5+5 novelas para pasar un verano criminal

No tengo remedio. Cada año en estas fechas tropiezo con la misma piedra..

Llegan el calor, la piscina y las vacaciones. Me emociono porque eso, en principio supone más tiempo para relajarse (muy necesario) y para disfrutar de la familia, amigos y aficiones que, en mi caso son dos: leer y escribir. Así que cada mes de Julio, la semana previa a San Fermín (el primer tramo vacacional del año), entusiasmada, hago un petate con todas los libros que quiero leer durante los meses de verano.

Y no sé a ti, pero a mí con los libros me pasa lo mismo que con los dulces. Como más con la vista que con el estómago. Sobrecargo el Kindle (bendito sea el invento, porque antes las maletas pesaban una barbaridad con tanto libro) y generalmente termino las vacaciones con la sensación —errónea—de no haber aprovechado lo suficiente el tiempo.

Pero el llorar se va a acabar.

Este año, que estoy de con el modo “organizada y reflexiva on”, he decidido que voy a ir pasito a pasito y me voy a preparar las lecturas por semanas. Con mucha suerte y teniendo en cuenta que el verano son un par de meses, podré leer unos ocho o diez libros en estas fechas. Así que en esta ocasión he confeccionado un listado acorde al tiempo con el que cuento.

Si lo dejase así, esto no pasaría de ser una lista de deseos estival, pero a mí me gustaría que si te apetece, me acompañes o te apuntes algunas sugerencias criminales. De ahí lo del 5 + 5 del título. He preparado cinco categorías y en cada una de ellas he puesto dos libros. Uno que ya he leído y que te recomiendo (con su correspondiente argumentación) y otro libro que es el que quiero— y supuestamente— voy a leer.

Best seller


Patria / La mujer en la ventana

Patria (Fernando Aramburu)

Esta ha sido la típica lectura que me han recomendado hasta la saciedad, pero que me resistía a leer porque el tema me resultaba escabroso y creía que me iba a dejar mala sensación. Afortunadamente no ha sido así, he disfrutado muchísimo del estilo narrativo del autor. También de la historia y de la visión que da sobre el conflicto vasco. No se moja ni toma partido, bien es verdad, pero demuestra una gran habilidad al pasar por ambos lados mostrándonos lo que ya sabemos. Que las dos orillas están llenas de perdedores.

La mujer en la ventana (A.J. Finn)

Desde que salió al mercado ha tenido un éxito abrumador. Las críticas han sido positivas y ha cosechado un gran número de seguidores. En principio estas son algunas de las pistas que me suelen distanciar de un libro, pero no sé porqué me pareció que quizá merecería la pena leerlo. Lo apunté a pesar de que por la sinopsis le intuyo cierto aroma a “inspiración” de “La ventana indiscreta” de Hitchcock. Veremos.

Clásico


El cartero siempre llama dos veces / A sangre fría

El cartero siempre llama dos veces  (J. Mc Cain)

Parece mentira que todavía no lo hubiera leído. Gracias a Cris Mandarica y a Alexis Ravelo (cómo no), llegué a este clásico del género negro que disfruté como una niña. Me convenció ese “noir” relacionado con la fatalidad, la historia de pasión, esa ruptura con todas las lecturas policiacas que había estado consumiendo hasta ese momento. Gracias a esta novela recordé que el género negro es mucho más que una investigación policial. Si buscas una historia negra lejos de comisarías y patólogos forenses, dale una oportunidad. Seguro que te gusta.

A sangre fría (Truman Capote)

Otra de esas novelas que me han recomendado hasta la saciedad y que tengo en la estantería a la espera. De este verano no pasa. Conozco al autor, pero en otra faceta más dramática (El arpa de hierba), así que me gustaría descubrirlo en este género. Ya me he comprometido con Esther Magar, que me la recomendó— una vez más— hace unas semanas, así que espero disfrutarla como seguro merece.

Relatos inquietantes


La habitación de Nona / Cuentos escogidos

La habitación de Nona (Cristina Fernández Cuevas).

Soy una enamorada de los relatos inquietantes. Me encantan Roald Dahl, Etgar Keret, Robert Bloch, y ahora en esta lista también incluyo a Cristina Fernández Cuevas y su habitación de Nona. De todos los relatos me quedo con “Interno con figura”, pero no quiero dar pistas que puedan descubrir más de lo necesario, así que si te gustan los relatos o te apetece darles una oportunidad, te lo recomiendo.

