10 grandes escritores y su oscuro pasado

Dicen que el pasado pasado está. En cualquier caso, todos tenemos uno y, por más que se haya empeñado Karina con su baúl, no siempre es mejor ni a todo el mundo le apetece volver la vista atrás para recordarlo. Sobre todo si eres un escritor con un pasado oscuro. Y esto no es un asunto exclusivo de escritores de novelas negras, no creas. Es independiente al género literario. Verás.

Ni los autores son seres sobrenaturales tocados por la magia de las musas ni las novelas se escriben en un acto supremo de inspiración (aunque como en todo, siempre hay excepciones). La vida de los escritores a veces es tan bohemia y excepcional como nos hacen ver pero ojo, que todo el mundo tiene un pasado y, como decía antes, en ocasiones no es algo positivo. De hecho, hay muchos escritores que preferirían ocultarlo, enterrarlo y sepultarlo. En algunos casos porque puede ser vergonzoso, pero en otros porque pertenece a una época que quisieran olvidar (actos criminales incluidos).

Hoy te traigo diez ejemplos del pasado de escritores famosos. Un pasado del que algunos no se sentirían muy orgullosos o que quizá preferirían que no saliera a la luz.

Anne Perry.


 

La afamada escritora ganadora del premio Edgar y creadora de los detectives Thomas Pitt y William Monk tiene uno de los pasados más truculentos del mundo literario porque cuenta en su haber con el asesinato de la madre de su mejor amiga. Ambas amigas lo llevaron a cabo cuando eran adolescentes y ha sido llevado al cine en la película Criaturas Celestiales. Anne fue juzgada y cumplió cinco años de prisión por ello.

Roald Dahl.


El autor de Matilda o Charlie y la fábrica de chocolate también escribió relatos intrigantes plagados de personajes curiosos e inquietantes. Es posible que su pasado —más o menos oculto— como piloto de combate durante la Segunda Guerra Mundial y su faceta como informador de inteligencia para los EEUU le facilitase de algún modo ponerse en la piel de algunos personajes y entornos turbadores que reflejó con mucha habilidad en sus obras.

 

Louisa May Alcott.


Quizá Mujercitas, su obra más reconocida, da una imagen de esta escritora que no corresponde con una mujer que comenzó su carrera literaria narrando historias sobre drogas, travestis y espías. El transcurso de la novela de las cuatro hermanas, pese a estar basada en las experiencias de la autora, tampoco da que pensar que fue adicta al opio para poder sobrellevar sus dolencias.

 

William S. Burroughs


Comparte el dudoso honor junto con Anne Perry, de ser un asesino. En su caso, el escritor estaba jugando con su esposa y quiso remedar a Guillermo Tell en una versión moderna. En lugar de la ballesta utilizó una pistola, cambió la famosa manzana por un vaso de cristal y, por último, invirtió la puntería del personaje de ficción por un desafortunado accidente en el que su mujer perdió la vida.

 

Edgar Allan Poe.


La trágica vida de este escritor daría para una entrada completa por si misma, pero la parte de su pasado que traigo a colación es que contrajo nupcias con su propia prima. Y por si esto no fuera bastante, la chica era menor de edad en aquel momento ya que solo tenía trece años. En favor del autor de “El cuervo” hay que decir que estuvo totalmente enamorado de ella y que su muerte,  cuando contaba con veinticuatro años, fue un episodio que Poe nunca pudo superar.

 

J.M. Barrie.


Parece que de la mente del autor de Peter Pan solo podría extraerse un mundo fantástico y maravilloso. Sin embargo, si ahondas en los motivos por los que al escritor se le ocurrió el inolvidable personaje que nunca quiso crecer, descubrirás algo terrorífico. Cuando era niño, su hermano mayor murió y desde aquel momento, Barrie  trató de ocupar su lugar bien porque resultó un episodio traumático para él o, quizá, para que la figura de su hermano mayor no cayera en el olvido. En cualquier caso, desde la muerte de su hermano, el pequeño Barrie se vestía con su ropa e incluso actuaba como si fuera él. Espeluznante, ¿verdad?

 

HP Lovecraft.


