Yo, de mayor, quiero ser Sherlock Holmes: El método.

“Con tanta novela se te van a derretir los sesos como al Quijote.” Quién no haya escuchado algo parecido en su vida, que levante la mano. Ehmmm, bueno, igual no te lo han dicho así, pero seguro que en alguna ocasión alguien ha puesto en tela de juicio tus ávidas motivaciones lectoras. Pues ha llegado el momento de dejarles a todos calladitos porque te traigo algo especial. ¿Qué tal si pudieras aplicar el método inductivo – deductivo de Holmes en tu día a día?

Emular a nuestros personajes favoritos. ¿Por qué no? Hay muchos protagonistas interesantes en el panorama literario, pero para mí, ninguno como Sherlock. Y atendiendo a las réplicas de este personaje en multitud de series y novelas (House, Monk, El cabo Holmes, etc) creo que acierto si digo que no soy la única que le profesa admiración. Pero, ¿por qué resulta un personaje tan atractivo y fascinante pese a sus adicciones y modos poco afables?  Y es más, ¿podríamos ser capaces de emularlo en la vida real? No solo para descubrir quién se terminó el fuet, sino para realizar deducciones fiables en nuestro día a día que nos ayuden a tomar mejores decisiones; más racionales y alineadas con nuestros objetivos.

Pues eso es lo que te traigo hoy. Si. Y parece que funciona. Bueno, es cierto que aún tendrás que bregar con un pequeño sambenito, es posible que cargues con la etiqueta de persona algo excéntrica, pero para mí eso es peccata minuta. ¿No crees? Los beneficios son mayores.

Según Maria Konnikova y su libro “Cómo pensar como Sherlock Holmes”, es posible entrenar a tu cerebro para activar las capacidades de observación y deducción tan características del personaje. Tan solo hay que basarse en aumentar tres elementos: la percepción, el pensamiento crítico y las conexiones entre las ideas. ¿Sencillo? Puede,  pero no fácil.

Un ejemplo es el mejor modo de verlo claro. Hace unas semanas me llegó un vídeo escalofriante. Unos adolescentes intentaban utilizar un teléfono analógico antiguo, de los de rueda, y no atinaban. Eso me dio que pensar un par de cosillas. Punto número uno: qué mayor soy (argh) que dilatada experiencia vital tengo (ejem) y punto número dos: yo sé usar el teléfono súper analógico pero ¿por qué?¿Cómo me enfrentaría al desafío de hacerlo funcionar si fuera un objeto novedoso para mí? Nuestro amigo Holmes nos da la respuesta.

Observación


En primer lugar, tenemos que volver a la infancia por un momento. El motivo es que esa etapa de la vida supone un aumento de curiosidad, algo necesario para desarrollar la observación. Pero no vale fijarse a lo loco en cualquier cosa, no. Debe ser una atención centrada para discernir los pequeños detalles que generalmente  pasan desapercibidos. Entrenar esta acción implica mirarlo todo con ojos de niño, sentir curiosidad y enfocarnos únicamente en aquello que estamos observando.  Pero ojo, también son importantes otros requisitos como reducir la velocidad, buscar las discordancias, recopilar la información relevante y cierto escepticismo.

Tiene su lógica. Para poder hacer una buena observación tienes que hacerlo con tranquilidad, no se puede percibir algo con la atención trabajando a la velocidad de la luz. Es imposible. Por otra parte, tendemos a buscar hipótesis que reafirmen nuestras creencias, pero el método Holmes indica justo lo contrario. Tienes que buscar las incongruencias, porque son las que te darán la clave del asunto, y además, debes procurar aceptar la información de manera apropiada (suele llegar sesgada por cientos de filtros como experiencias anteriores, prejuicios, etc). Por eso es preciso el escepticismo del que te hablaba hace unas líneas, un poco de reflexión que ponga en jaque la credulidad natural de nuestra mente.

En el caso de nuestro teléfono, los adolescentes se acercan a él con curiosidad, incluso con recelo porque no saben qué pueden encontrar. Lo miran, lo remiran, y finalmente se atreven incluso a tocarlo.

Pensamiento crítico: creatividad e imaginación.


Si tuvieras que enfrentarte a un elemento o problema desconocido hasta el momento, ¿qué harías? Poner a trabajar la mente. Intentar conocer el asunto con la mayor profundidad posible, analizar toda esa información y razonar con lógica de manera crítica, ¿verdad?

Volviendo a nuestro extraño aparato de telefonía, piensa por un momento ¿Por qué sabes cómo se utiliza un teléfono antiguo? Porque comprendes el objeto y su funcionalidad (has visto cómo lo utilizan tus padres, etc). De toda la primera fase de observación, nuestros entusiastas muchachos han conseguido extraer una serie de ideas (hay que oírlos, que no tienen desperdicio) con las que elaborarán unas cuantas hipótesis.