Cuentos escogidos  (Shirley Jackson)

Si al interés que profeso por los relatos, le añadimos que esta mujer es un referente para Stephen King y que ha sido una de las lecturas que ha preparado Deborahlibros para el Club de Lecturas del Molino de San Andrés (al que sabía que no podría ir en esta primera cita y por eso no lo he leído aún)… Pues no va más. Apuntado y preparado para hincarle el diente.

Escritor local


Sin retorno/ A la luz del vino

Sin retorno (Susana Rodríguez Lezáun)

Es fácil encontrar novelas negras entre los autores consagrados, pero también me gusta colarme entre las filas de los futuribles (y si además son locales mejor, para conocer el panorama) porque siempre hay más de una sorpresa agradable. Como por ejemplo la trilogía de Susana Rodríguez Lezáun. Esta primera novela se desarrolla en Roncesvalles, al comienzo del Camino de Santiago. Es una historia entretenida cuya continuación, para mi gusto, es incluso mejor. Además, si te da pereza el asunto de las sagas por inconclusas, te doy la buena noticia de que hace poco se publicó la tercera novela (todavía no la he leído, pero está apuntada), por lo que ya tienes la historia al completo a tu entera disposición.

A la luz del vino (Carlos Ollo Razquin)

Esta es la segunda novela del tándem de los Villatuerta a quienes conocí en ¿Quién con fuego? Tengo ganas de leerla porque Carlos escribe bien, hila y trenza las historias con sensatez y sus personajes están muy bien caracterizados.  A la luz del vino espera paciente en la estantería desde hace meses; cosas de la vida, otros libros han echado el intermitente y la han adelantado. Pero ha llegado el momento. El verano es la estación ideal para leerlo y degustarlo con una buena copa de vino en la mano.

Últimas publicaciones


Cuando sale la reclusa / La novia gitana.

Cuando sale la reclusa (Fred Vargas)

Soy incondicional del peculiar comisario Adamsberg. Llevo leídas cinco de las doce novelas publicadas de la saga. Y algo debe tener porque este mismo año, la autora ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias 2018. Te di mis impresiones sobre esta novela aquí, hace unos meses. Y vuelvo a sugerirte que le des una oportunidad al comisario. No sé si te gustará o si lo odiarás, pero seguro que no te dejará indiferente.

La novia gitana (Carmen Mola)

Con esta novela tengo una relación intermitente. Vi sus primeras críticas. La apunté y me distancié. Continuaron las críticas y el misterio que ronda a la identidad de su autora o autor. Le presté algo más de atención y pedí turno de lectura en la biblioteca, pero me ha estado esquivando por diversos motivos (retrasos en la devolución de la novela, la llamada de la biblioteca que nunca llegó a mi teléfono…). Parece que ahora sí le he puesto remedio y, casi con seguridad, podré leerla dentro de unas semanas. Cruzo los dedos.

Bonus track


Como te he dicho antes, a pesar de mis buenos propósitos lectores, es muy probable que en cualquier momento se crucen más lecturas en mi camino porque no solo de “noir” vive el hombre (la última de Penélope Mortimer por ejemplo…). Así que ahora te lanzo la pregunta a ti: ¿Qué vas a leer este verano? ¿Me recomiendas alguna lectura especialmente? Los comentarios son todos tuyos. Te leeré con atención.

Feliz verano, y ya sabes…

Lee. Disfruta. Cuéntame.

El género negro y las series TSNR

Sigo con el repaso a las series que acompañan al género negro. En esta ocasión, el estilo TSNR. Una apuesta segura. El tipo de series de Tensión Sexual No Resuelta  siempre lo han sido. Y si además el argumento se adereza con algún tipo de condimento criminal (resolución de crímenes, misterios, historias de detectives), el éxito está prácticamente asegurado (a no ser que la serie sea un auténtico bodrio o los personajes absolutamente inverosímiles y se dediquen a cantar “Amo a Laura” ad infinitum).

Probablemente haya muchos ejemplos, pero en mi memoria han quedado dos series de la época de los ochenta y otras dos más actuales. En los cuatro telefilmes se cumplen los parámetros que comentaba en el párrafo anterior: la pareja de protagonistas que siente una atracción mutua brutal (pero que, por cosas y causas diversas no pueden disfrutar de un momentazo erótico – festivo) y el componente criminal.