Una joyita este escritor hiper – fóbico, racista y coetáneo de Robert Bloch. Hay quien dice que una parte de la vida del creador de Cthulhu pudo inspirar al escritor de Psycho. Incluso dicen que algunas características psicológicas asociadas a la figura de la madre de Norman Bates podrían estar suscitadas por la de Lovecraft, ya que esta fue una mujer puritana y tradicional que acusó la temprana muerte de su marido sobreprotegiendo a su único hijo

 

Charles Dickens.


Nadie imaginaría que el creador de personajes tan corpóreos como el señor Scrooge, u Oliver Twist fuera lo que hoy llamaríamos un Cazafantasmas. Pero es cierto. Dickens fue miembro de un club que indagaba en los sucesos paranormales y la existencia de fantasmas con la intención de desacreditar muchas de las ridículas teorías que invadían el Londres del siglo XIX. Y sin embargo, a pesar de que trataba de racionalizar y priorizar la ciencia frente a la psique, estaba fascinado por una corriente que iba tomando fuerza en la época: la hipnosis.

 

Suzanne Collins.


Probablemente muchos fans de la autora de Los Juegos del Hambre, en la que se refleja un mundo amenazador y cruento en el que los niños se asesinan unos a otros mientras el resto de la población disfruta del espectáculo, desconozcan que en sus comienzos Suzanne escribió cuentos infantiles bastante naif. Nada que ver con el universo sangriento que muestra en la saga.

 

Mary Shelley.


En el top ten de esta escalofriante lista de oscuros pasados está la creadora de Frankenstein. Se dice, se cuenta, se rumorea que Mary perdió la virginidad con su futuro marido sobre la tumba de su propia madre… ¿Alguien da más?

A la vista de todos estos pasados…Quizá el tuyo y el mío no están tan mal ¿verdad? ¿Conoces algún otro secreto pasado de un escritor? Tienes los comentarios a tu disposición.

Lee. Disfruta.Cuéntame.

7 thoughts on “10 grandes escritores y su oscuro pasado

  1. Me ha encantado la entrada. De hecho, no sé si guardármela para ilustrar a los púberes cuando vienen a sacar libros. Los dejaría con la boca abierta (más incluso de lo que ya la tienen con ese “o ssssea”).

    Te puedo contar que, tal y como narra él mismo en su libro “Mientras escribo”, el bueno de Stephen King ha reconocido que ha escrito decenas de éxitos literarios bajo el embrujo de las drogas y el alcohol. Y la verdad es que no me extraña nada. También Hemingway tenía bastante querencia al bebercio y Laarson al café y al tabaco, vicio que le llevó a la tumba justo un minuto después de entregar su tercer manuscrito de la saga Millenium, tras subir 7 pisos a pie en el edificio donde estaba su editorial.

    Y si me voy siglos atrás también dicen que Santa Teresa cocinaba pasteles de opio por los dolores tremendos que tenía, eso y la catalepsia, la epilepsia y otras “epsias” de turno le hacía ver a la virgen y flipar con el orgasmo religioso… (por no hablar por el contenido que tenían los “whatsapp” con San Juan de la Cruz, jajaja).

    En fin, que ¡somos un dechado de virtudes al lado de algunos!

    Muchos besos.

    1. WOW,lo de King y Hemingway lo conocía y pensé que era de dominio público, por eso no los añadí. Lo de Larsson no lo sabía, y lo de Sta. Teresa…ojoplaática me has dejado. Vaya con el universo literario. Qué joyitas. 😋
      Mil besos

  2. Jo, me has dejado a cuadros con lo de Louisa May Alcott, y con lo de Mary Shelley, también. La última curiosidad que he leído de ella es ésta, pero no le llega ni a la suela del zapato de lo que tú cuentas 😀

    ¡Interesantísimo artículo!

    1. Si, si. Lo sabía. Parece que deslizaba sus dedos por el relieve de las letras grabadas en la lápida de su madre y eso le ayudó a aprender a leer. Gracias por pasarte, compartir y comentar, Ana.
      Un besote

  3. Me encantó la entrada! Y podríamos agregar tantas cosas … vidas apasionantes de gente apasionada. Qué menos se puede esperar de estos genios de la literatura!

    1. Si que es cierto, Alicia. La genialidad de estas personalidades tan excéntricas se pueden ver en muchas disciplinas (se me ocurren por ejemplo Dalí o Picasso). Muchas gracias por comentar.
      Un fortísimo beso.

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