¿Recuerdas aquel concurso de la televisión en el que la consigna era “esto sirve para”… y los concursantes enumeraban diferentes utilidades (diferentes a las habituales) de un objeto? Pues esto es algo parecido. Cualquier idea es válida. Es la conocida “lluvia de ideas”. No importa lo extrañas o locas que parezcan. Aunque creas que es un despropósito. Regístrala. Piensa que la solución provechosa a un asunto se encuentra cambiando la forma de proceder. Este es un momento creativo. Hay que innovar, acepta todas las ideas. Posteriormente  relacionarás todo lo que has sacado en claro con tus conocimientos y eso te permitirá establecer un filtro adecuado.

Establece conexiones y guarda la distancia adecuada.


¿Recuerdas el sambenito que te comentaba al principio? Si. Lo de cargar con la etiqueta de “persona excéntrica”. Bien. Pues ese apellido es gracias a esta última fase. Establecer conexiones que para otras personas son imperceptibles se consigue de manera un tanto peculiar ya que supone pensar de manera diferente. ¿Cómo? Estableciendo relaciones y conexiones mentales entre recuerdos y experiencias para solidificarlos en nuestra memoria y poder extraerlos en el momento preciso.

Un punto importante para poder tener unas vastas conexiones es ampliar los conocimientos a todo tipo de campos. La diversidad es básica, al igual que la codificación de la información que juzguemos importante (mediante mapas mentales por ejemplo). Eso nos ayudará también a no pensar de manera lineal. El quid de la cuestión reside en combinar nuestros recuerdos y experiencias, sin que eso limite nuestras deducciones a lo conocido, para obtener una nueva idea, más creativa y alineada con el problema que intentamos resolver.

Y el mejor método para lograr unos buenos resultados es mantener la objetividad, cosa difícil en tanto el asunto sea cercano. Por eso la propuesta es guardar distancia realizando una actividad totalmente diferente al problema que tratamos de solucionar o ver el problema desde otro punto de vista, como si fuera el asunto de otra persona,  desde fuera.

En el vídeo del teléfono, este momento está muy claro. Su referencia son los móviles de última generación, por eso tratan inútilmente de llamar. Las conexiones de sus recuerdos y experiencias les animan a marcar el número y descolgar después. Sin embargo, esa referencia es también su sesgo ya que les resulta una acción limitante en la que caen una y otra vez. Si consiguen superar esa forma de actuar y se abren a nuevas opciones, es posible, pero solo posible, que logren establecer contacto…

Si quieres ver el vídeo completo, pincha aquí.

Ring, ring. ¿Aló? ¿Te ha parecido curioso?¿Te animas a utilizar el método Holmes en tu día a día? Cuéntamelo por favor.  Y además te pido una cosilla, si consideras que el artículo es interesante, me harías un gran favor compartiéndolo. Muchas gracias.

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Lo que es, es; y lo que no es, no es. Parménides de Elea y los mitos de la novela negra.

Hoy voy a desmontar diez mitos de la novela negra. Aún a riesgo de que los puristas del género se me suban por las paredes, creo que hay algo que es conveniente distinguir. Novela negra no es lo mismo que novela negra. Y no, no me he dado un golpe en la cabeza ni tengo intención de volverte del revés con farragosas peroratas intelectuales. Nada de eso. Es mucho más sencillo. Verás.

Novela negra como género es un concepto totalmente diferente al término que acuñó allá por los años treinta el trío Hardboiled (Hammet, MacDonald y Chandler). Pero tendemos a confundirlo de la misma manera que solemos identificar a la novela negra con el subgénero policíaco a pesar de que en esta disciplina los subgéneros son múltiples y variados.

Por eso, hace unas semanas, cuando Ana Bolox defendía por aquí  que ella no escribe novela negra, se me rebelaron las pecas. ¡Eso no es así! Lo siento, Ana. Nein, nein. Ya sabes que no soy muy amiga de encarnizadas polémicas, pero frente a la apreciación (errónea en mi opinión a pesar de que luego lo matizó) de mi querida Ana, creo que es interesante aclarar unas cosillas y desmontar, ¿por qué no? algún que otro mito sobre el género negro que suele dar lugar a despistes y discusiones que, según mi criterio, son un sinsentido.

“La novela negra..


Se mueve en ambientes urbanos, nunca rurales.


El origen de esta afirmación responde a otra época en la que los entornos rurales se relacionaban con un tipo de vida menos peligrosa, más bucólica e inocente. En contraposición con la ciudad, el entorno rural se entendía como un lugar seguro en el que sus habitantes eran gentes sencillas y pacificas. Los ambientes rurales eran espacios tranquilos en los que nunca podían ocurrir sucesos tan violentos como en la urbe.

Si bien es cierto que aún se hace difícil entender algunos tipos de narraciones (como las de grupos criminales específicos o amenazas mundiales) dentro de un entorno campestre, si que puedes encontrar estupendas ambientaciones rurales que dan el marco preciso a novelas negras tan buenas como Quien con fuego (Carlos Ollo) o El caso de la mano perdida (Fernando Roye).

Debe mostrar violencia física.


