Lo que es, es; y lo que no es, no es. Parménides de Elea y los mitos de la novela negra.

Hoy voy a desmontar diez mitos de la novela negra. Aún a riesgo de que los puristas del género se me suban por las paredes, creo que hay algo que es conveniente distinguir. Novela negra no es lo mismo que novela negra. Y no, no me he dado un golpe en la cabeza ni tengo intención de volverte del revés con farragosas peroratas intelectuales. Nada de eso. Es mucho más sencillo. Verás.

Novela negra como género es un concepto totalmente diferente al término que acuñó allá por los años treinta el trío Hardboiled (Hammet, MacDonald y Chandler). Pero tendemos a confundirlo de la misma manera que solemos identificar a la novela negra con el subgénero policíaco a pesar de que en esta disciplina los subgéneros son múltiples y variados.

Por eso, hace unas semanas, cuando Ana Bolox defendía por aquí  que ella no escribe novela negra, se me rebelaron las pecas. ¡Eso no es así! Lo siento, Ana. Nein, nein. Ya sabes que no soy muy amiga de encarnizadas polémicas, pero frente a la apreciación (errónea en mi opinión a pesar de que luego lo matizó) de mi querida Ana, creo que es interesante aclarar unas cosillas y desmontar, ¿por qué no? algún que otro mito sobre el género negro que suele dar lugar a despistes y discusiones que, según mi criterio, son un sinsentido.

“La novela negra..


Se mueve en ambientes urbanos, nunca rurales.


El origen de esta afirmación responde a otra época en la que los entornos rurales se relacionaban con un tipo de vida menos peligrosa, más bucólica e inocente. En contraposición con la ciudad, el entorno rural se entendía como un lugar seguro en el que sus habitantes eran gentes sencillas y pacificas. Los ambientes rurales eran espacios tranquilos en los que nunca podían ocurrir sucesos tan violentos como en la urbe.

Si bien es cierto que aún se hace difícil entender algunos tipos de narraciones (como las de grupos criminales específicos o amenazas mundiales) dentro de un entorno campestre, si que puedes encontrar estupendas ambientaciones rurales que dan el marco preciso a novelas negras tan buenas como Quien con fuego (Carlos Ollo) o El caso de la mano perdida (Fernando Roye).

Debe mostrar violencia física.


Maticemos. Una novela negra sin violencia es como un coche sin frenos. Carne de catástrofe. Esa historia no va a funcionar. La violencia es una característica  inseparable de la novela negra. Pero eso sí, ha cambiado. Donde antiguamente debía aparecer una pelea, un navajazo o un disparo, hoy en día puede haber mucho más. Si. Hablo de violencia psicológica, no solo física. Y también esta se refleja en la novela negra como por ejemplo en La caricia de Tánatos (Maria José Moreno) o en Lo que no se ve (Ana Cepeda) o Detrás de la Pistola (Cristina Grela).

Es cruda y en ella no tiene cabida el amor.


Mal que le pese a S.S Van Dine como ya comenté por aquí, hoy en día la novela negra también tiene su corazoncito y explora las diferentes formas de “amor” que hay en la sociedad. Desde el amor tóxico, hasta el romántico pasando por el condenable, el trágico, el pantanoso…

Atendiendo a todas estas opciones, verás que es fácil encontrar novelas negras en las que uno de sus hilos argumentales responda a una historia de amor como en la Trilogía de la ciudad blanca o la Serie Cestero de Ibon Martín.

Es racional, lo fantástico no está admitido.


Este es un principio admitido desde los orígenes de la novela negra y que ha funcionado sin fisuras hasta hace poco tiempo. De hecho la parte más purista sigue manteniendo este argumento como un puntal básico para entender el género. Pero atendiendo a la realidad, no podemos ignorar que con la globalización y la evolución de todos los géneros, también la novela negra está expuesta a maridajes anteriormente impensables. Como ejemplo puedes leer la Trilogía del Baztán (Dolores Redondo), donde el crimen convive con criaturas mitológicas y sobrenaturales como el Basajaun.

Desvela la resolución del crimen en las últimas páginas de la novela.


Esta es una afirmación que tiene su fundamento en el movimiento británico  Whodunit de los años 20-50 según el cual durante la novela se van concediendo pistas al lector para que pueda llegar a deducir la identidad del criminal (generalmente un asesino). Años después, sin embargo, surgieron otras tendencias como el Howdunit o el Whydunit, que se enfocaban en el modus operandi y en el motivo que tuvo el criminal para cometer el delito. En estos últimos casos, el interés no se centra en el asesino sino en las preguntas que rodean al crimen. Puedes encontrar un par de buenos ejemplos en Canción Dulce (Leila Slimani) o en Memento Mori (César Pérez Gellida).

Responde a una estructura concreta.


