Todos somos hijos de Gengis Kan. Los padres de la novela negra: Wilkie Collins

Hijos de Genghis Khan Wilkie Collins

Según algunas teorías que circulan por la red, hay una posibilidad muy alta de que todos seamos hijos de Genghis Khan, por lo que el 19 de marzo, quizá debiera ser el día del guerrero mongol. Quién sabe. En cualquier caso, lo que sí parece cierto es que somos el resultado de lo que nos precedió. Somos quienes somos debido a nuestros antepasados. Igual que en novela negra. No podríamos entender el género actual sin sus precursores.

En una de mis últimas visitas al trastero de mi madre encontré en una caja de cartón las lecturas que  había acumulado en la época del instituto. Con la nostalgia prendida en las córneas abrí una de ellas.  Esperaba localizar entre los títulos de las lecturas obligatorias unos cuantos clásicos de la Literatura, pero no contaba con encontrar entre todos ellos un ejemplar de La Piedra Lunar. Recordaba vagamente haberlo leído, pero no que en aquella época tuviera las habilidades necesarias para hacerlo en inglés porque ahora me veo totalmente incapaz de sumergirme en las páginas de la novela para poder disfrutarla. Es más, si me imagino leyéndola, evoco una imagen de mi misma muy poco halagüeña. Bolígrafo, cuaderno y Collins Pocket en ristre. En fin.

Este encuentro con mi  yo del pasado me dio que pensar en los padres de lo que hoy conocemos como novela negra, expresión que difiere bastante de lo que se acuñó como tal en los años treinta gracias al trío de autores hard boiled  Hammet, Chandler y MacDonald . Pero antes que la triada negra existieron otros tantos escritores que fueron los precursores del género y responsables de las novelas de misterio, las novelas enigma o las primeras policíacas.

Todos sabemos quién fue Poe (y si no lo sabes por favor, échale un vistazo a este pedazo de post que se marcó Jaume hace unos días) y también Conan Doyle gracias a su famosísimo Sherlock Holmes. Pero en la herencia genética de la novela negra actual hay ADN de ambos junto con los de Leroux, Leblanc, o Collins. Figuras igualmente importantes aunque que vaya usted a saber porqué, han pasado bastante más desapercibidas en el panorama literario. Uno de ellos, como te comentaba, es Wilkie Collins. ¿No lo conoces? Pongamos remedio.

Wilkie Collins


 

William Wilkie Collins (1824-1889) comenzó su carrera de narrador de cuentos de forma fortuita, como respuesta a una situación de bullying en el internado. No lo tuvo fácil este hombre de apariencia llamativa (nació con un gran bulto en la frente) y complexión extraña (su cabeza y hombros eran desproporcionados en comparación con sus pequeños pies y manos).

El joven Wilkie continuó con su afición por la escritura mientras desarrollaba trabajos de aprendiz de comerciante en una tienda de té y durante sus estudios de Derecho (profesión que nunca ejerció) alternando la escritura de artículos periodísticos con cuentos y relatos. Coetáneo de Dickens, trabajó para él en la revista All the Year Round  y estableció con éste unos lazos fuertes y profundos tanto a nivel profesional como personal (no en vano el hermano de Collins se casó con la hija mayor de Dickens).

Durante las décadas de 1850 y 1860, Collins conoció el éxito editorial y la decadencia física al mismo tiempo. Publicó sus cuatro novelas principales, La mujer de blanco (1860), No name (1862), Armadale (1866) y La piedra lunar (1868) con gran aclamación por parte de los lectores. Incluso podríamos asegurar que fue el precursor de lo que hoy conocemos como merchandising puesto que el marketing para publicitar sus novelas incluía capas, perfumes, etc. De hecho, con sus 27 novelas, alrededor de 50 historias cortas, más de una decena de obras de teatro y un centenar de obras de no ficción, Collins fue uno de los escritores victorianos más conocidos y aclamados.

El creador de la frase “Hazlos llorar, hazlos reír, hazlos esperar” tuvo una vida poco convencional. Amante de algunos excesos, llevaba un estilo de vida poco ortodoxo sobre todo en el plano sentimental. Conoció a Caroline Graves en unas circunstancias peculiares, mientras paseaba una noche en compañía de su hermano y otro amigo común. Según parece, fueron abordados por una mujer vestida de blanco (la propia Caroline) que huía de una villa donde había estado prisionera. Graves y él nunca llegaron a casarse, (Collins incluso acudió a la boda de Caroline con otro hombre, pero ese matrimonio fracasó y la mujer volvió a vivir junto a Wilkie hasta su muerte) y además el escritor mantenía a su vez otra relación con una muchacha veinte años más joven. Para evitar comentarios malintencionados, Wilkie compró un piso a unos metros de su vivienda habitual en el que instaló a su amante, Martha Rudd, con quien tuvo sus tres hijos: Marian, Harriet y Charley.