Maticemos. Una novela negra sin violencia es como un coche sin frenos. Carne de catástrofe. Esa historia no va a funcionar. La violencia es una característica  inseparable de la novela negra. Pero eso sí, ha cambiado. Donde antiguamente debía aparecer una pelea, un navajazo o un disparo, hoy en día puede haber mucho más. Si. Hablo de violencia psicológica, no solo física. Y también esta se refleja en la novela negra como por ejemplo en La caricia de Tánatos (Maria José Moreno) o en Lo que no se ve (Ana Cepeda) o Detrás de la Pistola (Cristina Grela).

Es cruda y en ella no tiene cabida el amor.


Mal que le pese a S.S Van Dine como ya comenté por aquí, hoy en día la novela negra también tiene su corazoncito y explora las diferentes formas de “amor” que hay en la sociedad. Desde el amor tóxico, hasta el romántico pasando por el condenable, el trágico, el pantanoso…

Atendiendo a todas estas opciones, verás que es fácil encontrar novelas negras en las que uno de sus hilos argumentales responda a una historia de amor como en la Trilogía de la ciudad blanca o la Serie Cestero de Ibon Martín.

Es racional, lo fantástico no está admitido.


Este es un principio admitido desde los orígenes de la novela negra y que ha funcionado sin fisuras hasta hace poco tiempo. De hecho la parte más purista sigue manteniendo este argumento como un puntal básico para entender el género. Pero atendiendo a la realidad, no podemos ignorar que con la globalización y la evolución de todos los géneros, también la novela negra está expuesta a maridajes anteriormente impensables. Como ejemplo puedes leer la Trilogía del Baztán (Dolores Redondo), donde el crimen convive con criaturas mitológicas y sobrenaturales como el Basajaun.

Desvela la resolución del crimen en las últimas páginas de la novela.


Esta es una afirmación que tiene su fundamento en el movimiento británico  Whodunit de los años 20-50 según el cual durante la novela se van concediendo pistas al lector para que pueda llegar a deducir la identidad del criminal (generalmente un asesino). Años después, sin embargo, surgieron otras tendencias como el Howdunit o el Whydunit, que se enfocaban en el modus operandi y en el motivo que tuvo el criminal para cometer el delito. En estos últimos casos, el interés no se centra en el asesino sino en las preguntas que rodean al crimen. Puedes encontrar un par de buenos ejemplos en Canción Dulce (Leila Slimani) o en Memento Mori (César Pérez Gellida).

Responde a una estructura concreta.


Con esto no me estoy refiriendo al consabido inicio, nudo y desenlace (que también), sino también al patrón genérico de asesino, sospechosos, víctima, pistas falsas, etc. La novela negra ha cambiado y con ella, las estructuras formales y de estilo también lo han hecho. Ahora el narrador ya no es siempre omnisciente ni el hilo temporal obedece exclusivamente al orden cronológico. Tampoco los diálogos tienen que seguir de forma impasible las reglas ni el lugar en el que transcurre la acción se aviene a la realidad pese a ser un espacio ficticio. Como consecuencia, las novelas negras que surgen del dinamitado de las reglas clásicas, suelen ser de lectura algo más trabajosa, pero igualmente son muy interesantes y como ejemplo puedes leer el último premio Hammet: Madrid: frontera (David Llorente).

Si hay un crimen, es novela negra.


Pues va a ser que no. Por mucho que las editoriales se empeñen en tildar de género negro algunas novelas únicamente porque entre sus páginas hay un crimen, no siempre es así. Para que una historia pueda considerarse dentro del género debe cumplir muchas más características ( y aquí es donde suele comenzar el conflicto). Sin querer entrar en consideraciones polémicas, me gustaría preguntarte ¿Consideras una novela negra a Crimen y Castigo, Los pilares de la tierra o El país bajo mi piel? En todas ellas hay crímenes, pero no por eso corresponden al género noir. Delinear el mapa de la novela negra es muy complicado y no seré yo quien establezca sus límites, pero como ya dije por aquí, en mi opinión no cabe que por motivos económicos o editoriales se introduzcan dentro del mismo grupo novelas que no comparten género.

Los motivos del criminal son amor, venganza o dinero.


También en esto han evolucionado los antagonistas de las novelas. Tradicionalmente, las motivaciones del criminal se podían englobar en estas tres categorías, pero hoy en día, a pesar de que estos tres impulsos continúan siendo válidos, no son las únicas razones por las que actúa el asesino. Y con esto no me refiero a que las causas de un asesinato estriben en los problemas psicológicos del criminal, sino a otro tipo de fundamentos, como por ejemplo la necesidad de trascender mediante el asesinato. Un ejemplo claro de esto es la primera parte de la Trilogía Versos Canciones y trocitos de carne (César Pérez Gellida).

Debe ser como una lija, tiene que molestar.


Si bien es cierto que una de las bases del género es reflejar la sociedad con intención de denuncia, hay que reconocer que dentro de la novela negra existe un subgénero llamado cozy en el que el sexo y la violencia se rebajan a la mínima expresión. En estas novelas, como puedes suponer, la denuncia social tampoco es una de las máximas, por lo que resultan lecturas de esparcimiento amable, sin más pretensión que entretener (y no es poco). Dentro de estas novelas negras se encuadran las tradicionales como La Piedra Lunar (Wilkie Collins) de la que hablé hace unos días aquí,  la serie de Miss Marple (Agatha Christie), y en nuestra época, las que escribe Ana Bolox. Tanto las de la señorita Starling como las de Carter &West. 