Remington Steele


Si, amigas. No sé por qué me gustaba más la serie. ¿Por el atractivo protagonista? ¿Por sus múltiples referencias al cine? ¿Por la química entre los actores o porque era la primera serie en la que veía una mujer tan independiente y profesional (a pesar de que tuviera que emplear un subterfugio para poder dedicarse a lo que ella deseaba) en la pequeña pantalla?

En cualquier caso, aunque llegué a ella bastante más tarde de su estreno, esta serie fue un auténtico éxito que le proporcionó al ahora archiconocido Pierce Brosnan la oportunidad de interpretar años más tarde a James Bond.  (Goldeneye, 1995).

La premisa (por si alguien no conoce la serie, que lo dudo) era la siguiente: Laura Holt, detective privada, ha creado una agencia pero no consigue clientes que la contraten por el mero hecho de ser una mujer. Por eso decide crear un jefe ficticio llamado Remington Steele. La sorpresa llega cuando un delincuente (estafador y atracador) asume ese papel y la agencia despega profesionalmente.

El telefilme se desarrolló durante cinco temporadas con muy buenos resultados y como curiosidades te puedo contar un algunas cosillas: que los guionistas hacían un guiño lingüístico al utilizar la palabra “steele” en el título de los capítulos (apellido del detective y el significado de la palabra: todavía/robar),  que el nombre de tan ilustre detective proviene de la unión de dos palabras: una máquina de escribir Remington y los Pittsburgh Steelers (un equipo de fútbol americano) y que Glenn Gordon Caron fue el creador de esta serie y de la que te hablaré a continuación: Luz de Luna.

Luz de Luna


Otro momento revival con esta serie. ¿Quién no recuerda la canción de entrada, esos diálogos rápidos y el contrapunto perfecto entre los dos protagonistas de Luz de Luna? ¿Quién es inmune al recuerdo de la entrañable señorita Topisto y sus respuestas rimadas al teléfono? Ay. Yo no.

Durante cinco temporadas, Cybill Shepherd y Bruce Willis nos embelesaron. Con Luz de Luna los telespectadores fuimos testigos de una estética mucho más elaborada que en las series de detectives que se habían visto hasta el momento (no en vano una de las protagonistas era una ex modelo en horas bajas) y un despliegue de medios nunca vistos hasta entonces en una serie de estas características. Hubo números musicales, escenas rodadas al estilo de los años cuarenta, guiños a la literatura…

Pese a los problemas que tuvo el desarrollo de la famosa dramedia (porque los creadores de la serie buscaban un producto de calidad frente a las series de consumo masivo), el público acogió con entusiasmo esta historia de la agencia de detectives que dirigían una vanidosa ex modelo casi arruinada y un detective canalla y ligón.

De hecho, la serie fue un trampolín para Bruce Willis, que pocos años después del estreno del telefilme protagonizó La jungla de cristal y lanzó así su carrera de actor al estrellato.

¿Algunas curiosidades de esta serie? Hay unas cuantas. Parece ser que, al contrario de lo que se decía en los mentideros de la época, los dos protagonistas principales no se llevaban mal del todo e incluso llegaron a tener algún momento álgido que resolvió su TSNR particular.

Por otra parte, pese a lo bucólico del título de la serie en castellano, el original significa pluriempleo, algo mucho menos glamuroso pero más acorde con la situación inicial de la serie.

Además Luz de Luna, es de las series más innovadoras de la pequeña pantalla (recuerda que estamos hablando de los años ochenta) puesto que utilizó con desparpajo un recurso del que hace unas semanas hablaba Ana González Duque, la ruptura de la cuarta pared. Igual se dirigían directamente al público que aparecían personas del equipo en mitad del episodio, etc.

Bones


Que va. No tiene nada que ver que empezase a ver esta serie y no otra además de por la promesa de resoluciones de crímenes por el actor que había protagonizado Buffy y Angel. Nada que ver. Bueno, sí, un poco. Soy bastante exigente en cuanto a lecturas, pero de series…Nadie ha dicho nada ¿no? Y estando ese mocetón de por medio, ¿cómo no iba a haber TSNR? Era un territorio que el actor ya había explorado en La cazavampiros, así que seguro que bordaba el asunto.

Lo cierto es que no he visto las doce (¡doce!) temporadas que la componen aunque sí fui fiel a las primeras tres o cuatro. Me divertían. Sobre todo los personajes que, conforme a los clichés de género, tenían las habilidades sociales de una ameba coja.

Venía a ser un CSI descafeinado, con procedimientos de laboratorio, pero más centrados en las relaciones sociales que se establecían entre los personajes. Quizá no es la serie mejor elaborada pero cumple a la perfección con la misión principal de entretener al espectador que, al final, es lo que cuenta. Por eso cuenta con una legión de fans. Y sospecho que también es el motivo de la extensión de la misma a esas doce temporadas.

Como curiosidad (y hay muchísimas, solo tienes que entrar en algún foro de exaltados fanáticos), te puedo contar que en la serie desarrollan un guiño entre realidad y ficción ya que Huesos, la protagonista (Temperance Brennan) de la serie, es escritora en su tiempo libre y el personaje principal de su novela se llama  Kathy Reichs, quien en realidad es escritora y la creadora de Temperance Brennan.

Castle


Imposible hablar de series TSNR de género negro sin que salga Castle a colación ¿verdad? La serie, que trata sobre una policía y un novelista cuyos esfuerzos se destinan a resolver crímenes ha tenido un éxito arrollador. Puede que por la química que los personajes tenían en las primeras temporadas (a posteriori se ha sabido que en la vida real no se pueden ni ver), por el puntito de humor o por lo histriónico de su protagonista masculino.

En cualquier caso, Castle ha conseguido tener una legión de fans incondicionales tras ella que no tardaron en hacerse con la novela basada en el telefilme (libro que por cierto, no he leído pero que cosechó bastantes críticas negativas).

Te dejo un par de curiosidades acerca de la serie.  Se dice, se comenta que el nombre del telefilme es un homenaje a Stephen King, cuyo apellido es, igual que Castle (castillo), el nombre de una pieza de ajedrez. Además, el actor protagonista de la serie parece ser un tipo divertido e ingenioso con gran presencia en redes sociales, donde es fácil encontrarle proponiéndo a sus seguidores desafíos y retos (con recompensa incluida) para resolver enigmas.

Estoy convencida de que conocías todas estas series, pero tengo curiosidad por saber si te gustaron o si añadirías alguna más. ¿Me lo cuentas en los comentarios? Y ya sabes, ahora en verano…

Lee. Disfruta y cuéntame.

¿Inspiración, homenaje o plagio? Una buena pregunta.

Hoy vengo guerrera. Un poco. Se me han sublevado las pecas. Que una cosa es la inspiración, otra el homenaje y otra muy diferente el plagio. Dicen que ya todo está escrito, que las historias se suceden una y otra vez y que lo que las hace diferente es el punto de vista del escritor. Puede ser. Pero no dejan de sorprenderme algunas cositas que voy encontrándome por el camino en algunas lecturas.

Hay novelas que resuenan, que te recuerdan a algún otro libro, a alguna película, e incluso a algún relato, pero la diferencia es la forma de presentarlo.  Hay quien lo hace de manera sutil o incluso rindiendo un pequeño homenaje, y quien le echa cara al asunto. Y en el género negro, por lo visto, esto no es una excepción. A las pruebas me remito.

Una novela que recuerda a otro texto. Inspiración.


Como ya dije por aquí, La sirena roja de Noelia Lorenzo Pino es uno de los últimos libros que he leído en género negro. El caso es que, durante la lectura de la novela (que por cierto me sorprendió gratamente y cuya lectura te recomiendo), no podía dejar de pensar en  Tatuaje, un relato de Roald Dahl.

No he tenido oportunidad de preguntar a la autora si conoce el texto o si pudo ser un desencadenante de la historia que posteriormente desarrolló en la novela, pero creo que en este caso, es sencillamente una casualidad porque a pesar de que en cierto modo me recuerda al relato, en ningún caso se hace referencia al texto en particular aunque coincidan en el ambiente inquietante y el tema de los tatuajes.

Por si quieres seguir la pista a ambos textos te dejo a continuación la sinopsis editorial de la novela y el link del relato.

La sirena roja

La agente de la Ertzaintza Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua se enfrentan a lo que podría ser el caso más importante de sus carreras. La aparición de dos cadáveres desollados, con un siniestro vínculo entre ellos, les llevará hasta Lorena, una prestigiosa tatuadora donostiarra que aún se recupera de una relación que acabó con una orden de alejamiento por amenazas y agresión.Una investigación contra reloj para evitar nuevas víctimas del que podría ser un asesino en serie les conducirá a través de un entramado de prejuicios religiosos y oscuros secretos. El caso les absorberá hasta el punto de olvidarse incluso de sus propias vidas.Sumérgete en esta historia trepidante y descubre lo que sucede cuando la sangre y la tinta van más allá del arte?Con el estilo ágil y visual que le caracteriza, Noelia Lorenzo Pino nos sorprende con esta novela donde la crudeza y la atmósfera gris contrastan con la cercanía de sus personajes.

El tatuaje de Roald Dahl

 

Un libro que duplica algunos elementos básicos ( y reconocibles) de una película o novela. Homenaje.


Quien más quien menos habrá encontrado algún punto en común entre una novela y alguna película. Como decía antes, cierta retroalimentación es normal. Por ejemplo en la novela Basada en hechos reales, (cuya adaptación está ahora en el cine) la autora no oculta cierto paralelismo entre su novela y Misery, la novela de Stephen King que también se llevó a la pantalla grande, sino que lo muestra de manera explícita.

Esta forma de reconocimiento  me parece justa y válida. Pero también he leído novelas en las que algunos de los elementos del argumento eran un calco de una conocida película y, si no recuerdo mal, no existía ningún tipo de declaración al respecto por parte del autor. Es el caso de Melodía en Alabama, cuyo personaje Solomon (hombre de color con cierto retraso intelectual) y su relación con una niña, me resultó un calco del que había visto en la película La mano que mece la cuna. Dentro de la novela también hay guiños a otras películas, pero son más sutiles (o al menos a mí me lo parecieron).

Te dejo un link y la sinopsis de ambos libros por si te interesa indagar en el tema.

Basada en hechos reales.

Delphine es una escritora que ha pasado del éxito apabullante que la puso bajo todos los focos al vértigo íntimo de la página en blanco. Y es entonces cuando se cruza en su camino L., una mujer sofisticada y seductora, que trabaja como negra literaria redactando memorias de famosos. Comparten gustos e intiman. L. insiste a su nueva amiga en que debe abandonar el proyecto novelesco sobre la telerrealidad que tiene entre manos y volver a utilizar su propia vida como material literario. Y mientras Delphine recibe unas amenazantes cartas anónimas que la acusan de haberse aprovechado de las historias de su familia para triunfar como escritora, L., con sus crecientes intromisiones, se va adueñando de su vida hasta bordear la vampirización…

Dividida en tres partes encabezadas por citas de Misery y La mitad oscura de Stephen King, Basada en hechos reales es a un tiempo un poderoso thriller psicológico y una sagaz reflexión sobre el papel del escritor en el siglo XXI. Una obra prodigiosa que se mueve entre la realidad y la ficción, entre lo vivido y lo imaginado; un deslumbrante juego de espejos que propone una vuelta de tuerca a un gran tema literario –el doble– y mantiene en vilo al lector hasta la última página.

Melodía en Alabama

Víctor Rey, un escritor en crisis, se muda a Alabama, en los Estados Unidos, la patria de su madre. Allí alquila una casa aislada, esperando hallar la inspiración perdida…Sin embargo, pronto empiezan a ocurrir extraños sucesos que sumergirán a Víctor en una antigua historia de crimen, política y violencia, en la que descubrirá que nada es lo que parece.

 

Dos novelas y demasiadas coincidencias. ¿Plagio?


Como soy de natural curiosa, me gusta refitolear e investigar. Por eso todas las reflexiones anteriores me llevaron a darme una vueltecita por la red, y me encontré con este caso. Data de hace unos cuantos años, y no he encontrado más noticias al respecto, así que no sé cómo habrá terminado el asunto, pero desde luego no pintaba nada bien.

Dos autores, dos novelas (que comparten título) y dos portadas sospechosamente parecidas. Los entendidos sostienen que ambas desarrollan temática similar y varios párrafos en los que las diferencias son mínimas… Para poder argumentar en relación al tema, tendría que haberlas leído pero no lo he hecho, así que no puedo sino mostrar lo que se ha dicho.

En cualquier caso, no es el primer incidente en literatura aunque sí el primero que conozco del género negro. ¿Será inspiración, homenaje o directamente plagio? ¿Qué opinas de esta triada? ¿Conoces algún caso? Si es así me encantaría que lo compartieras en los comentarios. Mientras tanto, ya sabes…

Lee. Disfruta…y cuéntame.

El género negro: las series cozy

Durante un tiempo he estado viviendo de espaldas a una parte muy importante del género negro. Las series. Sin embargo, la vida, que es bastante lista (y puñetera, por qué no decirlo) me ha encarrilado de nuevo y en las tres semanas que he estado en casa con las cervicales descacharradas, y en las que no he podido leer apenas, he hecho las paces (solo un poco) con la caja tonta, mi enemiga por excelencia. He empezado a ponerme al día con algunas series.

He disfrutado bastante, no lo voy a negar. Y me he dado cuenta además (sí, lo sé, no soy ninguna lumbrera) de que aunque nada ha cambiado bajo el sol, gracias a algunas plataformas sí que se ha diversificado el panorama negrocriminal y existen tantos tipos de series como subgéneros negros. O casi.

Hoy, para empezar, y como estoy un pelín rememeber when, haré un repaso de las series de ayer, hoy y siempre que pueden gustarte si lo tuyo es el cozy, o el subgénero más amable del panorama criminal, como te comenté por aquí.

Se ha escrito un crimen


Imprescindible. ¿Quién no conoce a Jessica Fletcher? ¿Y quién no se echaría a temblar si la ve en una reunión, un concierto o incluso en una boda? Porque la aparición de esta mujer era el equivalente a la palabra asesinato (señores de la RAE, apunten por favor, un sinónimo más para el diccionario). Doce temporadas de una serie mítica cuya melodía de cabecera fue un referente en mi adolescencia.

Desde una perspectiva no policíaca, y al estilo de Miss Marple, Jessica Fletcher, escritora ya madura con unas dotes detectivescas impresionantes (y una prole sorprendente de sobrinos a los que visitaba con relativa frecuencia) era capaz de resolver de manera satisfactoria los crímenes más complicados a los que se enfrentaba la policía con escaso éxito.

La estructura de los capítulos era siempre la misma. Episodios auto – conclusivos en los que la protagonista ponía de manifiesto sus extraordinarias dotes de observación y deducción. Generalmente el capítulo terminaba con la confesión del criminal y no dejaba ningún cabo suelto, al estilo de los libros de la Gran Dama del Crimen. Un momento nostalgia modo on esencial, ya digo.

Diagnóstico asesinato


También esta fue una de las series de referencia en mi época adolescente. Me encantaban los casos del Dr. Sloan y sobre todo, su buen humor. Durante ocho temporadas, el médico que resolvía misterios y crímenes junto a su hijo, detective de homicidios, y ocasionalmente trabajaba para la policía como consultor fueron un gran entretenimiento para mi.

Como curiosidad, te cuento que Lee Goldberg, el guionista de la serie, también lo fue de Monk, y es además un afamado autor de best sellers con su saga de Ian Ludlow. También ha sido premiado y nominado en dos ocasiones para los premios Edgar y Shamus. Algo tendría de bueno la serie entonces, ¿no?

 

Los casos del padre Chesterton


Esta serie ha sido uno de los descubrimientos de las últimas semanas. Haciendo zapping me topé con ella por casualidad y me ha acompañado durante la modorra del mediodía. No sé si por la medicación que me dejaba totalmente aturdida o porque no terminé de empatizar con esta época (la serie está ambientada en los años cincuenta), no aguantaba más de dos capítulos seguidos.

Sin embargo, tengo que reconocer que están bien estructurados, y el elenco es agradable. La serie está basada en los relatos de G.K Chesterton y el protagonista principal está inspirado en un clérigo real (el padre John O´Connor), amigo del escritor. El padre Brown sigue la línea de los personajes de los que te he hablado hasta ahora: tiene un puntito cotilla entrometido, con cierta longevidad (es curioso, ninguno de los hasta ahora señalados es joven, a diferencia de las series actuales) y sus armas son la escucha, la lógica y la razón.

Si no conoces los célebres relatos de este padre del género negro (y deberías), puedes encontrarlos aquí.

Cozy made in Spain


Por último, aunque hay muchos más ejemplos de series al estilo cozy, creo que hay dos series españolas e interesantes para este espacio negrocriminal. Los misterios de Laura y El Caso.

Los misterios de Laura


Este es uno de los grandes éxitos de la parrilla negrocriminal que han sido exportados a varios países. Si no recuerdo mal a Rusia, Paises Bajos, Italia y Estados Unidos (con distinta suerte, eso sí). El personaje principal es Laura Lebrel, una policía muy intuitiva. Madre de gemelos y separada, lleva una vida personal bastante caótica con bastantes trazos de verosimilitud, por lo que la empatía del sector femenino la tiene ganada.

