El Santo Grial del suspense: el terrible incidente de la tía Pepi.

Santo Grial

Noticia bomba. Ya está. Lo he descubierto. Sé sin lugar a dudas cuál es el Santo Grial del suspense; el recurso narrativo más efectivo en las novelas criminales y los thrillers. Y no, no ha sido por leer ningún sesudo manual literario. Qué va. Ha sido un momento “ahá” de lo más mundano. Verás.

Como lectora, una de las cosas que más me gustan de las novelas negras y thrillers es el suspense. Me fascina como con unas sencillas palabras los autores consiguen que te mantengas pegada a la silla y con el corazón en un puño. Agatha Christie, Mary Higgins Clarck, y por supuesto el mago del suspense Stephen King son excepcionales creadores de intriga. ¿A quién no le ha sorprendido la madrugada leyendo una novela con esa sensación de angustia y empatía mientras piensas “solo un capítulo más y lo dejo”? Exacto.

Pero es un recurso difícil porque si no se utiliza bien el resultado es el “efecto pedorreta”. Bueno, o el de “sonido de globo deshinchándose” si te gusta más. Te ha pasado ¿verdad? La novela promete tanto… A cada página la trama se enreda, el protagonista sufre más, las expectativas son cada vez más altas…Y llega el final: decepcionante. Qué pena y qué rabia. Una explicación demasiado inverosímil, un personaje que actúa de forma impropia respecto a su devenir en la novela, o ¡lo peor de todo! Un Deux ex machina. Horror de horrores.

Siempre me he preguntado cómo será posible identificar qué funciona y cuándo utilizarlo en una historia para que el interés y la intriga vayan in crescendo hasta el final. Y, como te decía al comienzo, lo he descubierto. Este mismo fin de semana, unos minutos antes de la comida familiar.

Las previsiones ya anunciaban un fin de semana pasado por agua así que el plan de comida familiar y sobremesa relajada al calor de una buena conversación parecía una buena idea. Lo que nunca imaginé era que en tan solo unos minutos todo mi mundo fuera a cambiar por encontrar una revelación inesperada (igual me he venido arriba y es algo menos impactante, pero es que hoy estoy un poco dramática, qué le voy a hacer). Y menos que este descubrimiento llegase de una persona que a priori no tiene inquietudes literarias más allá de la lectura puntual de alguna novela cada cierto tiempo.

A lo que iba. Hace tan solo unos días he vivido ese momento “ahá” que te descoloca y te descubre algo tan importante como decisivo para ti. Venga, va, no te hago esperar más.

Te lo cuento momento a momento.

 Momento emboscada: la calma que precede a la incertidumbre


Este es el periodo previo al acontecimiento principal. Es un momento muy importante para crear suspense porque es un instante en el que el ambiente es decisivo. El lector tiene que estar in albis, sereno, confiado… vamos, lo que viene siendo en la inopia para que cuando llegue el momento adecuado, el efecto del suceso sea mucho más impactante, poderoso y eficaz. Si no lo ves venir, la sorpresa puede ser mayúscula ¿cierto?

Por fin es sábado y llueve en Mordor (¿Cómo no? Si aquí hace mal tiempo un día sí y otro…también).Llegas a casa de tu madre. Te recibe con esa hospitalidad amorosa y entrañable de la que siempre hace gala y te dice que aún le quedan un par de cositas por preparar (conociéndola es fácil que haya preparado comida como para un ejército) y que mientras tanto podéis esperar un poquito en el salón. Todos menos tú, porque te suelta un “¿me acompañas, cariño?” que eres incapaz de rechazar.

Así que allá vas, tras las zapatillas de felpa de tu madre (esas que a pesar de los años siguen estando en perfectas condiciones y sobre las que te surgen mil dudas del tipo ¿encargó un palé entero del mismo modelo y color hace décadas o es que solo se las pone cuando venimos a comer a su casa?). Entras en la cocina y una vaharada de calor y aromas deliciosos embriagan tus sentidos atontándote un poquito.

Ella entra decicida en la cocina y separa una silla. Con un gesto amable te anima a sentarte. Incluso te acerca el periódico del día y tú, ingenua y confiada, comienzas a pasar las páginas leyendo los titulares. Entonces. Es entonces cuando ella suelta la pregunta que da comienzo a todo el periplo posterior.

Momento crucial: Sorpresa y presagio


Ese instante en el que con pocas palabras el escritor te hace la promesa de que algo va a ocurrir. Quizá sea este punto el momento más importante de la novela. Porque es el que va a hacer que decidas si quieres continuar con la lectura, si lo que te propone el autor te intriga tanto como para no soltar el libro. Sabes que algo terrible va a suceder, algo que excita tu curiosidad. Y para ello el autor deja entrever un fragmento de información interesante pero que solo insinúa lo que podría suceder. Así que el lector comienza a elucubrar sus teorías.

—Uy, chica, ¡qué tremendo lo de la tía Pepi! ¿Verdad?

Y tú, que hasta ese momento eras feliz viviendo en la inopia, pones cara de interrogante, parpadeas varias veces y sostienes en alto la última página del periódico que vas a leer (aunque aún quizás ni lo sabes). Ella ve tu expresión de total desconocimiento y te da una pista más. Pequeñita, pero jugosa.