Es policial y conlleva una investigación.


Si bien es cierto que por costumbre se tiende a asociar la novela negra con el género policiaco, no deberíamos olvidar un pequeño matiz. Como afirmaba Marcelo Luján en sus talleres de la última edición de Pamplona Negra, en el país del género negro el policial es una provincia más. Es decir, un subgénero. Probablemente el más famoso y el que más recorrido le ha dado a estas novelas, pero no el único. Si necesitas un ejemplo, puedes leer los dos últimos premios Hammet: Subsuelo (Marcelo Luján) y Madrid: frontera (David Llorente). Con ellos se pone de manifiesto que la novela negra está en pleno proceso de cambio y que, además, es mucho más que una investigación policial.

 

Por todos estos motivos (en especial el número nueve), me atrevo a afirmar sin lugar a dudas que Ana Bolox sí escribe novela negra. ¿Estás de acuerdo? Me encantaría conocer tu opinión. Si te apetece puedes dármela en los comentarios.

 

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Todos somos hijos de Gengis Kan. Los padres de la novela negra: Wilkie Collins

Hijos de Genghis Khan Wilkie Collins

Según algunas teorías que circulan por la red, hay una posibilidad muy alta de que todos seamos hijos de Genghis Khan, por lo que el 19 de marzo, quizá debiera ser el día del guerrero mongol. Quién sabe. En cualquier caso, lo que sí parece cierto es que somos el resultado de lo que nos precedió. Somos quienes somos debido a nuestros antepasados. Igual que en novela negra. No podríamos entender el género actual sin sus precursores.

En una de mis últimas visitas al trastero de mi madre encontré en una caja de cartón las lecturas que  había acumulado en la época del instituto. Con la nostalgia prendida en las córneas abrí una de ellas.  Esperaba localizar entre los títulos de las lecturas obligatorias unos cuantos clásicos de la Literatura, pero no contaba con encontrar entre todos ellos un ejemplar de La Piedra Lunar. Recordaba vagamente haberlo leído, pero no que en aquella época tuviera las habilidades necesarias para hacerlo en inglés porque ahora me veo totalmente incapaz de sumergirme en las páginas de la novela para poder disfrutarla. Es más, si me imagino leyéndola, evoco una imagen de mi misma muy poco halagüeña. Bolígrafo, cuaderno y Collins Pocket en ristre. En fin.

Este encuentro con mi  yo del pasado me dio que pensar en los padres de lo que hoy conocemos como novela negra, expresión que difiere bastante de lo que se acuñó como tal en los años treinta gracias al trío de autores hard boiled  Hammet, Chandler y MacDonald . Pero antes que la triada negra existieron otros tantos escritores que fueron los precursores del género y responsables de las novelas de misterio, las novelas enigma o las primeras policíacas.

Todos sabemos quién fue Poe (y si no lo sabes por favor, échale un vistazo a este pedazo de post que se marcó Jaume hace unos días) y también Conan Doyle gracias a su famosísimo Sherlock Holmes. Pero en la herencia genética de la novela negra actual hay ADN de ambos junto con los de Leroux, Leblanc, o Collins. Figuras igualmente importantes aunque que vaya usted a saber porqué, han pasado bastante más desapercibidas en el panorama literario. Uno de ellos, como te comentaba, es Wilkie Collins. ¿No lo conoces? Pongamos remedio.

Wilkie Collins


 

William Wilkie Collins (1824-1889) comenzó su carrera de narrador de cuentos de forma fortuita, como respuesta a una situación de bullying en el internado. No lo tuvo fácil este hombre de apariencia llamativa (nació con un gran bulto en la frente) y complexión extraña (su cabeza y hombros eran desproporcionados en comparación con sus pequeños pies y manos).

El joven Wilkie continuó con su afición por la escritura mientras desarrollaba trabajos de aprendiz de comerciante en una tienda de té y durante sus estudios de Derecho (profesión que nunca ejerció) alternando la escritura de artículos periodísticos con cuentos y relatos. Coetáneo de Dickens, trabajó para él en la revista All the Year Round  y estableció con éste unos lazos fuertes y profundos tanto a nivel profesional como personal (no en vano el hermano de Collins se casó con la hija mayor de Dickens).

Durante las décadas de 1850 y 1860, Collins conoció el éxito editorial y la decadencia física al mismo tiempo. Publicó sus cuatro novelas principales, La mujer de blanco (1860), No name (1862), Armadale (1866) y La piedra lunar (1868) con gran aclamación por parte de los lectores. Incluso podríamos asegurar que fue el precursor de lo que hoy conocemos como merchandising puesto que el marketing para publicitar sus novelas incluía capas, perfumes, etc. De hecho, con sus 27 novelas, alrededor de 50 historias cortas, más de una decena de obras de teatro y un centenar de obras de no ficción, Collins fue uno de los escritores victorianos más conocidos y aclamados.

El creador de la frase “Hazlos llorar, hazlos reír, hazlos esperar” tuvo una vida poco convencional. Amante de algunos excesos, llevaba un estilo de vida poco ortodoxo sobre todo en el plano sentimental. Conoció a Caroline Graves en unas circunstancias peculiares, mientras paseaba una noche en compañía de su hermano y otro amigo común. Según parece, fueron abordados por una mujer vestida de blanco (la propia Caroline) que huía de una villa donde había estado prisionera. Graves y él nunca llegaron a casarse, (Collins incluso acudió a la boda de Caroline con otro hombre, pero ese matrimonio fracasó y la mujer volvió a vivir junto a Wilkie hasta su muerte) y además el escritor mantenía a su vez otra relación con una muchacha veinte años más joven. Para evitar comentarios malintencionados, Wilkie compró un piso a unos metros de su vivienda habitual en el que instaló a su amante, Martha Rudd, con quien tuvo sus tres hijos: Marian, Harriet y Charley.

Pese a todo, la salud de Wilkie fue decayendo. Continuaba sufriendo dificultades respiratorias y sus problemas cardíacos se acrecentaron junto con su dependencia al opio y al láudano. Murió el 23 de septiembre de 1889, cuando contaba con sesenta y cinco años.

Legado noir


Dos son sus obras más representativas: La dama de Blanco y La piedra lunar. En ambas profundiza en el estilo epistolar y los múltiples puntos de vista. Las dos son un ejemplo extraordinario de un buen manejo de suspense e intriga; no en vano, la forma de publicación de estas dos novelas (por entregas) es la manera ideal para desarrollar el recurso narrativo que hoy conocemos como cliffhanger y sin el que los thrillers actuales no tendrían sentido.

La piedra lunar.


La que se considera la primera novela policial británica es mi recomendación para celebrar el diecinueve de marzo. La  obra cumbre de uno de los padres del género y que tantas veces ha sido “homenajeada” (leer con un punto de ironía, por favor) por diferentes autores en sus novelas. En ella encontrarás un narrador al más puro estilo victoriano, pero también estructuras narrativas propias de nuestros días. Disfrutarás entre sus páginas de las características típicas para la resolución de un misterio, de una narrativa coral al estilo epistolar y de coartadas interesantísimas. También los personajes son deliciosos en sus descripciones tanto a nivel físico como emocional (no te puedes perder al mayordomo Betteredge, cuya explicación a cualquier suceso real tiene su referencia en Robinson Crusoe).

Otro elemento destacable de esta obra es la pareja policial de la novela. Un tándem compensatorio entre dos caracteres complementarios que vio su reflejo en Holmes y Watson y que ha llegado hasta la actualidad, donde la caracterización de los investigadores suele seguir este patrón dual.

Si te apetece verla en pequeña o gran pantalla, también puedes hacerlo en sus versiones cinematográficas de 1934(Reginald Barker) y 1996 (Robert Bierman) o en la serie de televisión de 1972.

Sinopsis


Un precioso diamante conocido como la Piedra Lunar es robado de la estatua de un dios hindú por un oficial inglés pese a la maldición que protege la piedra. Años más tarde, su sobrina, una joven adinerada de la sociedad victoriana, hereda la joya por su cumpleaños. Pero la piedra sagradano viaja sola. Tres hindúes siguen sus pasos para recuperarla. ¿Serán ellos los culpables de la desaparición de la Piedra Lunar esa misma noche? ¿O alguien se les ha adelantado?Años antes de la aparición de Sherlock Holmes y su descendencia literaria, Wilkie Collins inauguró el género de las novelas de detectives con La Piedra Lunar. En ella parte de una desaparición aparentemente insoluble y recurre a una original estructura narrativa para desentrañar el misterio. Ante la dificultad para resolver el caso, cada uno de los testigos debe escribir detalladamente lo que vio y escuchó durante esos días. Collins despliega así su talento literario y su profundo conocimiento de la condición humana, y consigue perfilar nítidamente a cada uno de los personajes a través de las sospechas, posibles motivaciones e historias secundarias que surgen en sus testimonios, así como por medio de un contraste satírico de sus interpretaciones, en ocasiones opuestas. Una obra maestra que nos presenta una serie de hechos misteriosos desde los dispares puntos de vista de unos personajes inolvidables.

Puedes encontrarla en pdf justo aquí gracias a la biblioteca digital taumalipas.

Una última recomendación: puede que algunos pasajes te resulten densos o farragosos sobre todo en la primera parte. Es normal. Dale un poco de manga ancha, que merece la pena y no olvides la época en la que fue escrita para que puedas apreciarla en su justa medida.

¿Conocías a Wilkie Collins? ¿Y a La Piedra Lunar? Yo casi había olvidado que la leí hace muchos años. Si hubiese tenido entonces la Guía Definitiva de Lecturas, otro gallo me hubiera cantado. Pero como todo tiene remedio, ahora la he incluido en la lista para una relectura que espero no tarde mucho en llegar. ¿Y tú, tienes memoria de elefante o de Dori?¿Registras tus lecturas? Si necesitas un lugar donde poder hacerlo, te animo a que te descargues La Guía. Estoy segura de que te será muy útil.