Reviste de humor la cotidianeidad y enfrenta los casos al estilo más clásico con un cierre de episodio a la manera en que lo hacía Agatha Christie, donde como broche final, el detective reunía a todos los sospechosos en el mismo lugar con el fin de descubrir quién era el culpable.

 

El caso


En mi opinión, una serie muy entretenida que tuvo mala suerte ya que tan solo se rodó una temporada (trece episodios).Creo que, además de lo acertado de la ambientación y el atrezzo (años sesenta en Madrid), la serie contaba con algunas peculiaridades que hicieron las delicias de sus seguidores, entre los que me encuentro (si, debo confesar que no pude resistirme a la tentación y me hice el famoso carnet de la serie). Para empezar, no era una teleserie policiaca per se, sino que los crímenes o misterios que se intentaban resolver, eran llevados (y generalmente resueltos)  por una pareja de periodistas (si bien uno de ellos era un ex – policía) cuyos caracteres no podían ser, a priori, más opuestos.

Otro de los puntos fuertes de la serie era que en bastantes casos ( no recuerdo si en todos) la base del capítulo era un suceso real que se comentaba con posterioridad. Los personajes estaban tratados con la suficiente profundidad para ser creíbles en la mayoría de los casos y los crímenes a resolver, aunque se trataban de manera bastante amable, resultaban interesantes por aquello de que fueron sucesos reales acaecidos justo aquí. En cualquier caso, aunque la serie tuviera sus puntos débiles (que también los tenía), a mi me hacía estar pegadita al sillón cada semana.

Con esto, doy por terminado el breve repaso de las series más características del estilo cozy, aunque quedan en el tintero muchas más como los casos del padre Dowling o  Jake y el Gordo por ejemplo. Pero algunos de ellos los dejaré para la siguiente entrega de las series negrocriminales: las policíacas.

¿Y tú, conoces alguna serie cozy recomendable? ¡Te espero en los comentarios! Mientras tanto, ya sabes…

Lee. Disfruta. Cuéntame.

Novela negra en clave de…¿sol?

Cinco. Las líneas del pentagrama, los dedos de una mano, los minutos de cortesía antes del comienzo de una reunión…No, no me refiero a eso. Hablo de la novela negra y del sol. ¿Por qué? Cinco son los grados que nos separan de la temperatura de Oslo. Y no por encima, sino por debajo.

Gensanta. Y es que parece que estamos decididos a que los nórdicos se sientan aquí como en casa. Bueno, más o menos. Por lo visto, en Mordor hemos comenzado por acomodarnos al “Svensk Somma”, como ya te comenté por aquí. Aunque, a decir verdad, el asunto ya me está agobiando un poquillo.

Que sí, que está muy bien y es muy gracioso eso de hacer chascarrillos de que una vive bajo el perverso Ojo de Sauron que acecha desde el cielo encapotado de Mordor.

Si, si, que es muy divertido decir que aquí existen tres estaciones: el invierno, la estación del tren y la de autobuses.

Pero tanta lluvia empieza a pasar factura. Que ya no sabe una si tiene células o escamas ni si el dolor de garganta es por catarro o porque te están saliendo branquias… Y no, no exagero. Hace unos días compartían un tweet en Redes. Juzga tú misma.

Claro. Con este panorama, el ánimo se aplana. Al menos a mí, porque según comentan por otros lares, el clima forja el carácter. Igual es eso lo que les pasa a los nórdicos. Puede ser. Esa sucesión de tiempo desapacible, escenarios anegados y grises son el contexto ideal para imaginar algunos de los hilos argumentales más negros (y pasados por agua) de toda la historia criminal. Así que en este momento, los nórdicos y aquí, una servidora mordoriana gracias a las inclemencias meteorológicas somos primos hermanos. A excepción de que, pese a todo, Mordor, mi Mordor es uno de los lugares con menor tasa de criminalidad (cosa de la que me alegro un montón, oiga, que quede claro).

Miro por la ventana y veo gotas dejando miles de líneas mojadas deslizándose por el cristal. Centrifugo. ¿Por qué? ¿Por qué teniendo un clima tan parecido somos (criminalmente hablando) tan diferentes? Centrifugo. ¿Será cuestión de clichés? Mmmmm. Centrifugo en programa largo con mil doscientas revoluciones.