—Si, mujer, la tía Pepi, que ha estado ingresada. Anda que parecía una tontería y ya ves, un par de días hasta que la controlaron.

—¿Que la controlaron?¿Pero qué le ha pasado? No sabía nada.

—Ya, claro, ¿qué vas a saber? Yo, si no hubiera sido por la Paca y la Concha que pasaron ayer por la mercería seguro que no me hubiera enterado. Pues buena es la Pepi, con tal de no molestar. Ya sabes, igualita igualita que tu tío Antonio.

Momento subtrama o cortina de humo


Justo cuando el lector espera más información, el escritor juega con sus ilusiones y pospone la profundización en el asunto desviando la atención hacia otro lugar. Puede ser mediante la introducción de una subtrama, o de otro personaje, o mediante la inclusión de pistas falsas o redherrings.

Tu madre se gira hacia la encimera, empuña el cuchillo patatero y se pone a pelar los ajos mientras tú continúas a la espera de saber qué ha pasado con tu tía Pepi. Entonces se da la vuelta y te mira por encima de las gafas. Suspira y menea la cabeza al tiempo que pone los ojos en blanco.

—¿Qué?¿No te acuerdas? ¡Vaya memoria tienes, hija! Si, mujer. Se compró una televisión para Navidades. Una de esas nuevecitas, enorme como un campo de fútbol, plana y con no sé cuantas cosas de esas modernas y maravillosas. Vamos, que al aparato le faltaba hacerle la cena cuando llegase a casa. Un portento de cacharro, vaya. Que otra cosa te digo. No sé para qué se compró semejante chisme el tío Antonio, porque no tiene ni idea de usarlo.

Momento incertidumbre total


En este intervalo de la acción es imprescindible crear una duda o una amenaza que espolee la curiosidad del lector. Por supuesto, uno de los recursos más efectivos en este momento es el efecto Zeigarnik según el cual, si interrumpes una acción antes de finalizarla, quedará pendiente en tu mente hasta que concluya.

Tú, que continúas sentada a la mesa, ignorante y a la espera de saber qué pasó con tu tía Pepi esta semana intentas reconducir la conversación con una pregunta.

—Ehmm, si, pero ¿y la tía Pepi?¿Qué tiene que ver el tío Antonio con lo que le ha pasado?

—Ay, hija, que no te enteras de nada. . Acuérdate, chica. Estuvo más de un mes con la televisión nueva y apagada porque no sabía sintonizar los canales. Y por no molestar, no decía nada, el hombre.

Momento elipsis


 

Ah, la elipsis, esa omisión intencionada cuya intención es que nuestro cerebro lector siga haciéndose más y más preguntas. ¡Qué recurso más efectivo! El autor hace referencia al asunto pero no suelta prenda.

—Igual que la Pepi. ¡Es que son para echar de comer aparte! ¡Jesús que familia!

Momento final


Después de ese viaje en montaña rusa por los clímax y anticlímax de la lectura, de las cortinas de humo y pistas falsas, de esa elipsis criminal y del ambiente de incertidumbre generalizada, llega ahora sí, el momento de la resolución. Aquí es donde el autor se la juega. Si sabe hacerlo bien y cumple las expectativas creadas, el lector le hace la ola. Si no…Puede poner en jaque su carrera literaria (al menos con ese lector al que no le han convencido sus métodos).

—¿Pero mamá, me vas a contar qué le ha pasado a la tía Pepi de una vez?

—Ay, nada hija, que se le infectó un panadizo en el dedo gordo del pie izquierdo, pero por no decir nada aguantó tanto tiempo que cuando fue al ambulatorio ya tenía muy mala pinta. Y ella estaba con fiebre. Ya sabes que le pusieron medicación por lo del corazón, así que tuvieron que ingresarla para controlarla. Ha pasado dos días en el hospital, que ya tiene una edad y claro, entre las curas y sus pastillas, pues han querido tenerla vigilada. Pero nada, chica. Ya está estupenda. Ayer estuve viéndola. Cojea un poquillo, pero está estupenda.

Tu madre como si tal cosa, termina de saltear los ajos en el aceite y los saca a una salsera en la que previamente ha echado vinagre blanco. Merluza al horno al estilo Orio. Deliciosa. Apaga la placa y el horno y te dirige la más enorme de sus sonrisas.

—¿Qué, cariño, vamos a la mesa?


Real (o casi) como la vida misma. Suspense e intriga en estado puro al estilo #madrequecuentaunaanecdotaylahaceeterna.

¿Y a ti, te ha pasado algo parecido?¿Has tenido un momento “ahá” tan mundano como este que te ha desvelado algo importante? ¡Cuéntamelo, me encantaría saberlo! Como siempre, tienes los comentarios a tu disposición.

Lee. Disfruta. Cuéntame.

2 thoughts on “El Santo Grial del suspense: el terrible incidente de la tía Pepi.

  1. La tía Pepi, que no va al médico y el tío Antonio que no ve la tele porque no sabe sintonizar canales. Lo que me he podido reír.
    Y, mientras, lección magistral de cómo crear suspense en la trama.
    ¡Besotes!

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