 

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Una pausa criminal: Influencia del género negro en publicidad (7 spots)

En la última edición de Pamplona Negra asistí a una de las charlas más divertidas y sorprendentes de su andadura. Paco Bescós, escritor y creativo publicitario,  en su conferencia  “Una pausa para el crimen” nos demostró la influencia que tiene el género negro en la publicidad proyectando  un ramillete de spots muy amenos con los que consiguió que todos los asistentes fuéramos conscientes del efecto del género negro en el mundo publicitario.

Los estudios de marketing son claros. Pasamos más de tres horas diarias pegados a las pantallas de televisión, ordenador, móviles o tablets. Y esto ha condicionado nuestros hábitos de consumo. Tanto nuestro modus operandi como los productos. Y los publicistas lo saben. Conocen las altas audiencias de las series criminales y de misterio, nuestro gusto por los thrillers, etc. Por ello, basándose en las principales características del género negro, han conseguido crear spots impactantes, emocionantes, fáciles de recordar (y de asociar al producto por esas cosas del binomio fantástico), creativos y generalmente llenos de humor. Una llamada emocional instintiva que funciona.

Como ejemplo, hoy te traigo estos siete spots que se refieren a siete particularidades distintivas del género negro y que estoy segura de que te sorprenderán. ¿Quieres pasar un buen rato? ¡Vamos!

 

Observación


Si hay una habilidad especial que todos envidiamos de Sherlock Holmes es su capacidad deductiva. Y esta se basa en la observación, cosa que los  publicistas utilizan para llamar nuestra atención en este anuncio con ambiente al más puro estilo de Agatha Christie. Durante el spot, hay un total de 21 cambios y diferencias que el detective te anima a encontrar. Te desafío a que lo hagas. ¿Cuántas has encontrado? Te confieso que yo he pasado por alto más de las que quisiera reconocer.

 

Pincha aquí o en la imagen para ver este simpático vídeo de…seguridad vial.

Impulso criminal


 

Ya lo dije hace un tiempo por estos lares. Todos tenemos un impulso criminal. Sin excepción. En algunos casos se hace visible y patente, en otros conseguimos mantenerlo a raya y mostrarlo únicamente sobre papel o sencillamente nos es suficiente con imaginarlo. En cualquier caso, nadie se escapa de este estímulo. Ni siquiera en Navidad. Ni tan siquiera los muñecos de nieve. ¿Celos, rencillas, ajuste de cuentas? Es inevitable: “solo puede quedar uno”

Puedes comprobarlo justo aquí o pinchando en la imagen:

Indicios y pistas


La observación es un puntal básico para una investigación, como te comentaba en el primer punto, porque proporcionan indicios y pistas importantes para la resolución de un caso. Pero todo esto no sirve de nada si estas pruebas no se utilizan posteriormente para elaborar una teoría o hipótesis certera. Por ello, como dicen mis profes del curso de Perfil Criminalístico, hay que ser muy cuidadoso con las premisas y argumentos porque si estos no cumplen con la condición de la validez, las conclusiones serán falsas o erróneas. Que es justo lo que le sucede a este pobre hombre. Todo apunta en la misma dirección, pero…él es inocente.

Pincha aquí o en la imagen y  descubrirás que muchas veces, las apariencias engañan.

Clima de suspense e intriga.


¿Te imaginas una historia noir en un “escenario blanco”? No encaja. Antes o después la placidez e inocencia del entorno mudarán en un ambiente negro que inspire intriga, suspense, que deje el alma en vilo. El espacio que rodea la acción juega un papel tan importante que en muchas ocasiones incluso se convierte en un personaje más de la historia porque predispone al lector y le advierte de que algo va a suceder. Igual que en este spot, aunque el resultado sea absolutamente inesperado.

Pincha en la imagen y lo verás:

 

La escena del crimen


Si hay algo que nos han enseñado las series criminales como  CSI es la importancia de la  investigación de la escena del crimen. La relevancia de una buena inspección ocular y el registro posterior de huellas, balas, rastros de sangre es indiscutible. Fíjate si las series criminales han calado en nuestro día a día, que ya casi nadie desconoce el nombre y la utilidad del luminol, algo impensable hace algo más de una década. Incluso el conocimiento de los protocolos por el más común de los mortales, ha ayudado a resolver crímenes. Los publicistas lo saben y se hacen eco de esta realidad para relatarla. Eso sí,  como  ellos saben hacerlo: con humor.

Pincha aquí o en la imagen para acompañar al detective en su inspección ocular de la escena del crimen.

Clichés de género.


La femme fatale, el serial killer, el policía enganchado a sustancias poco recomendables, el detective con un oscuro pasado…Y la mafia. Todos ellos clichés de género que a pesar de su uso continuado, siguen funcionando. En la novela e incluso más en la pequeña y gran pantalla como atestigua este spot que seguro habrás visto en televisión.