El Mordor Operandi se diluye cuando sale un rayo de sol.

Uyyyy ¿y eso redondo, amarillo que da calorcico y que ha salido en mitad del cielo, qué es? ¿Será eso que el resto del mundo llama sol? Pues vaya, qué contrariedad no poder disfrutarlo un poquillo. Hoy que tenía pensado robar un banco… lo tengo apuntadico en la agenda, con doble subrayado. Pero, vaya, que para dos días que salen buenos, casi que lo dejo para mañana y hoy me voy a la piscina con la cuadrilla, o de barbacoa…¿Te imaginas al amigo Harry Hole o a alguno de los criminales que pueblan sus novelas manteniendo esta conversación consigo mismo? Yo no.

Allí son muy de mindfulness, vaya, lo que viene siendo obcecados de toda la vida, y como se les meta entre ceja y ceja delinquir, tiene que haber algo más que un tímido rayo de sol (cosa que pasa con muy poca frecuencia, también hay que decirlo) para poder quitarles la idea de la cabeza.

Dale a tu cuerpo alegría Macarena.

Esto también nos diferencia. Y no será por el frío, porque compartimos bajas temperaturas. Debe ser algo más esencial, más de “la tierra”. Que sí, que aquí los inspectores Corominas, Villatuerta y Vázquez tienen sus momenticos erótico -festivosPero son los menos. En eso los nórdicos nos llevan la delantera porque, llueva o nieve, siempre gozan de más de un ratico carnal por muy peculiares que sean los personajes (mira si no a Saga Noren, de la serie Bron/Broen).

Aquí en Mordor, sin embargo, se dice, se cuenta, se comenta, que esos momentos existen, aunque tendrás que armarte de paciencia y saber apreciar el romanticismo existente en compartir un buen bocadillo de txistorra para, con suerte (mucha) poder llegar a catarlo. Es posible que por eso, el índice criminal en Mordor sea menor que en los países nórdicos porque el tiempo que ellos emplean en pergeñar delitos aquí se invierte en imaginar (y digo imaginar, nótese), estrategias de conquista.

Arenques versus chuletón.

Claro. Es que no es igual. Aunque coincidamos con los nórdicos en el consumo masivo de café, no me digas que visitar Ikea y consumir sus famosas albóndigas o las delicias de salmón es lo mismo que comer en una tasca cualquiera de Mordor. Pues claro que no. Si a eso además le sumas que esas comidas mordorianas suelen estar bien regadas con buenos caldos y junto a la cuadrilla…Pues eso. Que la sobremesa se hace amena y larga…Así es imposible sacar el tiempo necesario para delinquir (a no ser que sea haciendo trampas al mus, que todo es posible). ¿Has leído alguna novela nórdica en la que los personajes se deleiten con los platos de un restaurante? Pues eso. Aquí tenemos poco tiempo para el delito porque estamos de sobremesa con la cuadrilla y también disfrutamos de mejor carácter porque el estómago suele estar contento y bastante lleno (para qué nos vamos a engañar).

Ladinos, sinceros, fríos, brutos y cabezones.

Dicen que los mordorianos somos sinceros, brutos y cabezones. Mucho. Doy fe. No hay como soltar la frase “no hay huevos de…” y vamos de cabeza. Por eso no hay demasiados malincuentes. Normal. Un buen inspector sabe que en Mordor no hay más que descerrajar la frase en un momento álgido y terminarla con un “confesar quién lo ha hecho/admitir el delito/ etc” para que el criminal cante cual gorrioncillo herido en su propio orgullo.

Los nórdicos en cambio son mucho más introspectivos, menos precipitados y más ladinos y reflexivos. También son menos brutos, que todo hay que decirlo. Lee a Larsson, Schepp o Keppler si aún no lo has hecho y lo confirmarás. Así que descubrir al asesino o criminal, en caso de que este sea nórdico puede costar un poco bastante más.

En fin, que si tienes una época de escritura poco creativa y vives en Mordor, te recomiendo que, como yo, busques sucesos inspiradores para tus personajes de novela negra en otro lugar menos bucólico que este. Ya ves. Aquí estamos bajo el influjo de Sauron, pero en vista de todo lo anterior, sospecho que vivimos mucho más cerca de la familia Ingalls que los nórdicos.¿Tú que crees?

Lee. Disfruta. Cuéntame.