Con esto no me estoy refiriendo al consabido inicio, nudo y desenlace (que también), sino también al patrón genérico de asesino, sospechosos, víctima, pistas falsas, etc. La novela negra ha cambiado y con ella, las estructuras formales y de estilo también lo han hecho. Ahora el narrador ya no es siempre omnisciente ni el hilo temporal obedece exclusivamente al orden cronológico. Tampoco los diálogos tienen que seguir de forma impasible las reglas ni el lugar en el que transcurre la acción se aviene a la realidad pese a ser un espacio ficticio. Como consecuencia, las novelas negras que surgen del dinamitado de las reglas clásicas, suelen ser de lectura algo más trabajosa, pero igualmente son muy interesantes y como ejemplo puedes leer el último premio Hammet: Madrid: frontera (David Llorente).

Si hay un crimen, es novela negra.


Pues va a ser que no. Por mucho que las editoriales se empeñen en tildar de género negro algunas novelas únicamente porque entre sus páginas hay un crimen, no siempre es así. Para que una historia pueda considerarse dentro del género debe cumplir muchas más características ( y aquí es donde suele comenzar el conflicto). Sin querer entrar en consideraciones polémicas, me gustaría preguntarte ¿Consideras una novela negra a Crimen y Castigo, Los pilares de la tierra o El país bajo mi piel? En todas ellas hay crímenes, pero no por eso corresponden al género noir. Delinear el mapa de la novela negra es muy complicado y no seré yo quien establezca sus límites, pero como ya dije por aquí, en mi opinión no cabe que por motivos económicos o editoriales se introduzcan dentro del mismo grupo novelas que no comparten género.

Los motivos del criminal son amor, venganza o dinero.


También en esto han evolucionado los antagonistas de las novelas. Tradicionalmente, las motivaciones del criminal se podían englobar en estas tres categorías, pero hoy en día, a pesar de que estos tres impulsos continúan siendo válidos, no son las únicas razones por las que actúa el asesino. Y con esto no me refiero a que las causas de un asesinato estriben en los problemas psicológicos del criminal, sino a otro tipo de fundamentos, como por ejemplo la necesidad de trascender mediante el asesinato. Un ejemplo claro de esto es la primera parte de la Trilogía Versos Canciones y trocitos de carne (César Pérez Gellida).

Debe ser como una lija, tiene que molestar.


Si bien es cierto que una de las bases del género es reflejar la sociedad con intención de denuncia, hay que reconocer que dentro de la novela negra existe un subgénero llamado cozy en el que el sexo y la violencia se rebajan a la mínima expresión. En estas novelas, como puedes suponer, la denuncia social tampoco es una de las máximas, por lo que resultan lecturas de esparcimiento amable, sin más pretensión que entretener (y no es poco). Dentro de estas novelas negras se encuadran las tradicionales como La Piedra Lunar (Wilkie Collins) de la que hablé hace unos días aquí,  la serie de Miss Marple (Agatha Christie), y en nuestra época, las que escribe Ana Bolox. Tanto las de la señorita Starling como las de Carter &West. 

Es policial y conlleva una investigación.


Si bien es cierto que por costumbre se tiende a asociar la novela negra con el género policiaco, no deberíamos olvidar un pequeño matiz. Como afirmaba Marcelo Luján en sus talleres de la última edición de Pamplona Negra, en el país del género negro el policial es una provincia más. Es decir, un subgénero. Probablemente el más famoso y el que más recorrido le ha dado a estas novelas, pero no el único. Si necesitas un ejemplo, puedes leer los dos últimos premios Hammet: Subsuelo (Marcelo Luján) y Madrid: frontera (David Llorente). Con ellos se pone de manifiesto que la novela negra está en pleno proceso de cambio y que, además, es mucho más que una investigación policial.

 

Por todos estos motivos (en especial el número nueve), me atrevo a afirmar sin lugar a dudas que Ana Bolox sí escribe novela negra. ¿Estás de acuerdo? Me encantaría conocer tu opinión. Si te apetece puedes dármela en los comentarios.

 

Lee. Disfruta. Cuéntame.

¿Te has quedado con ganas de más? Suscríbete a la Newsletter

Rellena el formulario y, cada mes, recibirás contenido exclusivo del género: novedades, agenda y salseo noir.

We respect your privacy.

2 thoughts on “Lo que es, es; y lo que no es, no es. Parménides de Elea y los mitos de la novela negra.

    1. ¡Claro! Conociéndote creo que una buena elección sería La Dalia Negra. No es la típica novela negra por muchos motivos. Está encuadrada en los años 50, en Estados Unidos. Personajes muy interesantes, buenos diálogos y una trama muy bien urdida. De postre, los paralelismos posteriores que se han podido establecer (la novela hace referencia a un caso real). Te la recomiendo aunque hayas visto la película. Ya me contarás.
      Besotes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *