El Santo Grial del suspense: el terrible incidente de la tía Pepi.

Santo Grial

Noticia bomba. Ya está. Lo he descubierto. Sé sin lugar a dudas cuál es el Santo Grial del suspense; el recurso narrativo más efectivo en las novelas criminales y los thrillers. Y no, no ha sido por leer ningún sesudo manual literario. Qué va. Ha sido un momento “ahá” de lo más mundano. Verás.

Como lectora, una de las cosas que más me gustan de las novelas negras y thrillers es el suspense. Me fascina como con unas sencillas palabras los autores consiguen que te mantengas pegada a la silla y con el corazón en un puño. Agatha Christie, Mary Higgins Clarck, y por supuesto el mago del suspense Stephen King son excepcionales creadores de intriga. ¿A quién no le ha sorprendido la madrugada leyendo una novela con esa sensación de angustia y empatía mientras piensas “solo un capítulo más y lo dejo”? Exacto.

Pero es un recurso difícil porque si no se utiliza bien el resultado es el “efecto pedorreta”. Bueno, o el de “sonido de globo deshinchándose” si te gusta más. Te ha pasado ¿verdad? La novela promete tanto… A cada página la trama se enreda, el protagonista sufre más, las expectativas son cada vez más altas…Y llega el final: decepcionante. Qué pena y qué rabia. Una explicación demasiado inverosímil, un personaje que actúa de forma impropia respecto a su devenir en la novela, o ¡lo peor de todo! Un Deux ex machina. Horror de horrores.

Siempre me he preguntado cómo será posible identificar qué funciona y cuándo utilizarlo en una historia para que el interés y la intriga vayan in crescendo hasta el final. Y, como te decía al comienzo, lo he descubierto. Este mismo fin de semana, unos minutos antes de la comida familiar.

Las previsiones ya anunciaban un fin de semana pasado por agua así que el plan de comida familiar y sobremesa relajada al calor de una buena conversación parecía una buena idea. Lo que nunca imaginé era que en tan solo unos minutos todo mi mundo fuera a cambiar por encontrar una revelación inesperada (igual me he venido arriba y es algo menos impactante, pero es que hoy estoy un poco dramática, qué le voy a hacer). Y menos que este descubrimiento llegase de una persona que a priori no tiene inquietudes literarias más allá de la lectura puntual de alguna novela cada cierto tiempo.

A lo que iba. Hace tan solo unos días he vivido ese momento “ahá” que te descoloca y te descubre algo tan importante como decisivo para ti. Venga, va, no te hago esperar más.

Te lo cuento momento a momento.

 Momento emboscada: la calma que precede a la incertidumbre


Este es el periodo previo al acontecimiento principal. Es un momento muy importante para crear suspense porque es un instante en el que el ambiente es decisivo. El lector tiene que estar in albis, sereno, confiado… vamos, lo que viene siendo en la inopia para que cuando llegue el momento adecuado, el efecto del suceso sea mucho más impactante, poderoso y eficaz. Si no lo ves venir, la sorpresa puede ser mayúscula ¿cierto?

Por fin es sábado y llueve en Mordor (¿Cómo no? Si aquí hace mal tiempo un día sí y otro…también).Llegas a casa de tu madre. Te recibe con esa hospitalidad amorosa y entrañable de la que siempre hace gala y te dice que aún le quedan un par de cositas por preparar (conociéndola es fácil que haya preparado comida como para un ejército) y que mientras tanto podéis esperar un poquito en el salón. Todos menos tú, porque te suelta un “¿me acompañas, cariño?” que eres incapaz de rechazar.

Así que allá vas, tras las zapatillas de felpa de tu madre (esas que a pesar de los años siguen estando en perfectas condiciones y sobre las que te surgen mil dudas del tipo ¿encargó un palé entero del mismo modelo y color hace décadas o es que solo se las pone cuando venimos a comer a su casa?). Entras en la cocina y una vaharada de calor y aromas deliciosos embriagan tus sentidos atontándote un poquito.

Ella entra decicida en la cocina y separa una silla. Con un gesto amable te anima a sentarte. Incluso te acerca el periódico del día y tú, ingenua y confiada, comienzas a pasar las páginas leyendo los titulares. Entonces. Es entonces cuando ella suelta la pregunta que da comienzo a todo el periplo posterior.

Momento crucial: Sorpresa y presagio


Ese instante en el que con pocas palabras el escritor te hace la promesa de que algo va a ocurrir. Quizá sea este punto el momento más importante de la novela. Porque es el que va a hacer que decidas si quieres continuar con la lectura, si lo que te propone el autor te intriga tanto como para no soltar el libro. Sabes que algo terrible va a suceder, algo que excita tu curiosidad. Y para ello el autor deja entrever un fragmento de información interesante pero que solo insinúa lo que podría suceder. Así que el lector comienza a elucubrar sus teorías.

—Uy, chica, ¡qué tremendo lo de la tía Pepi! ¿Verdad?