Pincha en la imagen si quieres verlo:

Personaje


En la charla, Paco nos mostró un sinfín de spots relacionados con el género negro que me inspiraron para escribir este artículo e indagar un poco por la red.  He buscado ejemplos nuevos, pero de todos los que expuso hay uno que nos enseñó y que me gustó especialmente. Por eso no me resisto a añadirlo aquí. En este caso el anuncio tiene que ver con la motivación de los personajes. ¿Qué nos mueve a actuar de una manera específica? Y ¿qué consecuencias genera eso en el entorno? No puedes dejar de ver este spot porque te va a encantar. Estoy segura.

Pincha en la imagen de esta encantadora niña y verás…

¿Te habías parado a pensar la influencia que tiene el género negro en publicidad? ¿Conoces algún otro anuncio que utilice las características de la novela negra? Si es así, por favor, cuéntamelo, me encantará saberlo y disfrutarlo.

Y si has pasado un rato divertido leyendo el artículo, me encantaría que lo compartieras. ¡Muchas gracias!

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8 de marzo: de víctimas a verdugos. Rompiendo estereotipos de ficción.

La violencia.


Sea o no ocho de marzo, el debate acerca de qué es y qué no es la novela negra siempre está abierto y es un rifirrafe bastante polémico, de esos que levanta ampollas allá por donde pasa. Aunque si hay algo que une a todas las voces y en lo que no hay duda es en que en la novela negra reside la violencia. Puede ser activa, directa, pasiva o indirecta, eso es cierto. Pero en todas ellas existe esta premisa. Y también hay algo innegable. Que la violencia no se ve ni se expresa igual en hombres y mujeres. Ni en la realidad ni en la ficción, donde la figura de la mujer comienza a cambiar. De víctima a verdugo.

Realidad vs. Ficción


 

Cantidad

Si la novela negra es —en muchos casos—un reflejo más o menos objetivo de la realidad, cabe preguntarse si la menor incidencia de mujeres criminales en las novelas negras se corresponde con las tasas de criminalidad femenina en el mundo real. Atendiendo a los resultados de las investigaciones, según te comenté aquí, parece ser así puesto que según la International Journal of Forensic Mental Health y su estudio de los perfiles homicidas femeninos, las mujeres matan con menor frecuencia de que los hombres debido a las diferencias neurobiológicas cerebrales de los distintos sexos.

 

Estereotipos

También influye que el estereotipo de persona violenta se presenta en la figura de un hombre casi con exclusividad. Los motivos están al alcance de la mano. Lo vemos a diario en las noticias y en nuestras vidas. Piensa en la violencia como una respuesta viable a las emociones negativas, ¿a quién le está permitida y a quién le resulta aceptable ese tipo de manifestación en la sociedad? ¿A quién no? Efectivamente. Una pelea física desencadenada por una situación previa de insultos es —salvando algunas excepciones—bastante inusual entre el género femenino. Entre otras cosas porque está mal visto. No es el papel que debe jugar una mujer en la sociedad. En cambio, aunque tampoco esté bien visto en el caso de un hombre, sí que se entiende como una reacción más o menos normalizada. Piensa en un partido de fútbol infantil. Insultos y peleas por parte de los padres. Hay infinidad de noticias que lo reflejan.

El caso de que una de estas noticias estuviera  protagonizada por una mujer sería inusual. Y probablemente los interrogantes que suscitaría esta acción serían diametralmente opuestos al incidente masculino. Pasa lo mismo en actos delictivos más graves. En un asesinato. Ante una asesina que desmonta las expectativas de bondad, sumisión y sacrificio asociadas a la imagen femenina, los interrogantes giran en torno a la esencia del papel de la mujer a la par de la búsqueda de sus motivos criminales: ¿era una mala madre?¿mala esposa?¿tenía una sexualidad desviada?

Por otra parte, los estudios también parecen diferenciar el origen de la respuesta criminal. Mientras que en el caso masculino el abanico es muy amplio (venganza, avaricia, celos o psicopatías), se presupone que en la mayoría de los casos la violencia femenina surge como respuesta a una situación límite (abusos, miedos o psicopatías). Y esto es también lo que reflejan las novelas. Aunque hay que prestar atención también a ese pequeño porcentaje que muestra que, si bien es cierto que la violencia de la mujer es en su mayor parte reactiva, no siempre es así.

Tipología

Aunque en la vida real se haya desmontado ya el mito de la mujer envenenadora (hay mayor incidencia por asesinatos con arma blanca) y también el de la asesina vengadora (los crímenes suceden en mayor número por asuntos económicos que por venganza), la literatura continúa ahondando en estos arquetipos que ya han logrado escapar de la victimización y que tan buen resultado novelístico dan. A continuación te traigo unas recomendaciones que no puedes pasar por alto y en las que encontrarás motivaciones criminales y asesinas de todo tipo. 

Las malas de la película:

Cinco Asesinas y criminales “de libro”.


No me gustan nada los spoilers, por eso no daré el título de la novela (tendrás que pinchar en el enlace) sino que te cuento qué tipo de criminal encontrarás en ella. Aunque con la temática del post, ya sabes qué vas a descubrir en las páginas de las novelas recomendadas: asesinas.

