemos a buscar hipótesis que reafirmen nuestras creencias, pero el método Holmes indica justo lo contrario. Tienes que buscar las incongruencias, porque son las que te darán la clave del asunto, y además, debes procurar aceptar la información de manera apropiada (suele llegar sesgada por cientos de filtros como experiencias anteriores, prejuicios, etc). Por eso es preciso el escepticismo del que te hablaba hace unas líneas, un poco de reflexión que ponga en jaque la credulidad natural de nuestra mente.

En el caso de nuestro teléfono, los adolescentes se acercan a él con curiosidad, incluso con recelo porque no saben qué pueden encontrar. Lo miran, lo remiran, y finalmente se atreven incluso a tocarlo.

Pensamiento crítico: creatividad e imaginación.


Si tuvieras que enfrentarte a un elemento o problema desconocido hasta el momento, ¿qué harías? Poner a trabajar la mente. Intentar conocer el asunto con la mayor profundidad posible, analizar toda esa información y razonar con lógica de manera crítica, ¿verdad?

Volviendo a nuestro extraño aparato de telefonía, piensa por un momento ¿Por qué sabes cómo se utiliza un teléfono antiguo? Porque comprendes el objeto y su funcionalidad (has visto cómo lo utilizan tus padres, etc). De toda la primera fase de observación, nuestros entusiastas muchachos han conseguido extraer una serie de ideas (hay que oírlos, que no tienen desperdicio) con las que elaborarán unas cuantas hipótesis.

¿Recuerdas aquel concurso de la televisión en el que la consigna era “esto sirve para”… y los concursantes enumeraban diferentes utilidades (diferentes a las habituales) de un objeto? Pues esto es algo parecido. Cualquier idea es válida. Es la conocida “lluvia de ideas”. No importa lo extrañas o locas que parezcan. Aunque creas que es un despropósito. Regístrala. Piensa que la solución provechosa a un asunto se encuentra cambiando la forma de proceder. Este es un momento creativo. Hay que innovar, acepta todas las ideas. Posteriormente  relacionarás todo lo que has sacado en claro con tus conocimientos y eso te permitirá establecer un filtro adecuado.

Establece conexiones y guarda la distancia adecuada.


¿Recuerdas el sambenito que te comentaba al principio? Si. Lo de cargar con la etiqueta de “persona excéntrica”. Bien. Pues ese apellido es gracias a esta última fase. Establecer conexiones que para otras personas son imperceptibles se consigue de manera un tanto peculiar ya que supone pensar de manera diferente. ¿Cómo? Estableciendo relaciones y conexiones mentales entre recuerdos y experiencias para solidificarlos en nuestra memoria y poder extraerlos en el momento preciso.

Un punto importante para poder tener unas vastas conexiones es ampliar los conocimientos a todo tipo de campos. La diversidad es básica, al igual que la codificación de la información que juzguemos importante (mediante mapas mentales por ejemplo). Eso nos ayudará también a no pensar de manera lineal. El quid de la cuestión reside en combinar nuestros recuerdos y experiencias, sin que eso limite nuestras deducciones a lo conocido, para obtener una nueva idea, más creativa y alineada con el problema que intentamos resolver.

Y el mejor método para lograr unos buenos resultados es mantener la objetividad, cosa difícil en tanto el asunto sea cercano. Por eso la propuesta es guardar distancia realizando una actividad totalmente diferente al problema que tratamos de solucionar o ver el problema desde otro punto de vista, como si fuera el asunto de otra persona,  desde fuera.

En el vídeo del teléfono, este momento está muy claro. Su referencia son los móviles de última generación, por eso tratan inútilmente de llamar. Las conexiones de sus recuerdos y experiencias les animan a marcar el número y descolgar después. Sin embargo, esa referencia es también su sesgo ya que les resulta una acción limitante en la que caen una y otra vez. Si consiguen superar esa forma de actuar y se abren a nuevas opciones, es posible, pero solo posible, que logren establecer contacto…

Si quieres ver el vídeo completo, pincha aquí.

Ring, ring. ¿Aló? ¿Te ha parecido curioso?¿Te animas a utilizar el método Holmes en tu día a día? Cuéntamelo por favor.  Y además te pido una cosilla, si consideras que el artículo es interesante, me harías un gran favor compartiéndolo. Muchas gracias.

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