Y tú, que hasta ese momento eras feliz viviendo en la inopia, pones cara de interrogante, parpadeas varias veces y sostienes en alto la última página del periódico que vas a leer (aunque aún quizás ni lo sabes). Ella ve tu expresión de total desconocimiento y te da una pista más. Pequeñita, pero jugosa.

—Si, mujer, la tía Pepi, que ha estado ingresada. Anda que parecía una tontería y ya ves, un par de días hasta que la controlaron.

—¿Que la controlaron?¿Pero qué le ha pasado? No sabía nada.

—Ya, claro, ¿qué vas a saber? Yo, si no hubiera sido por la Paca y la Concha que pasaron ayer por la mercería seguro que no me hubiera enterado. Pues buena es la Pepi, con tal de no molestar. Ya sabes, igualita igualita que tu tío Antonio.

Momento subtrama o cortina de humo


Justo cuando el lector espera más información, el escritor juega con sus ilusiones y pospone la profundización en el asunto desviando la atención hacia otro lugar. Puede ser mediante la introducción de una subtrama, o de otro personaje, o mediante la inclusión de pistas falsas o redherrings.

Tu madre se gira hacia la encimera, empuña el cuchillo patatero y se pone a pelar los ajos mientras tú continúas a la espera de saber qué ha pasado con tu tía Pepi. Entonces se da la vuelta y te mira por encima de las gafas. Suspira y menea la cabeza al tiempo que pone los ojos en blanco.

—¿Qué?¿No te acuerdas? ¡Vaya memoria tienes, hija! Si, mujer. Se compró una televisión para Navidades. Una de esas nuevecitas, enorme como un campo de fútbol, plana y con no sé cuantas cosas de esas modernas y maravillosas. Vamos, que al aparato le faltaba hacerle la cena cuando llegase a casa. Un portento de cacharro, vaya. Que otra cosa te digo. No sé para qué se compró semejante chisme el tío Antonio, porque no tiene ni idea de usarlo.

Momento incertidumbre total


En este intervalo de la acción es imprescindible crear una duda o una amenaza que espolee la curiosidad del lector. Por supuesto, uno de los recursos más efectivos en este momento es el efecto Zeigarnik según el cual, si interrumpes una acción antes de finalizarla, quedará pendiente en tu mente hasta que concluya.

Tú, que continúas sentada a la mesa, ignorante y a la espera de saber qué pasó con tu tía Pepi esta semana intentas reconducir la conversación con una pregunta.

—Ehmm, si, pero ¿y la tía Pepi?¿Qué tiene que ver el tío Antonio con lo que le ha pasado?

—Ay, hija, que no te enteras de nada. . Acuérdate, chica. Estuvo más de un mes con la televisión nueva y apagada porque no sabía sintonizar los canales. Y por no molestar, no decía nada, el hombre.

Momento elipsis


 

Ah, la elipsis, esa omisión intencionada cuya intención es que nuestro cerebro lector siga haciéndose más y más preguntas. ¡Qué recurso más efectivo! El autor hace referencia al asunto pero no suelta prenda.

—Igual que la Pepi. ¡Es que son para echar de comer aparte! ¡Jesús que familia!

Momento final


Después de ese viaje en montaña rusa por los clímax y anticlímax de la lectura, de las cortinas de humo y pistas falsas, de esa elipsis criminal y del ambiente de incertidumbre generalizada, llega ahora sí, el momento de la resolución. Aquí es donde el autor se la juega. Si sabe hacerlo bien y cumple las expectativas creadas, el lector le hace la ola. Si no…Puede poner en jaque su carrera literaria (al menos con ese lector al que no le han convencido sus métodos).

—¿Pero mamá, me vas a contar qué le ha pasado a la tía Pepi de una vez?

—Ay, nada hija, que se le infectó un panadizo en el dedo gordo del pie izquierdo, pero por no decir nada aguantó tanto tiempo que cuando fue al ambulatorio ya tenía muy mala pinta. Y ella estaba con fiebre. Ya sabes que le pusieron medicación por lo del corazón, así que tuvieron que ingresarla para controlarla. Ha pasado dos días en el hospital, que ya tiene una edad y claro, entre las curas y sus pastillas, pues han querido tenerla vigilada. Pero nada, chica. Ya está estupenda. Ayer estuve viéndola. Cojea un poquillo, pero está estupenda.

Tu madre como si tal cosa, termina de saltear los ajos en el aceite y los saca a una salsera en la que previamente ha echado vinagre blanco. Merluza al horno al estilo Orio. Deliciosa. Apaga la placa y el horno y te dirige la más enorme de sus sonrisas.

—¿Qué, cariño, vamos a la mesa?


Real (o casi) como la vida misma. Suspense e intriga en estado puro al estilo #madrequecuentaunaanecdotaylahaceeterna.

¿Y a ti, te ha pasado algo parecido?¿Has tenido un momento “ahá” tan mundano como este que te ha desvelado algo importante? ¡Cuéntamelo, me encantaría saberlo! Como siempre, tienes los comentarios a tu disposición.

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8 de marzo: de víctimas a verdugos. Rompiendo estereotipos de ficción.

La violencia.


Sea o no ocho de marzo, el debate acerca de qué es y qué no es la novela negra siempre está abierto y es un rifirrafe bastante polémico, de esos que levanta ampollas allá por donde pasa. Aunque si hay algo que une a todas las voces y en lo que no hay duda es en que en la novela negra reside la violencia. Puede ser activa, directa, pasiva o indirecta, eso es cierto. Pero en todas ellas existe esta premisa. Y también hay algo innegable. Que la violencia no se ve ni se expresa igual en hombres y mujeres. Ni en la realidad ni en la ficción, donde la figura de la mujer comienza a cambiar. De víctima a verdugo.

Realidad vs. Ficción


 

Cantidad

Si la novela negra es —en muchos casos—un reflejo más o menos objetivo de la realidad, cabe preguntarse si la menor incidencia de mujeres criminales en las novelas negras se corresponde con las tasas de criminalidad femenina en el mundo real. Atendiendo a los resultados de las investigaciones, según te comenté aquí, parece ser así puesto que según la International Journal of Forensic Mental Health y su estudio de los perfiles homicidas femeninos, las mujeres matan con menor frecuencia de que los hombres debido a las diferencias neurobiológicas cerebrales de los distintos sexos.

 

Estereotipos

También influye que el estereotipo de persona violenta se presenta en la figura de un hombre casi con exclusividad. Los motivos están al alcance de la mano. Lo vemos a diario en las noticias y en nuestras vidas. Piensa en la violencia como una respuesta viable a las emociones negativas, ¿a quién le está permitida y a quién le resulta aceptable ese tipo de manifestación en la sociedad? ¿A quién no? Efectivamente. Una pelea física desencadenada por una situación previa de insultos es —salvando algunas excepciones—bastante inusual entre el género femenino. Entre otras cosas porque está mal visto. No es el papel que debe jugar una mujer en la sociedad. En cambio, aunque tampoco esté bien visto en el caso de un hombre, sí que se entiende como una reacción más o menos normalizada. Piensa en un partido de fútbol infantil. Insultos y peleas por parte de los padres. Hay infinidad de noticias que lo reflejan.

El caso de que una de estas noticias estuviera  protagonizada por una mujer sería inusual. Y probablemente los interrogantes que suscitaría esta acción serían diametralmente opuestos al incidente masculino. Pasa lo mismo en actos delictivos más graves. En un asesinato. Ante una asesina que desmonta las expectativas de bondad, sumisión y sacrificio asociadas a la imagen femenina, los interrogantes giran en torno a la esencia del papel de la mujer a la par de la búsqueda de sus motivos criminales: ¿era una mala madre?¿mala esposa?¿tenía una sexualidad desviada?

Por otra parte, los estudios también parecen diferenciar el origen de la respuesta criminal. Mientras que en el caso masculino el abanico es muy amplio (venganza, avaricia, celos o psicopatías), se presupone que en la mayoría de los casos la violencia femenina surge como respuesta a una situación límite (abusos, miedos o psicopatías). Y esto es también lo que reflejan las novelas. Aunque hay que prestar atención también a ese pequeño porcentaje que muestra que, si bien es cierto que la violencia de la mujer es en su mayor parte reactiva, no siempre es así.

Tipología

Aunque en la vida real se haya desmontado ya el mito de la mujer envenenadora (hay mayor incidencia por asesinatos con arma blanca) y también el de la asesina vengadora (los crímenes suceden en mayor número por asuntos económicos que por venganza), la literatura continúa ahondando en estos arquetipos que ya han logrado escapar de la victimización y que tan buen resultado novelístico dan. A continuación te traigo unas recomendaciones que no puedes pasar por alto y en las que encontrarás motivaciones criminales y asesinas de todo tipo. 

Las malas de la película:

Cinco Asesinas y criminales “de libro”.


No me gustan nada los spoilers, por eso no daré el título de la novela (tendrás que pinchar en el enlace) sino que te cuento qué tipo de criminal encontrarás en ella. Aunque con la temática del post, ya sabes qué vas a descubrir en las páginas de las novelas recomendadas: asesinas.

Esta novela hace uno de los mejores retratos de una mente perturbada. Desarrolla el perfil psicológico de una mujer obsesiva, bipolar, que pasa de la ternura a la crueldad extrema en un instante. Un retrato espeluznante del arquetipo de la enfermera malvada que tiene su reflejo en la película del mismo nombre. Poco a poco la verás evolucionar en la forma que impone sus deseos mediante la tortura al escritor que comparte protagonismo con ella. Los castigos son cada vez más duros y aunque la película y el libro tienen sus diferencias, es una historia escalofriante a la par que subyugadora. Si no la has visto, te la recomiendo (la protagonista ganó un Oscar por su interpretación de esta psicópata). Si no has leído la novela, debes hacerlo. Y si quieres investigar más sobre esta asesina en serie cuyo pasado oculta una faceta de ángel de la muerte, pincha justo aquí.

En esta segunda recomendación, es indiscutible la maestría del autor para mostrarnos dentro del mismo personaje una transformación continua de víctima a verdugo. La protagonista es una mujer joven y atractiva que ha sido secuestrada y se encuentra en unas condiciones inhumanas. Sin embargo, poco a poco descubrirás junto a la brigada policial, que las cosas no son lo que parecen. Y no te dejará indiferente ese poso que esta novela dejará en tí y que es la carta de presentación de Lamaitre: cuestionarnos los límites entre lo moral e inmoral, entre la justicia y la injusticia. Una advertencia; no es apta para estómagos sensibles.

Tercera recomendación, y ahora me vas a permitir que barra un poquito para casa con esta novela, porque lo merece ya que muestra algo bastante inusual. Una serial killer patria. Una mujer cuyas motivaciones mutan de un asesinato a otro. Lo que comenzó siendo una necesidad como una respuesta a los intolerables abusos, va creando una situación insostenible que requiere de tanto en tanto, vuelva a asesinar por necesidad. La autora hace un trabajo muy interesante con la psique de esta protagonista dotándola de pinceladas que la humanizan en sus preocupaciones y sus reacciones. Mucho más allá de la clásica envenenadora o de la mujer melindrosa, Susana Rodríguez Lezáun nos descubre aquí la mente calculadora y fría de una asesina sin remordimientos.

En cuarto lugar te presento una novela cuyo principal punto fuerte es que desarrolla la relación de una asesina y sus cómplices. Todas mujeres. En este caso, la autora nos muestra el día a día de cuatro mujeres, cuyas vidas cambian a raíz del asesinato que comete una de ellas. Es una novela en la que, como te comentaba en la segunda recomendación, vas a encontrarte deseando que la asesina y sus cómplices se salgan con la suya pese a lo escalofriante y descarnado del asunto. Es una novela negra escrita al estilo clásico, concisa y sin florituras. Con las palabras y descripciones necesarias. Y además, refleja en profundidad, detalles de una sociedad y una cultura de la que solo tenemos conocimientos superficiales.

Esta sexta novela fue un gran descubrimiento del año pasado. Al estilo de P. Highsmith, Laila Slimani profundiza en la psicología femenina con mucha agudeza. En concreto busca la motivación que ha podido llevar a una niñera cariñosa y dócil para llegar a ser una asesina. El retrato es totalmente verosímil y terrorífico. La transformación de un cuento de Disney en una película de terror es palpable y angustiosa. Cómo una persona de confianza se torna en alguien peligroso. Mucho. Desde las primeras páginas la culpabilidad e incomodidad te sacuden sin perdón. Una novela que duele y se atraganta porque refleja a la perfección la realidad del universo femenino.

 

Pst, pst: no se vayan todavía, aún hay más.

¿Qué sería de la novela negra sin nombrar a los clásicos? Me atrevo a decir que las tragedias griegas son imprescindibles para entender la novela negra e incluso para darle un giro de tuerca. Todo está allí. Busca una motivación cualquiera para cometer un crimen y encontrarás que los griegos ya nos lo contaron.  Quizá el modus operandi resulte algo anticuado o recurra a la magia, no te diré que no, pero, a la vista de los resultados, hay que reconocer su efectividad. Salvando el hecho de que la historia se escribió en el año 431 a.C. hay que conceder que la protagonista tiene un buen calado psicológico. Sus acciones responden a un despecho, a la traición por parte de su marido quien la ha repudiado sin importarle que esté completamente enamorada de él o que ella sea la madre de sus hijos. El, ajeno a todas estas cuestiones, pretende casarse con otra princesa y la protagonista, en venganza, entra en acción. Simula que no le importa y envía a sus hijos con regalos para la feliz pareja. Pero esos presentes ocultan un conjuro mortal. Al más puro estilo de “Juego de Tronos” aquí no queda vivo —casi— ni el apuntador. Una buena noticia: por ser un clásico de la literatura, puedes conseguirlo gratis aquí.

¿Me sugieres alguna otra novela? ¿Conocías estas? ¡Cuéntame, por favor, me encantará saberlo! Y si te ha parecido un artículo interesante me haría mucha ilusión que lo compartieras.

Lee. Disfruta. Cuéntame.

Menos sangre que un limaco. Esos personajes sin arco dramático.

Los humanos somos una especie emocional. Criaturas que experimentan y responden a la emoción de forma visceral. Es lo que nos conecta, lo que genera empatía y nos lleva a reaccionar tanto de forma positiva como negativa frente a los demás. Por eso los personajes principales de las novelas y películas son suelen ser proactivos. Actúan y sufren conflictos —internos y externos— que les llevan a transformarse. Al menos eso es lo que espero encontrar en un protagonista al leer un libro o ver una película.

 

¿Tú también? Supongo que sí. Porque no nos engañemos, nos gusta ver sufrir a los personajes, aunque también queremos ver como superan sus obstáculos. Vivimos con ellos una especie de catarsis, de terapia improvisada que nos prepara psicológicamente para enfrentarnos a nuestras propias dudas, miedos, defectos y remordimientos.

 

Ese cambio en el personaje es lo que en literatura se denomina el arco dramático. Es el responsable de que empaticemos con la historia y el protagonista, y como te decía, lo que esperamos encontrar en las novelas la gran mayoría de lectores.  Pero a veces esa magia sencillamente no ocurre. De hecho en estas últimas semanas me ha sucedido en dos ocasiones. Con un libro y también con un thriller: Toda una vida de Robert Seethaler y Tres anuncios en las afueras de Martin McDonagh. En ambas ocasiones el personaje principal me ha noqueado porque no tiene un desarrollo emocional y psicológico de transformación. Y sin embargo, ambos productos tienen una repercusión tremenda (no hay más que ver la lista de “oscarizables” para el cuatro de marzo o las entusiastas reseñas del libro).

 

Así las cosas, puse la centrifugadora en marcha. ¿Por qué unos personajes que no mutan, que no se transforman gustan tanto? Puede que cada ejemplo responda a una de las dos caras de la misma moneda.

 

La cara: Toda una vida


Esta no es una novela negra, ya sabes que leo de todo porque no solo de noir vive el hombre, como te dije aquí. Este “Toda una vida” fue la lectura propuesta para el club deborahdor de este mes. Aunque no pude acudir a la reunión por un asunto inesperado de confluencia planetaria, lo leí. Y como a Katixa, cuando volví la última página del libro se me quedó cara de interrogante.

Sábado. Confluencia planetaria. Evento deportivo – futbolero, reunión gastro – familiar y evento religioso – funerario. Todo en el espacio de unas horas. ¿Llegar al club de lectura? Misión imposible.

 

La novela tiene sus cosas buenas, no te diré que no. Es una lectura ágil y sencilla (son unas ciento cincuenta páginas) y su vocabulario es natural. La novela hace un repaso de la vida en Alemania durante el siglo XX a través de los ojos de Andreas Egger. Y ahí llega el problema. ¿Por qué? Porque su protagonista tiene menos sangre que un limaco. Le suceden mil calamidades y, probablemente por eso, como lectora sientes cierta empatía, pero es un personaje pasivo casi en su totalidad. A excepción de cinco momentos contados durante toda la novela, durante el resto del libro, Egger es únicamente el receptor de cuanto sucede. Un espectador casi indiferente, además.

 

Entonces, ¿qué razones existen para que esta novela se haya traducido a más de treinta idiomas, se haya llevado tantos premios (nominada al Man Booker Internaciona Prize y libro del año 2014 en Alemania) y cuente con la aceptación del público? ¿Estaré equivocada en mis percepciones? ¿Será que me he insensibilizado ante los nuevos recursos narrativos? ¿Se me está endureciendo tanto la piel? ¿O es que están cambiando los gustos de los lectores y ahora no es relevante que el personaje sufra una transformación personal? Aún sin resolver esta duda, llegó otro ejemplo para abundar todavía más en mi perplejidad.

 

 

La cruz: Tres anuncios en las afueras.


Un thriller apasionante, me dijeron. «¡Alla voy!», pensé. Pero terminó la película y, nuevamente, me quedé con cara de interrogante. Reconozco los méritos argumentativos de la cinta y la estupenda interpretación de Frances McDormand y Woody Harrelson en particular (a Sam Rockwell no soy capaz de verlo en otro registro diferente al de la Milla Verde, no hay papel que no me lo recuerde), pero el problema es que la acción pivota alrededor de la protagonista. Un personaje sin recorrido.

Mildred Hayes es fuerte, inteligente, una madre destrozada por el asesinato de su hija. Una mujer que puede mostrarse cruel o tierno como demuestra la escena del insecto casi al inicio de la película. Una protagonista de la que esperaba un crecimiento personal, una transformación. Y de nuevo no fue así. Aunque en este caso el error de apreciación fue mío. Lo descubrí días después, cuando las imágenes de la película volvieron a mi mente con efecto boomerang. Reconocí cuál era el papel real de la protagonista—del que no había sido consciente hasta ese momento—dentro de la historia. Mildred es importante y no por ser la protagonista—que también—, sino porque es el detonador y catalizador (con la ayuda de la carta del sheriff) del cambio de los demás personajes. Ella incita, actúa y acepta las reacciones que provocan sus acciones. Pero Mildred es la misma persona al inicio y al final de la película.

 

Ahí si le reconozco el mérito al inexistente arco dramático de la protagonista, porque ella es uno de los motivos principales del cambio de uno de los personajes. Para más señas el cambio es positivo, of course, que a la Academia estas cosas le gustan mucho. Aunque, en mi opinión, esa evolución del personaje sea algo forzada y superficial. Por eso me atrevo a adivinar que la réplica dorada del tío Oscar va a tener un lugar destacado en las estanterías de Frances McDormand.

 

¿Y tú, has leído a Seethaler?¿Y la película, la has visto? Me encantaría conocer tu opinión respecto a los protagonistas de ambas. ¿Tienes algún otro ejemplo de personajes que te hayan dejado fría? Me gustaría conocer tus impresiones, por favor.¿Te animas y me las cuentas?

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Cupido y National Geographic: amor noir

¿Imaginas qué sucedería si Cupido, el mofletudo angelote, visitara las páginas centrales de la famosa publicación? Conociendo el “modus operandi” de National Geographic, yo me hago una ligera idea…

Esto es un búfalo
Así te lo muestra National Geographic

 

 

 

¿Te acuerdas de la época dorada de la revista? Todos hacíamos chistes a cuenta de cómo sus fotografías nos enseñaban la “realidad” del mundo. Siempre de un modo mucho más directo y en muchas ocasiones, incluso cruel.

Con Cupido, el amor y la novela negra pasa algo parecido. Ese sentimiento que todos anhelamos y que en muchos casos rige nuestra existencia se muestra con toda su crudeza en el género noir mal a pesar de S.S.Van Dine y su regla número tres.

Y es que en la actualidad, el amor pese a quien le pese, es uno más de los hilos que trenzan el argumento de las novelas negras. Y no solo en su fase romántica sino en toda su extensa tipología. Tiene su lógica, si lo piensas detenidamente, porque el amor — junto con la venganza y el dinero—, es uno de los tres grandes motivos en los que se engloban las razones principales para cometer un crimen.

Así las cosas, hoy, con motivo de la festividad del regordete angelito te muestro el decálogo más oscuro del amor y las novelas en las que puedes encontrarlo.

Ojo, advertencia. Odio los spoilers, por lo que no voy a destrozar el argumento de ninguna de estas novelas al contarte qué tipo de relación amorosa puedes encontrar entre sus páginas.

Es más, para averiguar qué personajes viven una situación como la que te relato, te recomiendo que las leas. Después, si te apetece, las comentamos.

Amor tóxico


Dicen que el amor siempre pesa más de un lado de la balanza. Se habla de que en las relaciones siempre hay uno que ama y otro que se deja querer. Pero cuando este equilibrio supera los límites naturales, cuando una de las personas ejerce un control excesivo o trata de dominar de forma enfermiza a la otra parte, el sentimiento agradable se torna asfixiante y puede llegar a hacernos tomar decisiones muy graves. Dentro de esta categoría podríamos incluir el amor obsesivo, los abusos psicológicos y físicos, la violencia de género… Por desgracia hay infinidad de ejemplos en nuestra sociedad. Y esto también se refleja en la novela negra, cuya naturaleza es inherente a la denuncia social. Encontrarás algunos ejemplos de este amor tóxico en:

El pantanoso.


Este tipo de relación es la que se construye sobre una mentira o un engaño. ¿Has visto algún episodio de Catfish? Es un programa que trata de desmontar esos perfiles falsos sobre los que algunas personas construyen su identidad en redes sociales. Y la verdad es que esta situación es más habitual de lo que crees. Vivimos maquillando nuestra realidad para hacerla más perfecta, más interesante, más atractiva de cara a la galería. El postureo es algo aceptado en la sociedad. Con estos mimbres, no es de extrañar que existan relaciones cimentadas en los terrenos pantanosos de la semi – verdad o directamente de la mentira.

Una novela que pone de manifiesto este tipo de relación es:

  • Deudas del frío (Susana Rodríguez Lezáun).

El amor trágico.


Si te pido que me digas un ejemplo de este tipo de amor es muy probable que tu respuesta sea “Romeo y Julieta”. Buen ejemplo. Generalmente el amor trágico implica una odisea para los amantes. Un cúmulo de contrariedades que desembocan sin remedio en un destino fatal para uno de los amantes o para ambos en algunos casos.

La novela que mejor retrata este tipo de amor es en mi opinión:

  • El cartero siempre llama dos veces. de James M. Cain

El de oficina.


“Donde tengas la olla…” Si. Es un refrán que has escuchado hasta la saciedad, pero que no por ello es efectivo. El hombre es el único ser que tropieza “x” veces (elevado a la enésima potencia además) con la misma piedra. Sabes que las relaciones en el trabajo no son buenas, que no te convienen, que si no salen bien (y eso es lo más probable) vivas un infierno ocho horas diarias cinco días a la semana durante todo el año laboral. Pero tú que llevas la tozudez por bandera, crees que a ti no te va a ocurrir, que tu relación es tan poderosa que salvará cualquier obstáculo…Puede ser. En cualquier caso, este tipo de relación es complicada y lleva aparejado cierto secretismo al comienzo, lo que dota al asunto de una magia engañosa que suele desaparecer a pasos agigantados. Aunque mientras dura la fase de enamoramiento…Todo va bien.