Pese a todo, la salud de Wilkie fue decayendo. Continuaba sufriendo dificultades respiratorias y sus problemas cardíacos se acrecentaron junto con su dependencia al opio y al láudano. Murió el 23 de septiembre de 1889, cuando contaba con sesenta y cinco años.

Legado noir


Dos son sus obras más representativas: La dama de Blanco y La piedra lunar. En ambas profundiza en el estilo epistolar y los múltiples puntos de vista. Las dos son un ejemplo extraordinario de un buen manejo de suspense e intriga; no en vano, la forma de publicación de estas dos novelas (por entregas) es la manera ideal para desarrollar el recurso narrativo que hoy conocemos como cliffhanger y sin el que los thrillers actuales no tendrían sentido.

La piedra lunar.


La que se considera la primera novela policial británica es mi recomendación para celebrar el diecinueve de marzo. La  obra cumbre de uno de los padres del género y que tantas veces ha sido “homenajeada” (leer con un punto de ironía, por favor) por diferentes autores en sus novelas. En ella encontrarás un narrador al más puro estilo victoriano, pero también estructuras narrativas propias de nuestros días. Disfrutarás entre sus páginas de las características típicas para la resolución de un misterio, de una narrativa coral al estilo epistolar y de coartadas interesantísimas. También los personajes son deliciosos en sus descripciones tanto a nivel físico como emocional (no te puedes perder al mayordomo Betteredge, cuya explicación a cualquier suceso real tiene su referencia en Robinson Crusoe).

Otro elemento destacable de esta obra es la pareja policial de la novela. Un tándem compensatorio entre dos caracteres complementarios que vio su reflejo en Holmes y Watson y que ha llegado hasta la actualidad, donde la caracterización de los investigadores suele seguir este patrón dual.

Si te apetece verla en pequeña o gran pantalla, también puedes hacerlo en sus versiones cinematográficas de 1934(Reginald Barker) y 1996 (Robert Bierman) o en la serie de televisión de 1972.

Sinopsis


Un precioso diamante conocido como la Piedra Lunar es robado de la estatua de un dios hindú por un oficial inglés pese a la maldición que protege la piedra. Años más tarde, su sobrina, una joven adinerada de la sociedad victoriana, hereda la joya por su cumpleaños. Pero la piedra sagradano viaja sola. Tres hindúes siguen sus pasos para recuperarla. ¿Serán ellos los culpables de la desaparición de la Piedra Lunar esa misma noche? ¿O alguien se les ha adelantado?Años antes de la aparición de Sherlock Holmes y su descendencia literaria, Wilkie Collins inauguró el género de las novelas de detectives con La Piedra Lunar. En ella parte de una desaparición aparentemente insoluble y recurre a una original estructura narrativa para desentrañar el misterio. Ante la dificultad para resolver el caso, cada uno de los testigos debe escribir detalladamente lo que vio y escuchó durante esos días. Collins despliega así su talento literario y su profundo conocimiento de la condición humana, y consigue perfilar nítidamente a cada uno de los personajes a través de las sospechas, posibles motivaciones e historias secundarias que surgen en sus testimonios, así como por medio de un contraste satírico de sus interpretaciones, en ocasiones opuestas. Una obra maestra que nos presenta una serie de hechos misteriosos desde los dispares puntos de vista de unos personajes inolvidables.

Puedes encontrarla en pdf justo aquí gracias a la biblioteca digital taumalipas.

Una última recomendación: puede que algunos pasajes te resulten densos o farragosos sobre todo en la primera parte. Es normal. Dale un poco de manga ancha, que merece la pena y no olvides la época en la que fue escrita para que puedas apreciarla en su justa medida.

¿Conocías a Wilkie Collins? ¿Y a La Piedra Lunar? Yo casi había olvidado que la leí hace muchos años. Si hubiese tenido entonces la Guía Definitiva de Lecturas, otro gallo me hubiera cantado. Pero como todo tiene remedio, ahora la he incluido en la lista para una relectura que espero no tarde mucho en llegar. ¿Y tú, tienes memoria de elefante o de Dori?¿Registras tus lecturas? Si necesitas un lugar donde poder hacerlo, te animo a que te descargues La Guía. Estoy segura de que te será muy útil.

 

Lee. Disfruta. Cuéntame.

3 thoughts on “Todos somos hijos de Gengis Kan. Los padres de la novela negra: Wilkie Collins

    1. Jajaja, ¿tú crees? A mí me parece que no llego a nada…Mil besos y gracias por pasarte y comentar. Yo también espero tus noticias…Y cruzo los dedos.
      ¡Suerte!

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