Esta novela hace uno de los mejores retratos de una mente perturbada. Desarrolla el perfil psicológico de una mujer obsesiva, bipolar, que pasa de la ternura a la crueldad extrema en un instante. Un retrato espeluznante del arquetipo de la enfermera malvada que tiene su reflejo en la película del mismo nombre. Poco a poco la verás evolucionar en la forma que impone sus deseos mediante la tortura al escritor que comparte protagonismo con ella. Los castigos son cada vez más duros y aunque la película y el libro tienen sus diferencias, es una historia escalofriante a la par que subyugadora. Si no la has visto, te la recomiendo (la protagonista ganó un Oscar por su interpretación de esta psicópata). Si no has leído la novela, debes hacerlo. Y si quieres investigar más sobre esta asesina en serie cuyo pasado oculta una faceta de ángel de la muerte, pincha justo aquí.

En esta segunda recomendación, es indiscutible la maestría del autor para mostrarnos dentro del mismo personaje una transformación continua de víctima a verdugo. La protagonista es una mujer joven y atractiva que ha sido secuestrada y se encuentra en unas condiciones inhumanas. Sin embargo, poco a poco descubrirás junto a la brigada policial, que las cosas no son lo que parecen. Y no te dejará indiferente ese poso que esta novela dejará en tí y que es la carta de presentación de Lamaitre: cuestionarnos los límites entre lo moral e inmoral, entre la justicia y la injusticia. Una advertencia; no es apta para estómagos sensibles.

Tercera recomendación, y ahora me vas a permitir que barra un poquito para casa con esta novela, porque lo merece ya que muestra algo bastante inusual. Una serial killer patria. Una mujer cuyas motivaciones mutan de un asesinato a otro. Lo que comenzó siendo una necesidad como una respuesta a los intolerables abusos, va creando una situación insostenible que requiere de tanto en tanto, vuelva a asesinar por necesidad. La autora hace un trabajo muy interesante con la psique de esta protagonista dotándola de pinceladas que la humanizan en sus preocupaciones y sus reacciones. Mucho más allá de la clásica envenenadora o de la mujer melindrosa, Susana Rodríguez Lezáun nos descubre aquí la mente calculadora y fría de una asesina sin remordimientos.

En cuarto lugar te presento una novela cuyo principal punto fuerte es que desarrolla la relación de una asesina y sus cómplices. Todas mujeres. En este caso, la autora nos muestra el día a día de cuatro mujeres, cuyas vidas cambian a raíz del asesinato que comete una de ellas. Es una novela en la que, como te comentaba en la segunda recomendación, vas a encontrarte deseando que la asesina y sus cómplices se salgan con la suya pese a lo escalofriante y descarnado del asunto. Es una novela negra escrita al estilo clásico, concisa y sin florituras. Con las palabras y descripciones necesarias. Y además, refleja en profundidad, detalles de una sociedad y una cultura de la que solo tenemos conocimientos superficiales.

Esta sexta novela fue un gran descubrimiento del año pasado. Al estilo de P. Highsmith, Laila Slimani profundiza en la psicología femenina con mucha agudeza. En concreto busca la motivación que ha podido llevar a una niñera cariñosa y dócil para llegar a ser una asesina. El retrato es totalmente verosímil y terrorífico. La transformación de un cuento de Disney en una película de terror es palpable y angustiosa. Cómo una persona de confianza se torna en alguien peligroso. Mucho. Desde las primeras páginas la culpabilidad e incomodidad te sacuden sin perdón. Una novela que duele y se atraganta porque refleja a la perfección la realidad del universo femenino.

 

Pst, pst: no se vayan todavía, aún hay más.

¿Qué sería de la novela negra sin nombrar a los clásicos? Me atrevo a decir que las tragedias griegas son imprescindibles para entender la novela negra e incluso para darle un giro de tuerca. Todo está allí. Busca una motivación cualquiera para cometer un crimen y encontrarás que los griegos ya nos lo contaron.  Quizá el modus operandi resulte algo anticuado o recurra a la magia, no te diré que no, pero, a la vista de los resultados, hay que reconocer su efectividad. Salvando el hecho de que la historia se escribió en el año 431 a.C. hay que conceder que la protagonista tiene un buen calado psicológico. Sus acciones responden a un despecho, a la traición por parte de su marido quien la ha repudiado sin importarle que esté completamente enamorada de él o que ella sea la madre de sus hijos. El, ajeno a todas estas cuestiones, pretende casarse con otra princesa y la protagonista, en venganza, entra en acción. Simula que no le importa y envía a sus hijos con regalos para la feliz pareja. Pero esos presentes ocultan un conjuro mortal. Al más puro estilo de “Juego de Tronos” aquí no queda vivo —casi— ni el apuntador. Una buena noticia: por ser un clásico de la literatura, puedes conseguirlo gratis aquí.

¿Me sugieres alguna otra novela? ¿Conocías estas? ¡Cuéntame, por favor, me encantará saberlo! Y si te ha parecido un artículo interesante me haría mucha ilusión que lo compartieras.

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