Podrás encontrar una relación de oficina en:

El amor bouquet


O lo que viene siendo el típico “picaflor”. Es decir, aquella persona que evita un vínculo estable con una sola persona y prefiere mantener escarceos amorosos con varios amantes.  Es lo que se conoce comúnmente como ir de flor en flor. Suele estar asociado a la juventud o bien a personas con algún tipo de alergia —en distintos grados—al compromiso.

Un buen ejemplo de este tipo de amor bouquet:

El Narciso


El mito de Narciso habla de un joven que se enamora de su propio reflejo. Ególatra y egoísta, el Narciso es un tipo sin posibilidad de amar a alguien que no sea él mismo. Los entendidos dicen que las personas narcisistas poseen una aguda inteligencia y rodean sus actos de excesiva grandiosidad; características que, en realidad, encubren problemas de baja autoestima. Este excesivo amor propio le depara unos sentimientos de satisfacción tan necesarios para su propio bienestar que incluso llegan a ser dependientes de esos actos desproporcionados y ostentosos. A su vez, las consecuencias de esta actitud de excesiva autoestima suelen desembocar en episodios de reacciones violentas con altibajos muy marcados en su temperamento.

Encontrarás un modelo de Narciso en:

El infiel.


Pocas explicaciones necesita este tipo de amor del que hay cientos de ejemplos en todas las novelas, pertenezcan estas al género negro o no.

Puedes leer una muestra de este amor tan ingrato en:

El triangular


Un amor a tres bandas. Un triángulo que suele ser escaleno o isósceles, muy pocas veces es equilátero porque en general establece relaciones desiguales. Acostumbran a tener un final abrupto ya que, a pesar de que el envoltorio con el que se presenta  este tipo de unión es muy atractivo y deseable, en última instancia suelen comportar sentimientos de ansiedad y competencia dentro de la relación.

Un buen ejemplo de triángulo amoroso en novela negra es:

  • La Dalia Negra de James Ellroy

El condenable


Desde el comienzo de los tiempos, junto al amor romántico —admitido y aprobado por la sociedad—, convive un tipo de relación conocida como “condenable”. Aquella que no está socialmente aceptada.  A lo largo de la Historia muchos idilios “especiales” — relaciones entre personas del mismo sexo, relaciones multirraciales, aquellas que sus miembros tienen una gran diferencia de edad e incluso relaciones entre miembros de la misma familia— han pasado por esta situación de rechazo social con diferente resultado en la actualidad.

Puedes encontrar algún ejemplo de este tipo de amor en:

Amor, amor.


Amor. El equilibrio entre intimidad, pasión y compromiso es la piedra angular de lo que conocemos como amor romántico. Ese cosquilleo en el estómago que te hace vivir con intensidad cada momento con la persona elegida. Este es un amor que no suele dejarse ver demasiado en la novela negra —como señalaba anteriormente es una característica condenada por los autores clásicos del género—, pero como las meigas gallegas: haberlos haylos.

Hay una preciosa historia de amor en:

  • Las flores no sangran (Alexis Ravelo).

Bonus track:


Amor filial.

¿Qué sería de un listado de relaciones de amor sin el más incondicional de todos ellos? El amor de los padres por sus hijos. Puro instinto. Este amor es irracional, absoluto e ilimitado y proporciona las herramientas necesarias para que seas capaz de proteger a tus retoños ante cualquier situación o elemento amenazador.

Un ejemplo de lo que los padres son capaces de hacer por sus hijos es:

  • Subsuelo de Marcelo Luján

¿Te ha gustado? ¿Te preguntas cómo es posible que haya “rescatado” de mi memoria detalles de tantas novelas? Te contaré mi secreto. No se debe a ningún acto sobrenatural, tan solo a tener registradas mis lecturas en la Guía Definitiva. Fácil ¿verdad? Y tú también puedes descargártela aquí.

¿Me recomiendas una novela negra en la que el amor juegue algún tipo de papel? Por favor cuéntamelo. Tienes los comentarios a tu disposición. Y si te ha gustado el artículo, puedes compartirlo, me harás muy feliz.

Lee.  Disfruta. Cuéntame.

10 grandes escritores y su oscuro pasado

Dicen que el pasado pasado está. En cualquier caso, todos tenemos uno y, por más que se haya empeñado Karina con su baúl, no siempre es mejor ni a todo el mundo le apetece volver la vista atrás para recordarlo. Sobre todo si eres un escritor con un pasado oscuro. Y esto no es un asunto exclusivo de escritores de novelas negras, no creas. Es independiente al género literario. Verás.

Ni los autores son seres sobrenaturales tocados por la magia de las musas ni las novelas se escriben en un acto supremo de inspiración (aunque como en todo, siempre hay excepciones). La vida de los escritores a veces es tan bohemia y excepcional como nos hacen ver pero ojo, que todo el mundo tiene un pasado y, como decía antes, en ocasiones no es algo positivo. De hecho, hay muchos escritores que preferirían ocultarlo, enterrarlo y sepultarlo. En algunos casos porque puede ser vergonzoso, pero en otros porque pertenece a una época que quisieran olvidar (actos criminales incluidos).

Hoy te traigo diez ejemplos del pasado de escritores famosos. Un pasado del que algunos no se sentirían muy orgullosos o que quizá preferirían que no saliera a la luz.

Anne Perry.


 

La afamada escritora ganadora del premio Edgar y creadora de los detectives Thomas Pitt y William Monk tiene uno de los pasados más truculentos del mundo literario porque cuenta en su haber con el asesinato de la madre de su mejor amiga. Ambas amigas lo llevaron a cabo cuando eran adolescentes y ha sido llevado al cine en la película Criaturas Celestiales. Anne fue juzgada y cumplió cinco años de prisión por ello.

Roald Dahl.


El autor de Matilda o Charlie y la fábrica de chocolate también escribió relatos intrigantes plagados de personajes curiosos e inquietantes. Es posible que su pasado —más o menos oculto— como piloto de combate durante la Segunda Guerra Mundial y su faceta como informador de inteligencia para los EEUU le facilitase de algún modo ponerse en la piel de algunos personajes y entornos turbadores que reflejó con mucha habilidad en sus obras.

 

Louisa May Alcott.


Quizá Mujercitas, su obra más reconocida, da una imagen de esta escritora que no corresponde con una mujer que comenzó su carrera literaria narrando historias sobre drogas, travestis y espías. El transcurso de la novela de las cuatro hermanas, pese a estar basada en las experiencias de la autora, tampoco da que pensar que fue adicta al opio para poder sobrellevar sus dolencias.

 

William S. Burroughs


Comparte el dudoso honor junto con Anne Perry, de ser un asesino. En su caso, el escritor estaba jugando con su esposa y quiso remedar a Guillermo Tell en una versión moderna. En lugar de la ballesta utilizó una pistola, cambió la famosa manzana por un vaso de cristal y, por último, invirtió la puntería del personaje de ficción por un desafortunado accidente en el que su mujer perdió la vida.

 

Edgar Allan Poe.


La trágica vida de este escritor daría para una entrada completa por si misma, pero la parte de su pasado que traigo a colación es que contrajo nupcias con su propia prima. Y por si esto no fuera bastante, la chica era menor de edad en aquel momento ya que solo tenía trece años. En favor del autor de “El cuervo” hay que decir que estuvo totalmente enamorado de ella y que su muerte,  cuando contaba con veinticuatro años, fue un episodio que Poe nunca pudo superar.

 

J.M. Barrie.


Parece que de la mente del autor de Peter Pan solo podría extraerse un mundo fantástico y maravilloso. Sin embargo, si ahondas en los motivos por los que al escritor se le ocurrió el inolvidable personaje que nunca quiso crecer, descubrirás algo terrorífico. Cuando era niño, su hermano mayor murió y desde aquel momento, Barrie  trató de ocupar su lugar bien porque resultó un episodio traumático para él o, quizá, para que la figura de su hermano mayor no cayera en el olvido. En cualquier caso, desde la muerte de su hermano, el pequeño Barrie se vestía con su ropa e incluso actuaba como si fuera él. Espeluznante, ¿verdad?

 

HP Lovecraft.


Una joyita este escritor hiper – fóbico, racista y coetáneo de Robert Bloch. Hay quien dice que una parte de la vida del creador de Cthulhu pudo inspirar al escritor de Psycho. Incluso dicen que algunas características psicológicas asociadas a la figura de la madre de Norman Bates podrían estar suscitadas por la de Lovecraft, ya que esta fue una mujer puritana y tradicional que acusó la temprana muerte de su marido sobreprotegiendo a su único hijo

 

Charles Dickens.


Nadie imaginaría que el creador de personajes tan corpóreos como el señor Scrooge, u Oliver Twist fuera lo que hoy llamaríamos un Cazafantasmas. Pero es cierto. Dickens fue miembro de un club que indagaba en los sucesos paranormales y la existencia de fantasmas con la intención de desacreditar muchas de las ridículas teorías que invadían el Londres del siglo XIX. Y sin embargo, a pesar de que trataba de racionalizar y priorizar la ciencia frente a la psique, estaba fascinado por una corriente que iba tomando fuerza en la época: la hipnosis.

 

Suzanne Collins.


Probablemente muchos fans de la autora de Los Juegos del Hambre, en la que se refleja un mundo amenazador y cruento en el que los niños se asesinan unos a otros mientras el resto de la población disfruta del espectáculo, desconozcan que en sus comienzos Suzanne escribió cuentos infantiles bastante naif. Nada que ver con el universo sangriento que muestra en la saga.

 

Mary Shelley.


En el top ten de esta escalofriante lista de oscuros pasados está la creadora de Frankenstein. Se dice, se cuenta, se rumorea que Mary perdió la virginidad con su futuro marido sobre la tumba de su propia madre… ¿Alguien da más?

A la vista de todos estos pasados…Quizá el tuyo y el mío no están tan mal ¿verdad? ¿Conoces algún otro secreto pasado de un escritor? Tienes los comentarios a tu disposición.

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